
RECIÉN CASADAS
SON ASESINADAS
EN BAÑERAS
George Smith desposó y mató a varias mujeres para tratar de aumentar su propia fortuna. Max Haines
Las señoras deberían tener sumo cuidado cuando toman un baño, particularmente si sus esposos están decididos a ahogarlas. George Joseph Smith tiene el crédito de haber perfeccionado este aborrecible método de asesinato. Era un vividor nato que tenía una clara aversión al trabajo manual, pero compensaba esta característica con una gran dosis de encanto.
Smith se especializaba en despojar a mujeres incautas de sus bienes materiales. Después de pasar varios períodos cortos en la cárcel por distintos delitos, en 1908 se encontraba en Bristol, Inglaterra, donde estaba encargado de una tienda de muebles de segunda mano.
Edith Mabel Pegler y su madre vivían en la misma calle de la tienda de George. Smith veía a Edith, quien estaba totalmente disponible y sin compromiso, como una fruta madura lista para ser tomada.
Cuando la imprudente Edith publicó un aviso en el periódico local ofreciéndose como ama de llaves, los ojos de Smith se iluminaron como luces de árbol de Navidad. Respondió al aviso y rápidamente la contrató como ama de llaves. Hay que reconocerle a Smith que era rápido. Le tomó apenas una semana seducirla. Tres semanas después los unieron en matrimonio civil en el Registro Civil de St. Peter, en Bristol. El matrimonio de George con Edith era, en cierta forma, único. Por algún motivo desconocido, y aunque le mentía y le era infiel, nunca le robó dinero ni la mató.
Durante dos años, George viajó por toda Inglaterra y se convirtió en bígamo al casarse con varias mujeres usando nombres falsos. Le explicaba sus ausencias a Edith diciéndole que, por ser comerciante de antigüedades, debía viajar a donde hubiera artículos en venta.
En 1910, George conoció a Beatrice Constance Mundy, hija de un difunto gerente de banco.
Usando el alias de Henry Williams, cortejó a Beatrice. La pareja contrajo nupcias el 22 de agosto en el Registro Civil de Weymouth. Smith se sintió perturbado al enterarse de los términos del testamento de su difunto suegro, según los cuales el patrimonio se repartiría a razón de ocho libras al mes. Sin embargo, había un fondo de ahorros de 138 libras creado para emergencias.
Apenas Beatrice dijo: "Sí, acepto", George hizo arreglos para que le entregaran ese dinero a él y a su nueva esposa. No bien puso sus mugrientas manos en el dinero, George se marchó.
Regresó con Edith Pegler, aunque sólo por siete semanas, tiempo después del cual se volvió a largar. Le dijo a su esposa que debía viajar por todo el país para hacer negocios.
Sin dinero, Edith no pudo continuar. Vendió la tienda y regresó con su madre; era una mujer abandonada y desilusionada.
Por la más casual de las coincidencias, George se topó con Beatrice Mundy en la población costera de Weston-super-Mare. Ella conocía a George como Henry Williams. En lugar de llamar a la policía, Beatrice mordió el anzuelo que él le tendió. Créanlo o no, la convenció de que no había querido robarla.
Para demostrarle que la sustracción del dinero no había sido más que un préstamo, le dio un pagaré por la suma total. Beatrice aceptó el pagaré y alguna excusa falsa por la prolongada ausencia de George. La pareja viajó por el país durante un tiempo antes de alquilar una habitación en Hearne Bay.
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George Smith descubrió
que RECIBIRÍA 2.500
libras en caso de que
Beatrice muriera |
Más o menos en ese momento, Smith descubrió que recibiría todo el patrimonio de su suegro, unas 2.500 libras, en el caso de que Beatrice muriera. Todo lo que debían hacer era redactar testamentos conjuntos, cosa que hicieron el 8 de julio de 1912.
Al día siguiente, Smith comenzó a buscar una bañera. George estaba preparando la escena del asesinato. Un día después, aún usando el nombre de Henry Williams, acompañó a Beatrice al consultorio del doctor French. Le dijo al médico que su esposa había sufrido varios ataques y se preguntaba si le podía prescribir algo. El galeno describió los síntomas de varias clases de ataques. Smith afirmó que su esposa los tenía todos. Beatrice sólo recordaba un dolor de cabeza. El doctor le recetó varias medicinas.
El sábado 13 de julio, el médico recibió una nota. Ésta rezaba: "Por favor, venga de inmediato. Me temo que mi esposa está muerta".
El doctor French corrió al domicilio de los Williams y encontró a Beatrice acostada, de espalda, en la bañera; su cabeza estaba totalmente sumergida. La occisa aferraba firmemente una pastilla de jabón Castile con su mano derecha. French intentó aplicarle alguna técnica de respiración artificial, pero nada podía ayudar a Beatrice. Estaba muerta.
