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Comer en familia
John Briffa
Sentarse juntos a la mesa para cenar permite
más que saciar el hambre.
Aunque no oculto mi entusiasmo con respecto
al potencial de una dieta saludable para promover el bienestar y
la salud, también opino que existen otras razones para comer
que van más allá de los méritos nutricionales.
Comer puede resultar intensamente placentero, algo que incluso yo
trato de recordar al dar recomendaciones dietéticas. Los
alimentos también pueden actuar como aglutinante social:
una comida es la oportunidad ideal para compartir con los demás,
y reconozco que no resulta malo en una sociedad donde los desayunos
se hacen en solitario, las cenas frente al televisor y las comidas
son para llevar.
Las horas de las comidas ofrecen a las familias la oportunidad de
interrumpir sus tan ocupados días con un tiempo de calidad
dedicado a sus familiares. Hacer de las comidas un asunto familiar
puede contribuir a armonizar las relaciones, pero no puedo dejar
de resaltar que también es posible obtener beneficios nutricionales.
Al ser dejados por su cuenta, los más jóvenes, con
presupuestos limitados, casi inevitablemente terminan en centros
de comida rápida, y raras veces consumen una comida nutritiva.
Los hallazgos de dos estudios recientes apoyan la idea de que comer
fuera de casa puede tener consecuencias nutricionales significativas
para niños y adolescentes. En uno de los estudios, publicado
en el Journal of the American Dietetic Association, se evaluó
la frecuencia de las comidas en familia y la calidad de la dieta
en casi 5.000 niños. Se encontró que las comidas familiares
frecuentes estaban asociadas con un aumento en la ingesta de alimentos
sanos y un consumo más moderado de bebidas gaseosas (que
están fuertemente vinculadas a la obesidad en los niños).
Los jóvenes que comen más veces junto al resto de
la familia tienen mayor consumo de proteínas y calcio (importantes
para el crecimiento de los chicos), así como de otros nutrientes
clave, incluyendo hierro y vitaminas A, C, E y del complejo B.
Otro estudio publicado en el Journal of Adolescent Health
también mostró que cenar en casa está asociado
con un aumento en el consumo de frutas y vegetales, y con hábitos
alimentarios más saludables en general. Resulta interesante
que también se descubriera que la participación del
grupo familiar en las comidas nocturnas parecía aumentar
las probabilidades de que los niños desayunaran a la mañana
siguiente. Aún no está claro por qué ocurría
esto, pero es un aspecto significativo ya que existen evidencias
de que desayunar puede fomentar la eficiencia mental y se le ha
asociado con un mejor rendimiento escolar.
Otro beneficio de las comidas en familia es que parecen tener la
capacidad de infundir en los niños una toma de conciencia
sobre los alimentos. Por lo menos dos estudios han concluido que
a mayor frecuencia de cenas en familia, mayor disposición
muestran los jóvenes a conversar y aprender sobre temas nutricionales.
Otro estudio reveló que los adolescentes demostraban más
confianza para seleccionar alimentos saludables en las comidas familiares
que en otras oportunidades. Al parecer, cuando se trata de enseñar
a los niños todos los beneficios que ofrecen los alimentos,
no existe un lugar mejor que el hogar. l
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