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Giorgio Armani

El empresario Carlos Dorado estrena hoy una serie de conversaciones
con personalidades
del mundo entero. Comienza la saga
el diseñador de moda más famoso del mundo

Su casa en Milán, en la vía Borgonuovo, tiene dos pisos, una piscina y más de quinientos metros cuadrados. Un espacio sereno donde se respira paz y armonía. El estilo decorativo es de una austeridad impecable, una especie de lujo poco evidente, pero que se hace sentir en cada objeto, en cada una de las orquídeas esparcidas por todos los rincones. Con él conviven cinco gatos, un cocinero, un camarero y una señora de limpieza que tratan de pasar desapercibidos.

Giorgio Armani nació en Piacenza, una pequeña ciudad cerca de Milán, el 11 de julio de 1934. A sus impecables 74 años, eternamente bronceado y en perfecta forma, deja claro, con su mirada azul profundo y su pelo plateado, que es un hombre completamente comprometido con su trabajo.

Armani es un gran observador, un caballero tímido, algo introvertido, y muy atento a todo lo que ocurre a su alrededor. No fuma, bebe muy poco y come con austeridad, aunque no se resiste ante un buen plato de charcutería. Adora el pollo al horno, aunque se ha vuelto casi vegetariano. Prefiere la calma de su casa y siempre se escapa del vértigo mundano, se nota que es extremadamente ordenado. En su clóset sólo algunos pantalones azules -que adora- y sus típicas franelas blancas y azules de manga larga y corta. Una especie de uniforme "armaniano" que siempre lleva puesto. De noche prefiere estar en su casa, ver el noticiero y, si acaso, invitar, de vez en cuando, a un par de amigos a cenar. Una rutina severa, discreta, ordenada, casi de monje, y bastante curiosa para una de las celebridades más poderosas del mundo.

Casi siempre se levanta temprano, a las siete de la mañana, hace una hora de ejercicio combinando la gimnasia con el trote y un poco de natación. Baja un piso y está en sus oficinas. No le gusta perder tiempo. Giorgio Armani trabaja desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche, y sólo se toma una hora, generalmente de una a dos, para almorzar una ensalada o algo ligero, solo o con alguno de sus colaboradores, duerme una siesta de quince minutos y vuelve al trabajo. Es un hombre riguroso y disciplinado, no se para nunca. Es sorprendente que el nombre más famoso de la moda italiana hable tan poco, eluda las cámaras y casi no asista a los infinitos eventos sociales a los que es requerido. Es inesperada su modestia y es grato escucharlo decir que le gustaría ser más alto, mucho más culto y quizás menos tímido.

LA FAMILIA
Desde el comienzo de la entrevista sabía que teníamos algo en común, quizás lo único: nuestras madres. A Giorgio Armani su madre lo inspiró desde el punto de vista moral y profesional. "Exigente y poco dada a las grandes muestras de ternura, quizás por los sacrificios de la guerra, mi madre fue la figura central de la familia, y conjuntamente con mi papá, Ugo, lucharon duramente para reconstruir sus vidas después de la guerra. Mi mamá era maravillosa, una mujer que no nos hizo sentir, jamás, menos privilegiados por no tener dinero. Era muy bella y se dedicaba en cuerpo y corazón a su familia. Con su silencio nos enseñó muchas cosas... Su fuerza ha sido, y siempre será, una gran inspiración y motivación para mí en los tiempos difíciles que he tenido en mi vida y, seguramente, en los inconvenientes que puedan venir. De niño padecimos años duros y había que concentrarse en lo fundamental: comer, ver si se encontraba algún libro usado para la escuela y usar la ropa que dejaba mi hermano, y alguna otra pieza que mi madre nos hacía con la tela de los paracaídas y de los restos de los uniformes militares. Pero debo decirte que no desentonaba tanto, comparada con la bella ropa de los hijos de los ricos de la época".

"Mi padre, después de la guerra, estuvo ocho meses preso por razones políticas. Recuerdo que cuando lo vinieron a buscar a casa tenía los ojos llenos de lágrimas. Una tragedia familiar, una tragedia más grande que nosotros. Los domingos íbamos con mi mamá a visitarlo. Todavía hoy cierro lo ojos y veo su expresión triste mientras trataba de agarrarle la mano a mi madre a través de las rejas que los separaban. Sólo tenía once años y no entendía mucho de política, me parecía injusto verlo en prisión".

