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Condoleezza Rice
La nueva
dama de hierro

Le dicen la halcona negra del imperio, la magnolia de acero y la princesa guerrera. Considerada por la revista Forbes como la mujer más poderosa del mundo, ha llevado una vida consagrada al estudio y al desarrollo de su profesión. Amada por unos y odiada por otros, tiene 50 años, es soltera, no tiene hijos, y podría ser la próxima presidenta de Estados Unidos. Idalia De León

En la intimidad de la Casa Blanca, a Condoleezza Rice, secretaria del Departamento de Estado de la administración de George Bush, le dicen Condi. Condoleezza proviene de con dolcezza, expresión que se coloca al lado de las partituras de música clásica y que significa: con dulzura. De manera pues, que el diminutivo, cosa muy propia de los estadounidenses, cumple la función, en este caso, no sólo de resumir el nombre, sino de llamar de manera aún más cariñosa a la señora cuyo nombre nada tiene que ver con el papel que decidió representar en el mundo.

En su historia no aparecen participaciones en certámenes de belleza ni en grupos de cheer leaders ni es fácil imaginarla preocupada por quién la acompañaría al baile de fin de curso durante la secundaria -si partimos de cómo Hollywood ha vendido las actividades y situaciones propias de los jóvenes promedio estadounidenses. ¿Promedio? Eso es lo que Condoleezza Rice jamás podrá ser, así aplique toda la eficiencia ejecutiva que la caracteriza en lograr ese impensable objetivo.

Y es que darse una paseadita por el currículo de Condoleezza Rice, cuando menos, impresiona. Tanto, que uno se pregunta: ¿Y esta señora nunca fue al cine? ¿Nunca se quedó compartiendo una y otra taza de café con amigos después de una clase? ¿No disfrutó a los 15 años de edad de alguno de los conciertos del Festival de Woodstock? No, porque a esa tierna edad, Condoleezza ya estaba sentada en el salón de clases de la Universidad de Denver, de donde se graduó con honores. Y es que la Rice, la única persona del Gobierno autorizada a entrar al rancho que los Bush tienen en Texas, da la impresión de que siempre tuvo conciencia de sus talentos y de lo que estos significaban en un país como en el que ella había nacido. Uno de sus talentos, queda claro, es no perder el tiempo.

Bajo el signo de escorpión. Condi (para entrar en confianza) nació el 14 de noviembre de 1954, en la localidad de Birmingham, Alabama. Allí, curiosamente, también nació Alma J. Powell, la esposa de quien también llegó a ser secretario del Departamento de Estado de Estados Unidos, Collin Powell. Ese suelo, en el que tantas personas de raza negra protagonizaron no pocos episodios de segregación, vio crecer a la delgada niña que, a los nueve años, experimentó lo que significa perder una amiga de manera violenta cuando la secta terrorista Ku Klux Klan puso una bomba en la iglesia a la que frecuentemente asistían.

Dicen que este episodio estampó el molde que definió el carácter férreo de esta mujer que no sabe de dudas, ni de dolcezzas, y que, extrañamente, no se enfiló en ninguna causa a favor de los derechos civiles ni mucho menos se permitió vivir algo del coletazo hippie que le tocó a los de su generación. Por esto, no ha faltado quien le haya criticado una supuesta actitud racista hacia los suyos. Pero ella, quien es bisnieta de esclavos, se defiende con el argumento de que, gracias a pertenecer a una familia "fuerte", pudo vivir a salvo del racismo, a pesar de haber nacido en uno de los estados más segregacionistas de la unión.

Sus padres, un pastor de la iglesia presbiteriana Westminster, en Birmingham, y una pianista y profesora de Biología, le brindaron a su hija una educación sólida, profundamente religiosa (actualmente va al servicio todos los domingos), y en la que el trabajo estaba por encima de todo. La hoy mano derecha de Bush creció en el seno de una familia acomodada, y como hija única que era, sus progenitores se esmeraron en darle todo. Así que Condoleezza estudió piano desde los tres años, llegándosele a calificar de "excelente". También recibió clases de ballet, patinaje artístico, francés y español, idiomas que habla con comodidad. Más adelante, su pasión por los temas soviéticos la llevaron a aprender ruso (y a leer en más de una ocasión Guerra y paz, la famosa novela de León Tolstoi).

Curiosamente, Condi no se apreciaba a sí misma como muy lista, pero a los 15 años ya había culminado la secundaria, la cual cumplió en tiempo récord, pues se saltó dos años debido a que estaba notablemente sobrada. De allí en adelante, la joven se dedicó a formarse profesionalmente, no sin antes renunciar al piano una vez que se dio cuenta de que otros, incluso menores que ella, eran mucho mejores en la disciplina.

