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¡Saber soltar a tiempo es señal
de inteligencia y equilibrio!
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Cuando no conseguimos las cosas que deseamos, o no salen en el tiempo o de la forma en que las esperamos, el duende de la impaciencia se apodera de nosotros y hace que nos volvamos personas irritables, poco tolerantes e inflexibles, haciéndonos perder el control, la paciencia, el buen humor, el entusiasmo y la motivación. Inclusive, al sentirnos incapaces de aceptar y manejar la frustración y de respetar las diferencias personales que existen entre nosotros, terminamos afectando la relación que mantenemos con otras personas.
Algunos síntomas de la impaciencia son estar siempre apurados, no aceptar que los demás tengan un ritmo diferente al nuestro, no tomar en cuenta el tiempo real de hacer las cosas, mantener un alto nivel de exigencia hacia sí mismo y hacia los demás, reaccionar con agresividad ante cualquier situación no esperada, sufrir de malhumor, vivir en un continuo estrés y tener dificultad para trabajar en equipo o aceptar las reglas y los procedimientos establecidos... Si tienes más de dos de estas actitudes o comportamientos, eres una persona impaciente.
Aprendamos a manejar nuestra vida con más conciencia, a bajar la velocidad para recuperar la calma y la claridad que nos permitan actuar y sentirnos de una mejor manera. Existen varias herramientas que pueden ayudarnos a serenar nuestra vida, pero el elemento indispensable para que éstas funcionen es que hayamos comprendido que la impaciencia habita en nosotros y que necesitamos sacarla de nuestra vida con voluntad y determinación, para sembrar semillas de paciencia, flexibilidad y tolerancia en su lugar.
Todo proceso toma su tiempo, y si no somos lo suficientemente pacientes para aceptarlo, manejarlo y disfrutarlo, la frustración, el estrés y la ira se apoderarán de nosotros, alterando nuestra manera de ser y de afrontar la vida. No hay que confundir una actitud pacífica y tolerante con la pasividad, la sumisión y el temor. Sólo una persona madura emocionalmente, consciente y equilibrada puede hacer uso de una actitud paciente en el momento en que lo considere necesario.
En lugar de desesperarte cuando las personas no actúen como tú o las cosas no salgan como lo esperas, mantén la calma y concentra toda tu atención y esfuerzo en aceptarlas, resolverlas y agilizarlas. Deja de quejarte y pregúntate: ¿cómo puedo resolverlo?
Acepta a las personas como son. Muchas veces esperas más de lo que los demás pueden darte, corriendo el riesgo de dañar la relación con ellas por tu nivel de exigencia. Reconoce los aspectos positivos de su personalidad y ten en cuenta sus limitaciones... así sabrás qué es lo que puedes esperar de ellas.
Prepárate para lo inesperado, sé flexible. El éxito no depende de que las cosas salgan como tú lo esperas, sino de la preparación que tengas para convertir las circunstancias adversas o inesperadas en parte del proceso que te llevará a conseguirlo. No pierdas el control, búscale siempre el lado positivo a cada situación.
Analiza la situación. Ten una actitud más objetiva, y considera todos los aspectos y las condiciones de la situación. Pregúntate qué puedes hacer para cambiarla. Si la respuesta es positiva, ponte a hacer lo necesario para mejorarla, pero, si es negativa, trabaja la aceptación para que no te desequilibre.
Canaliza el estrés. El ejercicio físico diario, la relajación, el ubicarnos en el presente, la respiración profunda y el balance de nuestras emociones harán que nuestro nivel de tolerancia sea más amplio y nuestra tensión sea menor, evitando de esta manera la reacción inmediata frente a las situaciones difíciles.
LA PACIENCIA

"La paciencia es una cualidad maravillosa que genera sentimientos de fortaleza, integración y equilibrio interior. Ella nos impulsa a actuar con más conciencia"
Esta semana quiero compartir con ustedes esta historia.Préstenle atención:
"Desde niños habían sido grandes amigos. Uno de ellos era un mandarín y le habían ofrecido un puesto oficial muy importante. Estaba muy preocupado por la inmensa responsabilidad que tenía que adquirir con semejante cargo, por lo que decidió llamar a su amigo de la infancia para que viniera a verle. Cuando llegó, le contó todo lo ocurrido. 'Tú que eres un hombre tan sabio y equilibrado -le dijo- podrías darme algunos consejos para manejar de la mejor manera esta nueva situación?'.
El amigo, inmediatamente, le respondió: 'Sé siempre muy paciente. Suceda lo que suceda, sé paciente. Ejercítate sin descanso en desarrollar la paciencia. Este es el mejor consejo que puedo brindarte'.
'Tienes razón', convino el mandarín. 'Seré paciente, muy paciente. A partir de ahora mismo comenzaré a practicar la paciencia'.
Los dos amigos se encontraban a gusto tomando una taza de té, cuando el amigo le repitió: 'paciente, muy paciente, no lo olvides'.
'No lo olvidaré', le aseguró el mandarín, 'seré paciente'.
Transcurrieron unos minutos.
'Paciencia, mucha paciencia. No lo olvides'.
'Sí, sí, la tendré, ya te lo dije'.
Cuando se estaban despidiendo, el visitante insistió por última vez: 'Paciencia, necesitas mucha paciencia, ¿de acuerdo?'. El mandarín, desesperado, le gritó: '¿Es que acaso me tomas por un estúpido? Deja de repetirme lo mismo, ¡me estás sacando de quicio!'.
El amigo, serenamente, le dijo: 'Me complace ver cómo te ejercitas en la paciencia'.
Entonces, el mandarín se sintió avergonzado, pero muy agradecido, porque sabía que su amigo le había sometido a una importante prueba. Lo abrazó y le dijo: '¡qué difícil es ser paciente!'.
Nunca olvidó la lección y se desempeñó paciente y exitosamente en su cargo".
La vida constantemente nos pone a prueba, y cada vez que decimos que ya sabemos algo, no pasa mucho tiempo hasta que nos veamos en una situación que nos permite poner en práctica lo que aprendimos, para saber si es cierto que lo aprendimos.
La paciencia es una cualidad maravillosa que genera sentimientos de fortaleza, integración y equilibrio interior. Ella nos impulsa a actuar con más conciencia, nos lleva a ser más reflexivos al momento de actuar, y a tolerar y aceptar las diferencias de los demás.
Cuando tenemos paciencia, somos capaces de esperar, de aceptar, de reunir la fortaleza necesaria y de tener la mejor disposición para afrontar y resolver las situaciones difíciles de la vida. Además, desarrollamos la capacidad de evitar repetir las mismas reacciones o actuaciones impulsivas y equivocadas que tuvimos en el pasado.
La paciencia nos permite mantener una buena actitud y un mejor estado de ánimo, frente a lo inesperado que pueda presentarse en nuestra vida cotidiana.
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