- Otro inglés
a la carga

- El monitor se pasea por la música. Vuelve la leyenda

 CRONICA
- Truhán
- Guía de la medicina natural
- Condoleezza Rice
La nueva dama de hierro
- Helena Ibarra
en su tinta
BELLEZA
- Nocturna belleza
SALUD
- Recupérese después del parto
MODA
- Simpáticas
COCINA
- Ricas ensaladas con quesos franceses
MASCOTAS
- Saludables y felices
 CRIMENES
 HOROSCOPO
 HUMOR
 MAYTTE
 CRUCIGRAMA
 ARCHIVO
 CONTACTENOS
 

Helena Ibarra
en su tinta

Ya suma 25 años de experiencia en el arte de mezclar sabores. Dejando atrás su práctica como empresaria, Helena Ibarra, actualmente, es la primera mujer chef venezolana responsable del menú de restaurante de un hotel cinco estrellas. Aquí, con sus palabras, cuenta cómo vive su pasión por la cocina. Idalia De León. Fotos: Natalia Brand

En la carta del restaurante Palms se lee, justo debajo del nombre del local: Helena Ibarra en el Altamira Suites. No se trata de un capricho; digamos más bien que es un lujo que pocos chefs en el país se pueden dar. Nadie pone en duda el nombre que ella se ha construido en 25 años de experiencia "como cocinera". Formada en Francia con los grandes maestros Joel Robuchon y Gerard Vié, en este momento es la primera mujer chef venezolana responsable del menú del restaurante de un hotel cinco estrellas, y el reto que tiene entre manos es romper con el concepto de la típica comida estándar de los hoteles, que se caracteriza por complacer al cliente apelando a una memoria gustativa conocida.

"La pasión por la cocina me llevó primero a montar una escuela de cocina, el Centro de Gastronomía y Salud Cocido a Mano, y después el Restaurante Helena Ibarra, y así consolidar una propuesta culinaria. Ambos proyectos ya forman parte del pasado, pero creo que esa experiencia me dio acceso a tener el equivalente a un PhD. Me sigo considerando una cocinera, aunque hoy en día tengo responsabilidades de chef".
"Actualmente somos 22 personas en la cocina. La mayoría son muchachos que han trabajado en diferentes lugares con chefs de la importancia de Franz Muller (reconocido chef alemán responsable de la cocina del Hotel Caracas Hilton durante los años ochenta). Tengo gente de escuelas nuevas, gente del Centro de Gastronomía (Cega), y es muy divertido porque al final te percatas de que es como borrón y cuenta nueva. Yo les digo: 'Ustedes saben muchas cosas, pero acá vamos a centrarnos en una sola. Vamos a aislar la calidad'".

"Eso quiere decir que, en este momento, estoy dispuesta a demostrar la calidad que hay en los productos que se elaboran en varios lugares de Venezuela, lo cual conjuga ese interés con mi pasión desde hace 25 años por darle un vestido de fiesta a lo nacional. La gente tiene que saber que está comiendo laulau del Orinoco y queso de cabra de Carora. Un chef debe ser capaz de reconocer la apelación de origen, decir esto es de Carora, que representa una tierra, una acidez, un sabor especial. Es como un cuadro de calidades que vas reflejando en ese plato. Además, lo bueno de los productos bien hechos es que no tiene que estar uno al lado para defenderlos, porque ellos se defienden solos, hablan sus aguas, su fibra, el sol que calienta su tierra".
"El actual menú, frente a la decadencia del discurso que impera, me gusta llamarlo el mordisco obligatorio, pues creo que en Venezuela hay mucho que morder. Experimento con nuevas especias, combinaciones de sabores, y eso es lo que hace un chef, crear sus propias fórmulas de calidad".

"Si tú pones agua y aceite vas a tener que establecer un puente de conexión para que ellos dos se hablen. Eso hace un chef cuando emulsiona una vinagreta. Si los presentas peleados el comensal lo va a sentir, en cambio, si los presentas armónicos, enamorados, es otra sensación porque te sorprende ver cómo entre ellos puede haber un lenguaje común que tú desconoces. Esto lo descubrió François Vatel (célebre sirviente del Príncipe de Condé durante el reinado de Luis XIV) cuando hizo la primera crema chantilly. Igual, cuando bates las claras de huevo haces una nube porque entra en juego el aire; y entran en juego esos dos mundos frágiles que luego estallan en la boca. Esa escuela de la experimentación se la debemos a mucha gente que se puso a ver qué pasaba más allá de lo evidente. Por eso mis tequeños rellenos de queso de cabra son los hijos de la incertidumbre, por eso siguen estando en el menú, porque elaborarlos siempre implica un desafío y una experimentación".

"Las proporciones en los platos que yo preparo tienen una razón de ser, todo lo que está allí es lo que quiero que sientas en tu paladar. Yo no pongo decoraciones que no se comen. Creo que cuando se dice que la cocina es arte, se está diciendo que tiene trascendencia, que posee un aspecto ególatra involucrado, que está hecha para ser vista, para ser admirada, para ser alabada. La cocina es una labor comunicacional hecha para vivir mejor, para divertirse y para hacer borrón y cuenta nueva. Eso es lo bonito que tiene, ese lado efímero. No desmayo en mi deseo de sorprender y creo que lo logro. La cocina es un lenguaje universal, un lenguaje químico bastante serio, y en el cual no tienen cabida las improvisaciones. Tú construyes sobre la base de columnas que están muy bien asentadas, no sólo química sino históricamente. Cuando digo esto, me refiero a que una cosa es el ama de casa que hace recetas depuradas, y otra cosa es ser chef, lo cual amerita estudio y cultura".

"Todos los que están participando en ese boom del oficio de chef, son como misioneros de la buena mesa y no son más que el reflejo del rescate de la vida, de lo humano. Estamos en una época en la que la cocina está demostrando su paso por el rescate del legado de nuestras madres, abuelas y tías, como parte importante del discurso culinario, pero también está sirviendo para entender que detrás siempre hubo una ciencia".

"La cocina es una suerte de religión: tú trabajas con la tierra y sus frutos para hacer que la vida continúe; diariamente haces la comida y trabajas por el placer de los demás. Por esto es que debes tener vocación de servicio, el que crea que la cocina no es vocación de servicio, que se vaya a hacer otra cosa. Creo, en este sentido, que mi experiencia le puede servir a los jóvenes, a los que están empezando, buscando y tanteando en una Venezuela que todavía no tiene la infraestructura necesaria para formar chefs".

Coordenadas: Restaurante Palms: Los Palos Grandes. Primera Trasnversal con Primera Avenida. Edicficio Hotel Altamira Suites, PB. Telfs.: 284.5016/209.3453

 

Ver también en Encuentros:
- Guía de la medicina natural
- Condoleezza Rice. La nueva dama de hierro

 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso