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Me llamo Zimba, pero mis papás me dicen también Cosi Cosi. Soy una Border Colie de tres años. Mis dueños me tienen muy consentida, tanto que les dejo dormir en mi cama. Así luzco acabada de levantar.

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Dulce armonía

Existen personas afortunadas, quienes pueden tener en casa más de una mascota. Normalmente se trata de un perro y un gato, aunque hay quienes también gustan de las aves y los roedores domésticos.
Particularmente en el caso de los canes y felinos, sin duda alguna vez hemos escuchado decir de quienes riñen mucho que "se pelean como perros y gatos". Y es que estos animales son eternos rivales. De acuerdo con la cadena de supervivencia, el perro siempre persigue al gato. Pero ambas razas pueden vivir en armonía en los hogares humanos.
Quién no ha disfrutado ver a sus mascotas acicalándose naturalmente o durmiendo juntos, acurrucados. Se trata de una relación que no surge de la noche a la mañana. En casa, cuando tenemos un gato y deseamos incorporar a un perro, es preciso tener tacto y paciencia. No hay que forzar la situación a fin de no desencadenar conflictos entre ambos animales.
La introducción es más fácil cuando ambos son cachorros. En esta etapa, el perro ve al gato como un miembro más de la camada, no lo considera un peligro y aflora el compañerismo, la cordialidad, en el juego diario.
Al principio, naturalmente, el gato arqueará el lomo y hará gala de sus garras; su instinto le dictará que debe defender "su territorio". El contacto debe ser gradual. Se aconsejan exposiciones de corta duración, y siempre supervisadas por un humano.
Por ser más grande que el gato, el perro representa un peligro. Pero si se le ha entrenado debidamente, acatará la orden de no atacar o no tratar de alcanzar al minino. Hay ocasiones en las que sólo desea explorarlo y jugar con él. Sin embargo, el perro tiene más fuerza que su compañero gatuno y sus maniobras bruscas pueden desembocar en algún daño mayor. Algunos veterinarios recomiendan tenerlos en habitaciones separadas y permitir la incursión del perro, con su correa, ordenándole que se siente. Así, sólo lo observará y progresivamente cada uno se irá acostumbrando al otro, y las peleas pasarán a los juegos, retozos, e incluso al reposo juntos.
l Marilin Pino A.

Hay que saber
Naturaleza. El instinto del perro es perseguir, arrinconar y confrontar a animales pequeños. Se debe tener en cuenta al momento de colocarlo frente a un gato.
Control. No es necesario levantar la voz para corregir al perro. Responderá con mayor serenidad a un no en tono firme pero en voz baja.
Constancia. La única forma de lograr que el perro atienda las órdenes de su amo es mediante la repetición rutinaria de ejercicios de obediencia. Con ello, también se logra reducir los niveles de agresividad natural del perro dominante y el que defiende su territorio.
Amenaza. Al encontrarse frente al gato, el perro tiende a ladrar eufórico, halando la correa para tratar de alcanzarlo. Para él, el felino es un elemento que amenaza su territorio y tratará de ahuyentarlo.
Dato. Frotar las manos sobre el gato, y luego acercarse al perro, ayuda a que se habitúe a su olor. Lo mismo se puede lograr frotando al minino con una toalla o trozo de tela, y dejándolo donde el perro pueda olerlo.
 
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