“En una escuela rural había un profesor comprometido y estricto, pero también muy justo y comprensivo. Al terminar el año escolar, uno de sus alumnos se le acercó y le dijo en forma desafiante y grosera:
—Profesor, mañana salimos de vacaciones, pero más que las vacaciones, me alegra que no tendré que escuchar sus tonterías ni verle la cara todos los días.
El alumno se mostraba arrogante y burlón, mientras esperaba la reacción ofendida y descontrolada del maestro.
Pero en cambio, él lo miro con serenidad y le contestó:
—Me alegro por ti, pero antes quiero que me respondas una pregunta: Cuando alguien te ofrece algo que no quieres, ¿lo recibes?
El alumno quedó desconcertado y sólo pudo contestar:
—Por supuesto que no.
—Entonces estamos de acuerdo, porque si alguien intenta ofenderme o me dice algo desagradable, yo estoy en mi derecho de aceptarlo o no.
—No entiendo que me quiere decir, replicó el alumno confundido.
—Muy sencillo, le dijo el profesor: Tú me estás entregando, con tu actitud y tus palabras, mucho resentimiento y desprecio. Si yo me ofendo y me pongo furioso, estaría aceptando lo que me das. Muchacho, tu frustración y resentimiento no los puedo recibir como si fueran un regalo porque no me interesa guardarlos. ¡Gracias, pero no! Yo no puedo controlar lo que tú llevas en tu corazón, pero sí lo que guardo en el mío”.
En estos días pensaba en que una de las mejores maneras de evitar que el malestar, el estrés o la tensión de otros nos penetre es tomando la decisión de no recibir aquello que nos entregan a través de sus comentarios, actitudes o actuaciones desequilibradas. En realidad, somos nosotros los que decidimos, en un momento dado, conectarnos con la rabia, la frustración, el miedo o el malestar de otra persona, a través del recuerdo, que muchas veces se activa en nosotros, de alguna vivencia del pasado. Inmediatamente se encienden nuestras emociones, nos afectamos y terminamos reaccionando de forma exagerada, porque no sólo lo hacemos hacia la persona que nos engancha emocionalmente en el momento, sino hacia todos aquellos que en el pasado se comportaron de la misma manera con nosotros.
Cuántas veces convertimos un evento sin importancia en una tragedia que nos impulsa a pelear y a distanciarnos de otra persona, sólo porque no somos capaces de reconocer que estamos cargados de recuerdos y heridas afectivas que todavía no hemos sanado…
¡Lo positivo es que podemos romper ese círculo vicioso en el que nos hemos sentido atrapados por tanto tiempo! Comencemos por comprender el estado de afectación en el que se encuentra la otra persona, y dejemos de tomar su actuación como una ofensa personal. Así, lograremos sentirnos más tranquilos y claros mentalmente para escoger la mejor manera de responder o de actuar. Muchas veces lo que necesita una persona ofuscada para calmarse y recuperar su balance es la compañía de alguien que, con mucha empatía, muestre tranquilidad e interés en ayudarle a solucionar aquello que le afecta o le preocupa en el momento.
Claves para suavizar
las relaciones con otros
Piensa antes de actuar. Si alguien te ofende, te agrede o irrespeta, rompe el círculo y no actúes de la misma manera. Cuenta hasta cien o hasta quinientos si fuese necesario, y tómate unos minutos para pensar con calma en lo que debes hacer, para que esta situación no se te vuelva a presentar.
Cuando reaccionas pierdes. Si te dejas enganchar emocionalmente y reaccionas, estás haciendo exactamente lo que el otro espera. Recuerda que para jugar emocionalmente se necesitan dos. Decide actuar con tu voluntad siempre de la mejor manera.
Sé dueño de tus emociones. Maneja tus emociones, no permitas que nada ni nadie te altere haciéndote perder el equilibrio o el entusiasmo con el que te levantaste por una cosa sin importancia. Evita la compañía de personas que viven sembrando odio, temor o malos sentimientos hacia los demás y la vida. ¡No te dejes afectar!
Hazte respetar. Establece límites claros en tu relación con otras personas para evitar que te vuelvan a agredir, ofender o irrespetar. Hazlo sin rabia o sin violencia, con calma pero con firmeza, tanto en palabra como en acción.
No descargues con otros tu estrés o frustración. Eres responsable por la manera en la que expresas lo que sientes y piensas. No te dejes llevar por la tensión o las emociones negativas… Así evitarás reaccionar negativamente para afectar a las personas que más quieres y que generalmente no tienen nada que ver con lo que en realidad te afecta.
