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Marcados al nacer

Lunares y verrugas conforman una constelación en la piel
de las personas otorgándoles características únicas. Aunque la mayoría no requiere especial cuidado, existe una serie de recomendaciones
para evitar que estas peculiares manchitas oscuras se conviertan
en causa de problemas de salud.
Idalia De León

El que lucia Marilyn Monroe cerca de sus labios, era, junto a su cabello platinado y mirada seductora, uno de sus sellos característicos. El de Cindy Crawford, ubicado casi en el mismo lugar que el de la Monroe, también le atribuyó a la top model ese toque de inquietante asimetría. En la mayoría de los casos —nos referimos a los seres más terrenales— es un elemento que probablemente no siempre otorgue sensuales características, pero sí un rasgo distintivo al igual que las facciones o el color de la piel.

Los lunares, esas casi siempre diminutas manchas marrones o negras que se encuentran caprichosamente en diferentes zonas de la piel, pueden representar sólo, como dijimos, un rasgo distintorio; en otros casos, cuando son de gran tamaño o tienen forma de verruga, pueden ser causa de problemas estéticos o también el origen de un tipo de cáncer de la piel. Se puede nacer con ellos o ir apareciendo con el transcurso de los años, especialmente, durante los primeros 20 años de vida, y en promedio un individuo llega a acumular de 10 a 40 lunares.

Los lunares y verrugas se originan por el crecimiento acelerado de los melanocitos, los cuales no son más que las células que proporcionan pigmento a la piel. Sin embargo, hasta el momento se desconoce el motivo por el cual se produce la producción exagerada de este tipo de células.

Cuando un lunar se está formando aparece una pequeña manchita oscura similar a una peca. Una vez ya formado, su apariencia puede variar en cuanto a tamaño, color (comúnmente marrón o negro) y textura, pues algunos tienen apariencia plana; otros, denominados comúnmente verrugas, presentan un leve levantamiento y suelen ser especialmente antiestéticos, al igual que aquellos a los que les crecen pelos. Con el paso del tiempo muchos de los lunares desaparecen, y en el caso de las verrugas terminan cayéndose de la piel por sí mismas.

Otro tipo de lunar, mejor conocido como mancha mongólica, se caracteriza por su color azuloso o morado y se ubica frecuentemente a la altura del coxis en la espalda. Afortunadamente, a pesar de su apariencia no representa ningún peligro, pues su presencia no se vincula con el desarrollo de ningún tipo de cáncer de la piel ni desarrolla otros síntomas. Sólo aquellos lunares congénitos de gran tamaño y aquellos cuyas características se van alterando con el tiempo merecen especial atención. En todo caso, las diferencias que presenten en cuando a su apariencia no es la manera como los dermatólogos categorizan los tipo de lunares. Los especialistas diferencian los lunares entre adquiridos y congénitos. Los adquiridos se van formando con el paso del tiempo por causas genéticas o por exposición solar, y los congénitos (también conocidos como nevos congénitos), son aquellos que posee el individuo desde que nace, y que como lo han demostrado los estudios médicos tienen altas posibilidades de transformarse en un melanoma maligno.

No tan sexy
Es del conocimiento común que un lunar que cambie de tamaño, color y forma es objeto de atención médica. Y es que en este caso, efectivamente, la sabiduría popular está en lo cierto. Si bien las probabilidades de poseer un lunar canceroso es de una en un millón, la persona que observe algún cambio importante en ellos debe acudir al dermatólogo, pues está en manos de este especialista detectar si el lunar se transformó en un melanoma maligno, el cual es un tipo de cáncer de piel.

Los dermatólogos y médicos, en general, explican que cuando existen factores de riesgo como excesiva exposición al sol (sobre todo en la niñez), cuando varios miembros del grupo familiar tienen lunares grandes (nevos congénitos), y cuando se ha nacido con lunares más grandes que la circunferencia de una goma de borrar de un lápiz, se recomienda estar atentos a los siguientes signos.

l Si repentinamente los lunares empiezan a doler (o hipersensibilidad al contacto), sangrar, perder líquido, a inflamarse o a presentar costras. También se debe observar si el lunar forma un abultamiento de consistencia dura.

l Si aumentan de cantidad. Más de 100 lunares es motivo suficiente para ir al médico.

l Si se hacen más grandes (6 milímetros) y adoptan una forma irregular.

l Si cambian de color o si el mismo lunar presenta diferentes tonalidades. Igualmente, hay que chequear si existe alguna variación en el color de la piel que bordea el lunar.

Cuando el especialista ha confirmado la sospecha de que un lunar ha pasado a ser un melanoma maligno, el procedimiento que se sigue es realizar una biopsia para confirmar si existen células cancerosas. Si la respuesta es positiva se realiza una sencilla intervención quirúrgica que puede ser con láser para extraer el lunar y toda la zona afectada, y dependiendo de la condición el paciente se le podría indicar tratamiento contra el cáncer. Al igual que con los diversos tipos de cáncer, la recomendación es diagnosticar el melanoma a tiempo.