En 1974 obtuvo la licenciatura en Ciencias Políticas, cum laude en la Universidad de Denver; un año después culminó la maestría en la Universidad de Notre Dame; y en 1981 el doctorado en la Facultad de Estudios Internacionales de Posgrado de la Universidad de Denver. Ha recibido cinco doctorados Honoris Causa, ha sido miembro de la junta directiva de más de 10 organizaciones, ha escrito 10 libros (y ya tiene ideas para otros cinco títulos más, de los cuales uno, dice, sería un best seller); ha recibido dos de los más prestigiosos galardones otorgados a profesores universitarios: el Premio Walter J. Gores (1984) por excelencia en la enseñanza y el Premio del Decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias (1993) de la Universidad de Stanford por enseñanza superior distinguida.

Desde 1981 forma parte del cuerpo docente de la Universidad de Stanford, institución que administró por seis años. Durante ese tiempo se encargó de los asuntos presupuestarios y académicos de esa institución integrada por 1.400 profesores y 14 mil estudiantes. Tuvo bajo su responsabilidad administrar un presupuesto anual de 1.500 millones de dólares.

Durante el período de la reunificación alemana se desempeñó como Directora Principal de Asuntos Soviéticos y de Europa Oriental en el Consejo de Seguridad Nacional, y Asistente Especial del Presidente para Asuntos de Seguridad Nacional, entre otros cargos. El 26 de enero de 2005 fue designada como Secretaria de Estado.

Gente como uno. La jornada de trabajo de Condoleezza Rice comienza a la 6:30 de la mañana y termina a las 9:00 de la noche. Los sábados también trabaja, pero se permite la ligereza de iniciar la faena a las 7:30. Los domingos, el único día que no va a la Casa Blanca, asiste a misa, y el resto, prefiere pasarlo con sus amigos.

Pero para lo que la Rice no tuvo tiempo, y de eso no quedan dudas, fue para la maternidad ni para la vida en pareja. En este sentido sólo se le atribuye un supuesto romance con un jugador del equipo de fútbol americano Los Broncos de Denver. Se dice que Condoleezza estuvo muy cerca del altar, pero la relación culminó sin que trascendieran las razones. También parece que exprime tiempo para disfrutar del Super Bowl, pasión que comparte con su jefe directo y con quien se extiende en largas charlas sobre este deporte.

Se le reconoce un excelente sentido del humor, y un temperamento calmado y sereno. Su tono de voz jamás se eleva más de la cuenta, así lo que esté diciendo merezca batir puertas y hablar a gritos.

Pese a sus múltiples obligaciones, y pese a lo estructurado de su carácter, confiesa una debilidad: le encanta salir de tiendas y asistir a desfiles de moda. Anna Pérez, quien trabajó con Condi en la Casa Blanca, reveló a la revista Glamour que para ella no hay nada mejor que ir a los centros comerciales, y comprar zapatos. Su marca favorita es Ferragamo. Se dice que fue vista en la Fashion Week de Nueva York a comienzos de año, acompañada por la Primera Dama estadounidense (Laura Bush) y la senadora Hillary Clinton, disfrutando del desfile de Oscar de la Renta, creador dominicano que tuvo la responsabilidad de cambiarle el look a la señora, una vez que fue nombrada Secretaria del Departamento de Estado.

Y sí, quienes siguen la trayectoria de Rice, identificaron que, de un día para otro, abandonó los pantalones por las siempre femeninas faldas, que ahora no se baja de tacones altos, y que su cabello siempre alisado recibió un corte que favorece aún más sus facciones. El artífice de su nuevo peinado fue el estilista de Nueva York Jean Louis David, quien se preocupó por lograr perfilar y suavizar sus rasgos. El fashion emergency también abarcó lecciones de maquillaje. Otro detalle de la elegante Condi es que de su cuello ahora siempre cuelga un collar de perlas similar al que usa la madre de George W. Bush.

Apareció ataviada de rojo en la revista Vogue, aunque reconoce que no le gusta la vida glamorosa. "Me gusta arreglarme", le dijo en una entrevista a Oprah Winfrey, "pero prefiero no asistir con frecuencia a los eventos que ofrece la Casa Blanca puesto que mi jornada de trabajo es muy larga". "Entonces tu cronograma no deja mucho tiempo para una relación", interrogó Winfrey. "No mucho, pero si una relación llega estoy segura de que encontraré tiempo", contestó ella. Claro, si no sucumbe a la tentación de lanzarse como candidata a la presidencia de Estados Unidos, como ya adelantan por ahí los entendidos en la materia. l

FUENTES: THE OPRAH MAGAZINE, GLAMOUR, LA NACION ON LINE, NOTICIAS.COM


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