HOLA MAYTTE. Una cosa muy sencilla está acabando con mi matrimonio. El caso es que mi esposo es muy sociable. A él le encantan sus amigos, y todos los fines de semana los invita a casa para una parrilla. Siempre hay algo que celebrar: un aniversario, un cumpleaños, qué se yo… El caso es que yo me estreso al no saber cómo atenderlos, me preocupa no estar a la altura de lo que él espera. Cosas tan sencillas como que no haya vasos, hielo o servilletas o que la casa no esté impecable me ponen muy nerviosa. Mi actitud lo molesta y cada reunión es una pelea. ¿Qué puedo hacer? G. B.
Lo primero es comprender que no todos nacimos con la facilidad de ser maravillosos anfitriones, y que cada uno de nosotros tiene su talento. Yo creo que él, invitando a sus amigos, muestra que se siente orgulloso de ti y a gusto en su casa, por eso los invita a compartir en su hogar. Te sugiero que converses con él, con calma y con sinceridad, y no diez minutos antes de que llegue la gente, y le preguntes qué espera de ti en sus reuniones. Explícale que sientes mucho estrés al pensar que no estás a la altura de sus expectativas, que te gustaría complacerlo y hacer que todos se sientan muy bien. Pídele que te dé alguna sugerencia para atender a sus invitados y disfrutarlo, sigue sus instrucciones con calma y buena actitud. No te angusties, porque la tensión hará que las cosas no te salgan bien. También puedes pedirle ayuda a una buena amiga creativa. Apoyarnos los unos a otros puede facilitarnos el proceso. A veces sólo tienes que ser tú misma y dejarte llevar por tu creatividad e iniciativa, deja de preocuparte tanto. ¡Disfruta de un esposo que quiere vivir su vida contigo!
HOLA MAYTTE. Soy una persona responsable y voluntariosa, he pasado toda mi vida trabajando y luchando para conseguir mis metas, ya tengo cincuenta años. Me he dado cuenta de que muchas veces confundí mis deseos con la realidad, creí que con mucho esfuerzo algún día lograría todos mis sueños, pero no fue así, esperé a que el olmo diera peras y nunca dio… pienso que me perdí todo lo demás que la vida podía ofrecerme. ¿Cómo recuperar el tiempo perdido? ¿Cómo enfocar la vida de otra manera y superar mi frustración? M.T. S.
Como dice la frase popular: “el olmo no da peras”, pero sí da sombra y verdor. Con esto quiero decirte que al perseguir tus metas no perdiste el tiempo, porque lo hiciste con pasión, determinación y, muchas veces, con valor, entonces fue una etapa bien vivida. Si en este momento reconoces que pudiste experimentar otras cosas… es porque ahora sí estás lista para darte la oportunidad de hacerlo. Deja de lamentarte por lo que no pudiste hacer y llénate de orgullo y satisfacción por todo lo que has conseguido. Estás en el momento perfecto para plantearte nuevas metas, unas que te den mucha satisfacción y la sensación de plenitud y realización personal. Aprende a sentir amor por lo que hagas y busca la sabiduría para cambiar lo que puedas mejorar, y fortaleza para aceptar lo que no. Vive en presente, no dejes pasar la oportunidad de vivir de una manera diferente y mejor, la vida está ocurriendo aquí y ahora, este momento es único y especial. Hoy es tu mejor momento
HOLA, MAYTTE. Tengo una linda vida, ¡gracias a Dios! Pero a veces me asusta el que casi todas mis amigas estén separadas. Tengo 22 años de casada, sé que ya no soy la misma mujer que él conoció. A veces me veo un poco vieja en comparación con otras mujeres, y me da miedo que mi marido me cambie por alguien más joven. ¿Tienes una fórmula para saber que todo está bien y que no debo preocuparme? P. S.
Es normal que la pasión y la emoción se calmen un poco con los años, también que haya momentos difíciles y que existan desacuerdos momentáneos entre ustedes. Pero si tienen sueños en común, mantienen una buena comunicación, se tratan con cariño y respeto, son amigos y hacen cosas divertidas juntos, y, además, cuidan su aspecto y velan el uno del otro… siempre se acompañarán, sin importar los cambios que ocurran afuera.
Las crisis dan señales fáciles de reconocer si estamos suficientemente atentos. Cuando el amor se apaga, las atenciones y los detalles se ausentan. La pareja se grita en lugar de conversar para solucionar algo inesperado. Ambos comienzan a pasar más tiempo con los amigos y se divierten por separadola. La apariencia física se descuida, , la situación económica cobra mucha más importancia, no tienen ningún proyecto juntos, cada cual comienza a vivir por su lado convirtiéndose solamente en compañeros de casa. Deja de preocuparte y renueva tu entusiasmo, mantén siempre una actitud positiva, sé detallista, muéstrate interesada en él, y conviértete en su compinche para la vida. ¡Vive el momento y vive el amor!
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