"El cine, en blanco y negro, era para nosotros el gran lujo de aquellos años. Nunca olvidaré cuando mi hermano me llevó a ver una película por primera vez, no podía dejar de soñar en ser como una de esas fascinantes estrellas que veía en la pantalla, yo quería ser Cary Grant".

"Mi madre era alguien que no tenía dinero, pero era muy cuidadosa en elegir las cosas que resaltasen su personalidad y que tuviesen calidad, más que cantidad. Estos principios todavía son parte de mí cuando diseño nuevas colecciones, y no cambiaron ni cambiarán en el tiempo. En el futuro me gustaría ser recordado como alguien que ha sido siempre fiel a sus principios y visión, y que nunca se dejó persuadir para hacer algo en lo cual no creía".

EL TRABAJO
Apenas su padre salió de prisión, la familia se trasladó a Milán, tratando de buscar nuevos horizontes, nada sencillo después de la guerra. Corría el año 1957 y Giorgio Armani entra a trabajar en la Rinassente, unos grandes almacenes milaneses. Su primera tarea fue como asistente de fotógrafo, un empleado más de los tantos que trabajaban allí. Después lo encargaron de hacer algunas de las vitrinas, más tarde lo ascendieron a supervisor de los vitrinistas y, finalmente, lo nombraron encargado de compras del departamento masculino.

"Entré en la tienda Rinassente convencido que toda la gente era buena, con el tiempo me di cuenta de que no era así. Esa etapa fue para mí una gran escuela de vida, para bien y para mal. Yo venía de un hogar pobre, pero construido con mucho amor, me sentí protegido y, de repente, me tuve que me enfrentar a la dura realidad de un oficio lleno de competencia y celos profesionales".

Más adelante -corría el año 1963- le presentan al diseñador Nino Cerruti, quien, casualmente, estaba buscando un asistente. El ya famoso creador lo entrevista. Armani comenta que Cerruti lo puso delante de un montón de cortes de telas distintas y le dijo: "Escoge una, la que más te guste". Afortu-nadamente escogí la tela que más le gustaba a él, así que me dio el empleo. Allí me quedé durante siete años. En esa época era joven y el ingenio y la audacia me permitieron buscar, sin miedo, otras oportunidades, ignorando todos los riesgos. Además, mi falta de experiencia no me ayudaba a ser más sensato. Me sentía psicológicamente fuerte y listo para un cambio, y me parecía que las posibilidades de desarrollar mi creatividad en la casa Cerruti eran muy escasas. También en esa época había conocido a Sergio Galeotti, mi compañero, otro fuerte motor para pensar en el cambio".


Armani y los famosos

Con George Clooney

Con Beyoncé

Con Cate
Blanchett

Con Clive Owen
Con Michelle Pfeiffer  

Con Penélope Cruz

Con Mischa Barton

Con Vicent Perez
Con Fergie  

LA MODA
Corrían los años setenta y Armani ya vivía con Galeotti, quien siempre le recordaba todo lo que tenía para dar y lo mucho que debía decirle al mundo de la moda. Es, en ese momento, que toma la gran decisión y comienza su gran sueño .

"Vendimos todo lo que teníamos, hasta mi Volkswagen escarabajo, para comprar una mesa, una lámpara y un par de cosas más, para decorar la pequeña oficina que habíamos alquilado en el número 37 del corso Venecia. Era un lugar pequeño con dos cuartos, uno para Sergio que se ocupaba de la parte comercial y el otro para mí, para trabajar en mis diseños. Era todo tan pequeño que yo escuchaba cuando venia algún comprador a hablar con Sergio y él cuando yo me insultaba a mí mismo, porque algo no salía como quería. Era todo muy familiar, pero maravilloso. Éramos Sergio, Irene Pantone, que hacía de secretaria y un poco de todo, y quien todavía hoy trabaja conmigo, y yo. Recuerdo que a Irene le pagábamos tan poco que le permitíamos estudiar en horas de trabajo, así como hacer otros extra".