Henry Williams tenía el corazón destrozado por la pérdida de su esposa. Sufrió una crisis nerviosa en la investigación por la muerte, pero, por dentro, se sintió eufórico cuando el jurado declaró que su Beatrice había muerto como consecuencia de un ataque de epilepsia mientras se bañaba. Henry Williams recibió el patrimonio completo de su esposa, la jugosa suma de 2.403 libras.
George Smith regresó con Edith Pegler siendo un hombre relativamente rico. Él y Edith vivieron juntos durante un año antes de que George levantara vuelo nuevamente, aparentemente para realizar nuevas negociaciones con antigüedades.
Luego George conoció a Alice Burnham, una robusta joven de 25 años que trabajaba como enfermera privada. En cuestión de días, Alice sólo tuvo ojos para George Smith. Ella llevó a George a su ciudad natal, Aston Clinton, para que conociera a sus padres.
A los Burnham no les simpatizó Smith, y la visita de la pareja estuvo llena de tensión. Sin dejarse amilanar por ello, Alice y George regresaron a Southsea, donde se convirtieron en bígamo esposo e inocente esposa.
El 10 de octubre de 1913, George hizo que Alice retirara 27 libras del banco. El 3 de noviembre aseguró la vida de la joven por 500 libras. Al día siguiente se casaron. El 8 de diciembre, Alice redactó su testamento, en el cual le dejaba todo a su esposo.
Los Smith realizaron un viaje corto al balneario de Blackpool y le alquilaron una habitación a la señora Crossley. Ese mismo día, llamaron al doctor Billing. La señora Smith tenía un dolor de cabeza, pero no era nada grave.
Más tarde ese mismo día, la señora Crossley, por solicitud de Alice, le preparó el baño. En cuestión de minutos, Smith llamó a la casera para que regresara al baño. Su esposa no respondió cuando tocó la puerta. Ambos encontraron a Alice muerta en la bañera. Llamaron al doctor Billing, pero ya era demasiado tarde.
George cobró el dinero del seguro y regresó con su siempre amada Edith Pegler a continuar su extraña vida juntos.
El 14 de agosto, George conoció a una empleada doméstica llamada Alice Reavil. Haciéndose pasar por Charles Oliver James, se casó con ella un mes después. George le arrebató sus ahorros, que totalizaban 70 libras, e hizo que ella vendiera su piano, así como la ropa y los muebles que no fueran indispensables.
Una vez que se hubo hecho con todas las pertenencias de Alice, la invitó a comenzar una nueva vida, posiblemente en Halifax. Alice no podía creerlo. Un día, mientras paseaban juntos por un jardín y se imaginaban su futuro juntos, Charles Oliver James se excusó para usar el sanitario. Alice no volvió a ver a Charles hasta que ella lo identificó desde el estrado como el hombre al que todos llamaban Smith.
George volvió con Edith y vivieron en una relativa armonía hasta 1914. Pero una vez más, George se sintió inquieto. Entonces conoció a Margaret Elizabeth Lofty, de 38 años. Margaret lo conoció con el nombre de John Lloyd. Se enamoró perdidamente del seductor. La impetuosa pareja saltó al agua el 17 de diciembre y alquiló una habitación en Londres.
A la casera le pareció extraño que el señor Lloyd le prestara tanta atención a la bañera. Horas después de rentar el cuarto, él llevó a su esposa a ver al doctor Bates, a quien le dijo que ella sufría de mareos y dolores de cabeza. Al día siguiente, la señora Lloyd redactó su testamento, dejando todas sus posesiones a su esposo.
Pocas horas después fue encontrada muerta en la bañera. Su esposo se dedicó a su rutina de realizar un rápido entierro y recibir la riqueza de su difunta esposa.
En esta ocasión, algo salió mal. ¿Recuerdan a Alice Burnham? Su padre leyó la noticia del ahogamiento accidental de la señora Lloyd en su bañera. Le pareció extraño que los detalles fueran tan similares a los de la muerte de su propia hija.
Le escribió a la policía, y en la carta anexó la noticia del periódico. El genio se había salido de la botella, y en poco tiempo se inició una extensa investigación. Se exhumaron los cuerpos; se realizaron pruebas científicas. Parecía evidente que Beatrice Mundy, Alice Burnham y Margaret Lofty habían sido asesinadas por un mismo hombre: George Joseph Smith.
George Smith nunca confesó. El 13 de agosto de 1915, estando a punto de desmayarse, lo ayudaron a subir al cadalso, donde pagó todos sus crímenes con su vida.
TRADUCCIÓN: JOSÉ PERALTA. ILUSTRACIONES: DAVID MÁRQUEZ. DAVIDMARQUEZ@CANTV.NET |