Prevención
El hecho de que la piel sea el órgano más grande del cuerpo humano y que además sea el más visible otorga la ventaja de poder conocerlo “como la palma de la mano”. Así que la tarea de conocer bien las características de la piel es el primer paso para prevenir el avance de alguna enfermedad que pueda afectarla. En este sentido, dado que no existe manera de evitar la formación de los lunares, lo más conveniente es familiarizarse con ellos para así poder detectar algún cambio.

Unida a la tarea de observarse con frecuencia los lunares, se deben seguir otras recomendaciones de carácter preventivo:

l Usar protección solar debe ser disciplina cuando se tomará sol de manera intensa. Comúnmente las personas se aplican una vez el protector solar y no vuelven a colocarlo durante la misma jornada. Si realmente se desea cuidar la piel se debe ser insistente en la colocación del producto. Cuando se trata de una persona de piel morena se recomienda la aplicación de un protector de filtro 15, mientras que para los de piel blanca debe ser de 60.

l Adicionalmente, es recomendable usar sombrero o algún tipo de prenda de vestir que cubra la piel. En todo caso se debe evitar la excesiva exposición a los rayos solares.

l Según la American Cancer Society las personas con muchos lunares, las cuales pertenecen al grupo de riesgo, deberían evitar exponerse a las camas solares pues está comprobado que ejercen una acción perjudicial en éstos.

l Se debe acudir al médico de confianza si se ha observado la aparición de nuevos lunares después de los 20 años de edad.

l Hacerse examinar los lunares cada seis meses es obligatorio cuando en la familia existen experiencias con melanomas cancerígenos.

l Acudir inmediatamente al médico cuando se haya detectado algún cambio en la apariencia de algún lunar. l

Fuentes consultadas
www.med.umich.edu 
www.carenewengland.org
www.nuevadermatologia.com.ar
www.medlineplus.com

 

AUTORREVISION DE LUNARES

Así como se practica el autoexamen de mamas con fines preventivos, el común
de las personas debería incorporar a su rutina la revisión de sus lunares cada dos meses. El procedimiento, que se realiza en unos diez minutos, sólo exige estar desnudo y tener dos espejos, uno fijo y otro portátil, con los cuales se podrán observar los lunares
que están en las zonas más inaccesibles.

Para saber si algunos de los lunares deben ser estudiados por un dermatólogo, éstos deberán poseer determinadas características que cuales
se pueden identificar mediante la fórmula conocida como ABCD:

Bordes: Si el borde del lunar es irregular; es decir, que no sigue una línea uniforme.

Color: Si el lunar presenta distintas tonalidades. Un lunar sano debe tener un color uniforme.

Asimetria: Si al dividir imaginariamente en dos el lunar, los dos lados no lucen iguales.

Diametro: Si el lunar ha cambiado de tamaño, y mide más de 6 milímetros de diámetro.

PREGUNTAS FRECUENTES

¿Los lunares son hereditarios?
No, lo que se hereda es la predisposición a que aparezcan.

¿Es peligroso tener lunares?
No. Sólo deben tomar precauciones, primordialmente, las personas con muchos lunares, los que los tienen de gran tamaño, los que tienen en su familia experiencia de cáncer de piel
y los que se expusieron mucho al sol durante la juventud.

¿Las pecas también son lunares?
No. Aunque las pecas también se forman por la acumulación de melanocitos, tienen una apariencia diferente. Su tonalidad es más clara y no es nítida. Es lisa al tacto y a diferencia del lunares tipo verruga no presenta levantamientos. Cuando se exponen al sol pueden tornarse un poco más oscuras, de allí que las que se ubican en las zonas como la cara, el cuello, la espalda y el pecho luzcan más tostadas.

¿Las personas con muchos lunares tienen mayor riesgo de contraer cáncer de piel?
Una persona que tenga más de 100 lunares debería chequearse con frecuencia. Sin embargo, no son los únicos individuos que pertenecen al grupo de riesgo de formar un melanoma. También deben tener cuidado las personas  con antecedentes familiares de cáncer en la piel, quienes se hayan expuesto excesivamente al sol durante la infancia y adolescencia,
y aquellos cuyo desempeño laboral o deportivo los obliga a tomar mucho sol.

¿Es recomendable eliminar los lunares sólo por razones estéticas?
Comúnmente las personas optan por eliminar las verrugas debido a que, en muchos casos, se reproducen excesivamente. Algunos dermatólogos opinan que esta práctica disminuye
la posibilidad de estudiar la composición de los lunares de determinado individuo en caso de que
se requiera. Sin embargo, en la opinión del médico estará la última palabra y la elección de la técnica más adecuada. Mediante la técnica del bisturí o del láser se puede eliminar
el lunar permitiendo la posibilidad de estudiarlo posteriormente. Por otro lado, los médicos son enfáticos al afirmar que las personas nunca deben utilizar métodos caseros para eliminar el lunar, en especial aquél de practica muy generalizada que consiste en amarrar la verruga con un cabello.

 

 

 
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