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Foto: www.shutterstock.com/Sebastian Kaulitzki






El cerebro

TIENE SEXO

No se trata de avivar
el conflicto de género, sino de
descubrir cómo somos por dentro y poder regodearnos en nuestra singularidad

Por Raquel Roca


Si sientes que te invade un cierto vacío cuando la palabra "neuropsicología" aparece ante tus ojos y tu primera asociación de ideas ante la invitación "viaje al cerebro femenino" es un "oh, oh, esto me suena de lo más escatológico", felicitaciones. Eso quiere decir que eres absolutamente normal (aunque el primer estudio de la lateralidad del cerebro, de la que hablaremos en breve, data de la última década del siglo XIX, es ahora cuando la ciencia tiene potestad para hablar y divulgar sus estudios), y que, además, tu mente llega libre de prejuicios para iniciarse en ese mundo fascinante que es el cerebro femenino. Cuando afirmamos que "no se trata de avivar el conflicto de género", porque, ciertamente, no es ésa la intención, no queremos decir que no vayamos a comparar nuestra capacidad mental con la del hombre, pues, precisamente, lo que queremos es demostrar que nuestra neuroanatomía es diferente a la de ellos, y por eso nuestros comportamientos, pensamientos y elecciones ante determinados estímulos son como son.

DE DERECHAS O DE IZQUIERDAS
Conviene empezar entendiendo la importancia del concepto de lateralidad, que no es otra cosa que la división del cerebro en dos hemisferios: el derecho y el izquierdo. Dos mitades que no son simétricas y que influyen en las habilidades del ser humano. La izquierda está vinculada, sobre todo, a procesos analíticos (y en especial a la generación y comprensión del lenguaje), mientras que la derecha controla el manejo de situaciones de ubicación espacial, la capacidad para la música y el procesamiento de información de manera integrada. Podría decirse que el que una persona sea más racional que intuitiva, más deductiva que imaginativa, dependería de su hemisferio dominante. Ahora sí, conozcamos cómo funciona nuestra maquinaria intelectual de la mano de la neuropsiquiatra estadounidense Louann Brizendine y su libro El cerebro femenino.

TODOS FUIMOS CHICA
Brizendine, fundadora y directora de la Clínica Hormonal de las Mujeres de la Universidad de San Francisco (es decir, experta en cómo la neuroquími-ca y las hormonas afectan a nuestro humor), asegura que los cambios empiezan ya en el útero materno: "Genéticamente somos distintos, pues las mujeres tienen cromosomas sexuales XX y los hombres XY, pero todos nacemos con cerebro de mujer... hasta la octava semana de vida fetal. A partir de ahí, los pequeños testículos del feto masculino liberan enormes cantidades de testosterona, con las que 'empapan' los circuitos cerebrales y los transforman en masculinos (potenciando el hemisferio derecho)".
¿Y qué ocurre tras esta invasión de testosterona que tan sólo sufren los niños? Pues que el centro cerebral, llamado zona del impulso sexual, dobla su tamaño. Y ese espacio que en ellos ha sido ocupado por el impulso sexual y la agresividad, en las mujeres es donde se forman las emociones y la memoria (de ahí que tengamos mayores aptitudes para expresar lo que sentimos y seamos capaces de recordar mucho mejor los detalles).

TE ESCUCHO Y TE ENTIENDO
Resumiendo: un varón tiene 2,5 veces más espacio en el cerebro dedicado al sexo que una mujer, mientras que en nosotras predomina el arte de escuchar y también el de la empatía. ¿Significa esto que el sexo apenas nos interesa? ¡En absoluto! Pero no a todas horas... Tenemos nuestros momentos: "El clímax del estímulo sexual de la mujer es unos dos días antes de la ovulación. Nuestra nariz, la capacidad de oler, y los circuitos cerebrales son más sensibles. Estamos así diseñadas para que el sexo nos provoque y encontremos esperma cuando salga el óvulo. Así crecen las posibilidades de quedarnos embarazadas". Por cierto que la mujer, para tener un orgasmo, debe desconectar la amígdala cerebral: un área localizada de la corteza prefrontal donde se orquestan los pensamientos y la acción, y que también es el centro del temor y la ansiedad, en cambio ellos no necesitan desconectarse de lo emocional.

AGILIDAD MENTAL
Sorprende también otra conclusión de Louann: el síndrome menstrual puede cambiar algunas partes del cerebro de la mujer ¡hasta en un 25% cada mes! Para nosotras el mejor día del ciclo es aquel en que suben los estrógenos y baja la progesterona. ¿Cómo influye que los estrógenos inunden nuestros cerebros, algo que sucede sobre todo en la adolescencia? "En esos momentos la mujer se concentra en sus emociones y en la comunicación: hablar por teléfono, quedar con sus amigas... Sin duda, el cerebro femenino tiene aptitudes únicas: sobresaliente agilidad mental, habilidad para involucrarse en la amistad, capacidad innata para leer caras y el tono de voz para adivinar una emoción y destreza para desactivar conflictos".

NO HAY QUIEN NOS GANE EN...
Memoria emocional
Según investigadores de la Universidad de Michigan, las mujeres emplean ambos lados del cerebro para responder a experiencias emocionales, mientras que los hombres sólo usan uno. Es decir, somos más hábiles para recordar más vívidamente y durante más tiempo hechos emotivos (la primera cita, una discusión, un gesto...).

TOMARLO CON CALMA
La amígdala, centro cerebral del miedo, la agresividad y la cólera, es físicamente mayor en ellos, y el centro de control de esas situaciones (situado en el córtex prefrontal) es mayor en las mujeres. ¿Conclusiones? El modo de expresar el enfado es mucho más agresivo en los varones; nosotras nos mordemos bastante más la lengua.

 

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