"Todavía hoy nada me produce más placer que trabajar, y para darme ese placer pago las consecuencias, la primera de todas es la de no ser libre. Un trabajo como el mío es una especie de tirano que siempre te exige mucho y, sobre todo, siempre te lo quita todo. Es un compromiso que te limita hasta en los sentimientos, porque estás consciente de que no tienes el tiempo de dar, no puedes. Este tipo de elección de vida te obliga a estar solo, pero lo sé, y lo pago con gusto. Reconozco que soy muy exigente, un hombre que sólo confía en sí mismo. Quien me juzga duro en mi trabajo, tiene toda la razón, no soy nada indulgente con quien se equivoca, en mi equipo no permito errores. Aspiro mucho de los demás, pero soy el primero que lo da todo".

EL HOMBRE
Armani aprendió a exigirse, a renunciar a todo, a una disciplina férrea, calvinista, casi inhumana, sobre todo, para un hombre de sus posibilidades. ¿Quizás la guerra, la falta de sus seres queridos? ¿Quizás el eterno demostrarse a sí mismo algo imposible?
"A estas alturas de mi vida, sobre todo en la industria de la moda, he vivido tantas experiencias que creo que hay pocas cosas que me dan miedo. Honestamente creo que puedo resolver casi todas las situaciones que se me presenten. Pero lo que sí me paraliza son aquellas situaciones que se escapan de mis manos. Por ejemplo, perder a la gente que quiero, ese es mi mayor temor".

"Hay personas a las que quisiera pedirles perdón por no haberles tenido la paciencia y la generosidad de escucharlas, la grandeza de ánimo para entenderlas, y la piedad para sufrir juntos. Una de ellas fue Sergio, a quien recuerdo parado en el marco de la puerta, totalmente perdido, diciéndome: 'Quería hablarte Giorgio, pero nunca tienes tiempo para mí'. Cuando murió en 1985, con apenas cuarenta años, fue cuando tuve que aprender a hablar con los abogados, a decir una cosa y pensar otra, a vivir una especie de doble vida: una como diseñador, y otra como empresario. Todavía, ser empresario y director creativo de mi marca me crea contradicciones, porque aquello que amé hasta el día de ayer, hoy, al venderlo, ya no me pertenece más".

"Me siento feliz cada vez que mi trabajo y, muy especialmente, el mensaje que quiero comunicar, es entendido. Quizás es una felicidad más práctica: después de cada desfile, cuando siento un gran alivio luego de haber completado muchos meses de trabajo duro. Pero, definitivamente, me falta tiempo para mí mismo, y me gustaría encontrar la forma de tener más horas para estar con los que más quiero: mi familia y mis amigos".

EL FUTURO
"Deseo quedarme igual y parecerme cada día más a mí mismo. Cuanto más importante me hago, más me gusta ser igual que al inicio, con mis defectos, con mis inseguridades y con mis miedos. Quizás si tuviese que enumerar las claves de mi éxito, más allá de muchísimo trabajo y pasión esté el hecho de que intenté ser siempre fiel a mi filosofía de la moda: evolución y no revolución. La forma más rápida de perder la identidad es, precisamente, cambiar de imagen constantemente, sólo para complacer a un público indeciso".

Giorgio Armani es una especie de guerrero del siglo XXI. Le gusta pelear y enfrentarse al mundo. Ponerse a prueba en cada colección y cada día de su vida.

"Tengo 74 años y estoy consciente de que está llegando el momento en que me sentiré ridículo subiéndome a una pasarela a recoger los aplausos, después de un desfile, con las manos alzadas y la misma camisa azul. Tengo un gran sentido de la autocrítica, por lo cual me estoy preparando para ese momento. Sí, soy un gran perfeccionista que se exige muchísimo en su trabajo y que sigue una sola línea. Soy así. Quizás sea una virtud o un defecto, ¿qué piensas tú Carlos?"

Difícil respuesta, sobre todo, delante de un hombre capaz de crear el imperio y el nombre más grande del mundo de la moda, pero que trabaja y vive una vida sencilla, tratando, cada día, de justificarse a sí mismo.

ARMANI
EN NÚMEROS

(Ejercicio 2007)
___________________

Ingresos año
2.400.000.000 $
Utilidad neta
477.000.000 $
Inversiones en
nuevas tiendas

142.500.000 $
Tiendas propias
en el mundo

471
Empleados del grupo
5.100.000
Fábricas propias
13







Cdorado@Italcambio.com

 

 

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