| La arrojó escaleras abajo
El doctor contó la historia de un drogadicto
que no convenció a cierto detective
Los doctores Merrill y Laverne Joss eran la pareja joven más respetada en Richmond, estado de Maine. Normalmente no ocurrían muchas cosas en esa ciudad, pero todo
cambió esa noche del 27 de marzo de 1941.
Fue la noche en que llamaron al jefe
de policía de la ciudad para que asistiera
a la impresionante casa colonial del doctor Merrill Joss. El galeno se reunió con el jefe
en la puerta de la residencia. Decir que
el médico estaba perturbado sería disminuir
el dramatismo de la situación. “Es mi esposa”, explicó el doctor. “Fue atacada por un
drogadicto, o al menos ese parece ser el caso. Un desconocido con barba se presentó
en la puerta de mi casa pidiendo narcóticos”.
Cuando el policía le pidió una descripción, el doctor respondió rápidamente:
“El hombre medía como 1,65 metros, llevaba el cabello largo y descuidado, tenía barba y vestía un abrigo oscuro y gorra”. Luego explicó rápidamente que había salido de la casa para hacer una diligencia y había llegado hasta la vía férrea cuando escuchó a su perro Trixie ladrando. Regresó a la casa y encontró que habían entrado a su consultorio por la fuerza. Alarmado por la seguridad de su esposa, inspeccionó la casa en busca de ella. Cuando advirtió que la puerta que comunicaba la cocina con el sótano estaba abierta, corrió escaleras abajo y encontró que su esposa yacía sobre el piso del sótano, con un fuerte golpe en la cabeza.
Todo esto fue comunicado al jefe de policía de manera abrupta mientras atravesaban la casa y bajaban por las escaleras hacia el sótano. El oficial notó manchas de sangre sobre las escaleras, la pared y el piso. Allí estaba Laverne Joss, inconsciente. Una ambulancia se dirigió a toda velocidad al hospital con Laverne, mientras que una numerosa cuadrilla de detectives y ciudadanos se unieron en un esfuerzo por aprehender al hombre que había descrito el doctor Joss.
Esa misma noche, la doctora Laverne Joss murió a causa de sus heridas. Se observó que la occisa tenía 27 heridas y le faltaba su anillo de boda. Cuando interrogaron a Merrill sobre el anillo, confirmó que su esposa siempre lo usaba y dijo que no tenía idea de cómo había desaparecido.
Quizás fue Leon Shepard, teniente de la policía estatal, quien primero dudó de la versión del médico. El veterano detective nunca había escuchado de un drogadicto que tocara una puerta y pidiera drogas. El astuto teniente tenía su propia teoría. Apoyándose en sus manos y rodillas en el piso de la cocina de Joss, como un verdadero Columbo (el famoso detective de la serie de TV), buscó el anillo. Como podrían sospechar, allí estaba, debajo del refrigerador.
Ahora, ansioso, Shepard examinó el sótano. En recipientes de vegetales casi vacíos, encontró un reloj que pertenecía a Laverne. El sagaz detective reconstruyó el crimen en su mente. Descartó la historia de Merrill por considerarla un invento para cubrir sus huellas. Se planteó la teoría de que Merrill y Laverne no se habían estado llevando bien; quizás había otra mujer. La pareja había discutido en la cocina. Laverne se había quitado su anillo y lo había arrojado a su esposo. El aro había terminado debajo del refrigerador. Merrill tomó algo y golpeó a su esposa. Ella cayó sobre el piso, inconsciente. Luego él la arrojó al sótano. Mientras caía, su muñeca golpeó contra la pared, lo cual lanzó el reloj hacia un recipiente de zanahorias. Merrill limpió la sangre del piso de la cocina, saqueó su propio consultorio y ocultó o destruyó el arma homicida antes de llamar a la policía.
