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La práctica hace
al maestro

Los tratamientos del buen doctor podían ser letales, al menos para sus numerosas esposas. Max Haines

Ni por un instante insinuarIa, ni siquiera lejanamente, que la práctica de la medicina no fuese una profesión honorable. No es culpa mía que muchos sanadores de los enfermos tengan una clara inclinación a deshacerse de las esposas indeseadas.
La lista es tan larga que parece una guía tipo Quién es Quién en el mundo de los asesinos de sus esposas. Veamos, podemos mencionar a los doctores Hawley Crippen, Buck Ruxton, Milton Bowers, Alfred Warder, Bernard Finch, Geza de Kaplany y al doctor Billy King de Canadá. Podría seguir, pero ustedes  ya entendieron la idea.

Quizás el doctor Robert George Clements, de Belfast, Irlanda, no tenía en principio la idea de asesinar a sus esposas, pero una vez que le tomó el gusto a la cosa, realizó la abominable acción, muchos creen, no sólo una, sino el increíble total de cuatro veces.
En 1912, poco después de obtener su título de médico, Robert contrajo nupcias con Edyth Anna Mercier. Ahora bien, Edyth tenía 10 años más que Robert y no era lo que se podría llamar una mujer hermosa. Pero, como se suele decir, todo el mundo tiene su gracia. En el caso de Edyth, su gracia era una gran cantidad de dinero.

El padre de esta mujer era un rico mercader, y en la ocasión del matrimonio de Edyth fue sumamente generoso con su hija. Desafortunadamente, Edyth sería la señora de Clements sólo durante ocho años, tiempo en el cual Robert consiguió despojarla de toda su fortuna. Luego contrajo la enfermedad del sueño y murió. Al menos eso fue lo que dijo su esposo. El debería haberlo sabido. Después de todo, cuidó de Edyth durante su corta enfermedad y firmó su certificado de defunción.

El doctor se mudó a Manchester, y después de guardar luto durante 11 meses completos, se casó con Mary McCleery. Mary tenía algo en común con Edyth —un padre rico y generoso. Cuatro años después, el dinero había desaparecido —igual que Mary. El doctor Clements atribuyó la muerte de su esposa a endocarditis.

Una vez más, el buen doctor se mudó, en esta ocasión a la población de Southport. En 1928 se desposó con Katherine Burke, quien era una excepción en la colección de esposas del doctor Clements. Katherine no tenía un padre rico. Quizás fue por ello que duró hasta 1939, la mejor marca entre las esposas del doctor. Según Robert, su querida esposa Katherine le fue arrebatada repentinamente por un espantoso cáncer.
Por primera vez, el doctor experimentó algunos momentos de ansiedad con relación a la partida de una de sus esposas. Katherine tenía una amiga personal muy cercana que casualmente era médico. La doctora Irene Gayus pensó que la saludable y activa Katherine había decaído demasiado rápidamente. Estableció contacto con el jefe de policía de Southport, quien ordenó una autopsia, pero descubrió que el cuerpo de Katherine había sido cremado antes de que se recibiera la orden.

Una investigación rutinaria de los asuntos del doctor Clements no reveló nada inusual, por lo que todo se olvidó. Aunque el motivo de Robert en la inoportuna muerte de su esposa no era monetario, muy bien ha podido ser por causas de conveniencia. Sin duda, la salida de escena de Katherine dejaba a Robert libre para casarse de nuevo.
Su nueva esposa, Amy Victoria Burnett, era hija de un acaudalado empresario. Se desconoce si ella estaba al tanto de la existencia de las tres señoras Clements anteriores.

Amy duró apenas unos pocos años. Para ser precisos, falleció el 27 de mayo de 1947. Según el certificado de defunción, la causa del deceso fue leucemia. En esta ocasión, el doctor Clements cometió un error. Le pareció que para alejar cualquier sospecha dirigida hacia su persona sería prudente que otro médico firmara el certificado.
La noche del 26 de mayo, Clements llamó a los doctores Andrew Brown y Holmes para que atendieran a su esposa. Los médicos encontraron inconsciente a Amy y la hicieron transferir al Astley Nursing Home. A la mañana siguiente, Amy murió.

El doctor Brown ordenó una autopsia, que realizó el doctor James Houston. El doctor Houston indicó que, según los análisis de sangre, la señora Clements había muerto por leucemia. El doctor Holmes firmó el certificado de defunción sin objetar nada.
Al doctor Brown le preocupaba un síntoma inusual con relación a la fatal enfermedad de su paciente. Había advertido que las pupilas de Amy estaban contraídas al punto que parecían dos pequeños puntos. Esto indicaba una sobredosis de morfina. No podía aceptar leucemia como causa de muerte y presentó sus sospechas al médico forense de Southport, el doctor Bolton.

El doctor Bolton condujo una investigación en torno a la muerte de Amy Clements. Al ser interrogado, el doctor Houston insistió en que la señora Clements había muerto por causas naturales. Admitió que había efectuado la autopsia en una cama del centro de cuidado y no había ordenado ninguna prueba para detectar la presencia de narcóticos. También declaró que si hubiera notado una contracción de las pupilas, de inmediato habría pensado en intoxicación por morfina.

Una vecina, Mary Keefe, dijo a la policía que la señora Clements a menudo sufría ataques que la dejaban inconsciente. La señorita Keefe también notó que la señora Clements se había puesto amarilla pocos días antes de su muerte.

La señora Ursula Clarenden, amiga de la difunta, dijo que no le permitieron entrar en la residencia de los Clements. Cuando trató de llamar a su amiga, el doctor desconectó el teléfono. El doctor Clements declaró que su esposa estaba enferma y necesitaba descanso.

Una serie de hechos extraños e inusuales quedaron al descubierto. El doctor Clements había telefoneado a una amiga a las 8:57 de la mañana y le dijo que su esposa acababa de morir. Amy no expiró sino hasta las 9:30 am. Al final de la enfermedad de su esposa, el doctor Clements pasaba mucho tiempo con una adinerada viuda. El peso de los hechos dejó poca duda de que la señora Clements había sido convertida en una adicta a las drogas.

Todo tenía sentido: la piel amarilla, las pupilas contraídas, el abandono por parte de su esposo y, finalmente, el motivo, otra mujer. Aparentemente, el doctor pensó que podría seguir así por siempre.

Se ordenó una segunda autopsia. Mientras los dolientes se congregaban en el sitio de sepultura, el entierro de la señora Clements fue pospuesto. La segunda autopsia, llevada a cabo por el doctor W. Grace, indicó positivamente que Amy Clements había muerto por intoxicación con morfina.

La policía corrió a la casa del doctor Houston para que diera algunas explicaciones sobre su informe de la primea autopsia. El doctor Houston estaba muerto. Se había suicidado. Sobre su escritorio yacía una nota. En una parte decía: “Desde algún tiempo he estado consciente de que he estado cometiendo errores. Estaba convencido de que la señora Clements había muerto de leucemia”.

Luego la policía se dirigió a detener al doctor Clements. Llegaron demasiado tarde. El también se había suicidado. El médico dejó una breve nota. “A quien pueda interesar: ya no puedo tolerar los diabólicos insultos a los que recientemente he sido expuesto”.
Dado que los principales actores habían muerto, se decidió dejar las cosas como estaban, por lo que nunca sabremos a ciencia cierta si el doctor Clements mató a sus tres primeras esposas. Sin embargo, todo el que ha estudiado el caso considera que no sólo asesinó a sus cuatro esposas, sino que también se habría casado con una quinta dama inocente si no lo hubieran detenido. l

Ilustraciones: David Márquez

 
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