| Un genio de las estafas
Todo lo que tenías que hacer era
comprar una cerda por 92 dólares
y seis meses de alimento por 45. Inmediatamente, te convertías
en un granjero
Max Haines
El
nombre oficial “Associated Livestock Growers of Ontario”
(“Criadores Asociados de Ganado de Ontario”) sonaba
pomposo. El acortarlo a “Algo Sunderland Limited” no
ayudaba mucho, pero cuando John Laun apareció con “Piggyland”
(“Tierra de cerditos”), instintivamente supo que tenía
al ganador.
Laun llegó a Toronto en 1952. Hablaba
siete idiomas y podía encantar a los pájaros, o a
los cerdos, en todo caso. Un año después de su llegada,
abrió su propio negocio vendiendo plástico, el cual,
aseguraba, era más fuerte y más transparente que el
cristal. Dentro del año, la empresa había muerto.
Resistente como un cheque de goma, Laun abrió
un negocio para ayudar a los inversores a hacer que sus productos
llegaran al mercado. Llamó al Canadian Inventive and Scientific
Associated Ltd. (Asociación limitada de Inventiva y Científica
Canadiense) y cayó en bancarrota luego de que pasara la mayor
parte del año tratando de venderle al gobierno canadiense
una pintura que haría que los submarinos se volvieran invisibles.
En 1957, Laun se declaró en bancarrota
personal. ¿Quién sabe cuán lejos habría
llegado este hombre si hubiera tenido tarjetas de crédito
de uso común durante sus días?
En 1962, Laun organizó Piggyland, a
unos de 80 kilómetros de Toronto, en Sunderland. La estafa
era fabulosa, los avisos publicitarios impresionantes. Todo lo que
tenías que hacer era comprar una cerda por 92 dólares
y alimento por seis meses por 45 dólares. Rápidamente,
cualquiera podía convertirse en un granjero a distancia.
Los avisos garantizaban una ganancia de 60 dólares por cerda,
luego de sólo seis meses. A la par, el nuevo granjero podía
aceptar el precio del mercado por la venta de una cerda y sus 20
crías. Lo que es más, durante un domingo soleado,
podría ir hasta Sunderland y observar su propio cerdo trabajando
y jugando. Los niños recibían helados gratis. La mayoría
de los inversores, hombres de ciudad, no distinguían a un
cerdo de una pelota de fútbol. Dejaron a sus cerdas en Piggyland
para revolcarse y procrearse, creyendo que eventualmente podrían
tener una horda de cerdos gruñendo, a los cuales podrían
llamar propios.
Considerando que algunas personas, como Joseph
Parkas de Cleveland, Ohio, quien invirtió 80.000 dólares,
y Gerge Seid, de Toronto, quien puso 24.000 dólares en el
corral, puede verse que Piggyland no era una pequeña operación.
Los inversores cautelosos chequearon a Piggyland
en el Departamento de Agricultura de Ontario y el Better Business
Bureau (Buró de Mejores Negocios). Les dijeron que si bien
Piggyland era una empresa nueva, no había nada despectivo
en la ficha sobre la compañía.
Piggyland parecía próspera.
Cada tarde, luces de proyectores iluminaban el complejo entero.
Nunca los cerdos habían sido presentados en una escenografía
tan elaborada. El único grito provino de Peter Beekmann,
un especialista en puercos de Alemania. Unos pocos días luego
de llegar a Canadá, el 11 de abril de 1961, obtuvo un empleo
en Piggyland por 300 dólares por mes, más cama y comida.
Beekmann no podía creer lo que veía. Según
los archivos de Piggyland, deberían haber habido por lo menos
10.000 cerdas en la propiedad. El contó 1.500. También
estaba la entrada de dinero por el alimento. Los inversores estaban
pagando 7,50 dólares por mes para darle de comer a los cerdos,
los cuales no existían.
Los animales que sí existían
eran guardados en corrales sin calefacción y eran mal alimentados.
Muchos estaban al borde de la muerte. Cientos habían sido
puestos en tumbas vacías. Beekmann, creyendo que Laun no
estaba al tanto de las horribles condiciones en Piggyland, lo contactó.
En vez de estar asombrado, Laun le ofreció el doble de salario
a Beekmann: 600 dólares por mes.
Beekmann renunció a fin de mes. Trató
de desenmascarar a Laun, pero nadie lo escuchó. Contactó
al periódico alemán, Torontoer Zeitung (La Gaceta
de Toronto), el cual tenía avisos de Piggyland y editoriales
favorables. A Beekmann se le dijo que era nuevo en el país
y que no debía hacer ruido. Luego habló con el Departamento
de Agricultura. Allí un abogado lo escuchó pero no
tomó acción. Frustrado, Beekmann llamó a la
Policía Provincial de Ontario. Ellos le dijeron que no había
ninguna ley que se hubiera quebrado y que no tenían poder
para actuar.
Todo el mundo escuchó el 1° de
marzo de 1962. Ese fue el día que Piggyland cayó en
bancarrota y John Laun no estaba disponible para hacer comentarios.
Se había ido en un viaje relámpago por negocios a
Alemania.
La cosa se supo. En vez de las 18.000 cerdas,
compradas y pagadas por los ingenuos inversores, sólo había
1.500 cerdas en la propiedad de Piggyland. Muchas estaban en tan
malas condiciones, que tuvieron que ser sacrificadas.
¿Cómo financió inicialmente
Laun la operación? Veamos. Primero, instaló J.L. Research
Ltd. y Tula Construction Ltd. Compró la propiedad de Sunderland
por 18.000 dólares, los cuales pidió prestados personalmente.
Inmediatamente, vendió la tierra a Piggyland por 85.000 dólares,
usando el dinero del inversor para hacer la compra. Tula Construction
construyó Piggyland con una ganancia enorme, usando, una
vez más, el dinero de los inversores.
En conjunto había 1.135 inversores.
Algunos habían comprado un solo puerco, mientras que otros
invirtieron sus ahorros de toda una vida en Piggyland.
Más
del 90% de los inversores eran hombres de ciudad. La mayoría
nunca había visto a un cerdo vivo. Muchos nunca habían
visitado el lugar. Los que lo hicieron no hallaron nada malo. Los
corrales siempre estaban limpios para los visitantes del domingo.
Los visitantes no tenían idea del número total de
los inversores y siempre estaban impresionados con la amplia cantidad
de cerdos gruñendo en los corrales.
Dunwoodco Ltd. fue apuntada como fideicomisario para manejar los
asuntos de la bancarrota de Piggyland. Más de 2.648.000 dólares
habían sido invertidos por los granjeros de escritorio. El
dinero neto disponible para los acreedores, luego de que los valores
fueran rematados, llegaban a los 25.951 dólares. Los acreedores
recibieron un centavo por cada dólar invertido.
¿Qué le ocurrió al elusivo
Laun? Nunca volvió de su inesperado viaje a Alemania. De
todas formas, en 1965 fue localizado en Barcelona, España,
donde fue detenido con el pedido de las autoridades canadienses.
Fue dejado en libertad bajo fianza, se escapó y se cree que
vive en Alemania.
Se estima que John Laun dejó Canadá
con aproximadamente un millón de dólares del dinero
de sus inversores. l
Ilustraciones: David Márquez
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