La teoría de Shepard explicaba todos los hechos, salvo las 27 heridas en la cabeza de Laverne. Continuó su investigación. Se llevó a los técnicos del laboratorio a la casa. Del suelo de la cocina extrajeron minúsculas hebras de algodón, las cuales eran casi invisibles a simple vista. En otra parte de la casa encontraron un pedazo de tela que resultó tener las mismas fibras que se encontraron en el suelo. Alguien había limpiado el piso. Ciertamente, un drogadicto no se hubiera detenido para limpiar después de arrojar su víctima por las escaleras.
Las sospechas del teniente Shepard fueron generadas, primero, por la poco convincente historia del doctor. Ahora, tras conversar con los amigos de aquel, descubrió que Merrill frecuentaba a una atractiva cocinera de un restaurante local.
Elizabeth Mayo fue interrogada y voluntariamente cooperó con la policía. Era verdad. Ella y el doctor se habían visto a escondidas, por así decirlo. Merrill había hablado de divorcio, pero Elizabeth nunca pensó que él llegara tan lejos como matar a su esposa. Entregó las cartas de amor que le escribió Merrill apenas horas antes de la muerte de su esposa. Eso es lo que se llama un móvil.
Los detectives hicieron una impresión de la cabeza de Laverne. Luego hicieron un vaciado del tosco piso del sótano. Encontraron que al colocar el molde de la cabeza contra el vaciado del piso, ambos encajaban. Extrañamente, las heridas de la cabeza coincidían con las irregularidades del suelo. La víctima había recibido algunas de las heridas cuando fue arrojada por las escaleras al piso. Al examinar los peldaños se descubrió un cabello de ceja y partículas de carne. El cabello era igual a los extraídos de la cabeza de la víctima. El impacto de su cabeza contra los peldaños quizás había sido la causa de varias de sus heridas.
La mayor parte de la comunidad se reunió en la
Iglesia Metodista para asistir al funeral de Laverne
Joss, quien tenía 37 años al morir. Merrill Joss recibía
el consuelo de numerosos amigos mientras se
acercaba un pañuelo banco a los ojos. Cuando
salió de la iglesia, el jefe de la policía estatal,
Henry Weaver, lo arrestó. Fue acusado del asesinato
de su esposa y lo encerraron en la cárcel del condado Sagadahoc. Unas pocas semanas más tarde, mientras aguardaba juicio, Merrill le pidió prestada una hojilla
a otro reo. Cortó la piel de su brazo derecho y, usando una uña, aisló una arteria. Luego cortó la arteria
con la hojilla. Un guardia lo encontró inconsciente y llamó de inmediato a un médico. Fue transportado de urgencia al hospital y le aplicaron transfusiones de sangre. Los médicos que lo atendieron lograron salvarle la vida.
El 23 de junio de 1941, el doctor Merrill Joss fue enjuiciado por el asesinato de su esposa. El proceso se prolongó por diez días. Los fiscales revelaron con dramatismo la historia del matrimonio de los Joss. Ambos habían estado casados con anterioridad y se sintieron atraídos el uno por el otro mientras trabajaban juntos en un hospital. Se divorciaron de sus respectivas parejas y se casaron.
Merrill admitió en el banquillo de los testigos que su esposa y él no se estaban llevando bien y habían hablado de divorcio. Aunque habían estado casados durante más de cinco años, nunca habían vivido como hombre y mujer. Laverne había sido sometida a una operación antes de casarse con él, por lo que resultaba imposible
que tuvieran relaciones sexuales normales. Su vida de casados se parecía más
a una relación de hermano y hermana que de esposo y esposa.
Declaró, además, que su esposa sabía de su amor por Elizabeth Mayo.
Su conversación sobre el divorcio había sido amistosa. Merrill Joss salió del
atolladero con relativa facilidad. El jurado evidentemente consideró que el crimen
no tenía la necesaria “premeditación”, por lo que redujo el veredicto a culpable
de homicidio.
El 5 de Julio de 1941, Joss fue sentenciado a no menos de 10 y no más
de 20 años en la prisión del estado en Thomaston, Maine.
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