- Reencuentro
con Maná.

- El Caribe en buenas letras.
- El círculo del terror se cierra.

 CRONICA
- Mañanas de yoga
- El discreto encanto de Mariángel Ruiz
- Tranquila y sis hijos
- Los famosos y sus excentricidades
TENDENCIAS
- Afrodisíacos, lo cierto y lo falso
SALUD
- Riñones saludables
SALUD
- Todo bien, por ahora
FAMILIA
- Claves
de la disciplina
BELLEZA
- Ese aroma
que fascina
MODA
- Corto metraje
COCINA
- Cocinando
con limón
MASCOTAS
- Comportamiento felino
 CRIMENES
 HOROSCOPO
 HUMOR
 MAYTTE
 CRUCIGRAMA
 ARCHIVO
 CONTACTENOS
 
 

Las claves
de la disciplina

Si algo anhelan los padres es disponer de un recetario mágico que les enseñe
a ejercer la autoridad para que sus hijos sean obedientes. Un especialista explica
las maneras efectivas para lograr que los niños hagan lo que se les manda.
Adriana Gibbs

El lograr que los niños sean obedientes es un afán compartido por no pocos padres. En su libro Ternura y firmeza con los hijos, el psiquiatra uruguayo Alexander Lyford-Pike sostiene que la educación que garantiza obediencia es la que equilibra justamente firmeza con ternura. Para padres "desesperados" o en vías de... el autor ofrece algunos tips para aplicarlos en el momento de dar una orden: lo que se debe procurar y lo que se debe evitar.
Estas son sus sugerencias:

1 Hablar claro: Las órdenes, de acuerdo con el autor, se deben comunicar de la manera más exacta posible. Para ello es importante utilizar un lenguaje adecuado, concreto y sin frases vagas e imprecisas. Por ejemplo: "Deja de molestar a tu hermana AHORA", "Quiero que te vistas YA para ir al colegio". Estos mensajes no dejan duda en los hijos sobre lo que se quiere que hagan y cuándo. "Pórtate bien", "sé bueno", puede no decirles nada. Además de ser importante lo que se dice, es fundamental la forma en que se hace: Los gritos deben evitarse. Es más eficiente un tono firme, pero calmado. También se recomienda mantener la tranquilidad y siempre hablarles mirándolos a los ojos y con algún tipo de contacto físico como ponerles una mano sobre el hombro.

"Cuando las órdenes tienen de parte del niño respuestas que conducen a una tonta discusión -escribe la psicóloga Magdalena Pulido en la publicación Hacer padres- es importante tener armas para no caer en ella. Por ejemplo, la mamá dice: 'Ordena tus juguetes ahora' y el niño responde 'pero ¿por qué yo? si Pedro también jugó'… y empieza una discusión por el sentido de justicia de la madre, que finalmente hace que el objetivo inicial se diluya. Para que esto no suceda, se proponen distintas técnicas, como la del disco rayado. Esta consiste en repetir la orden sin oír argumentos. 'Pero, mamá…'. 'Sí, ya lo sé, pero ordena tú los juguetes ahora'. 'Pero...'. 'No me importa, ordena tú los juguetes ya'. Esto es muy útil pues el niño ve que en la discusión no tendrá éxito y termina por ordenar".

Hablar claro implica también reconocer las buenas conductas y elogiarlas, ya que de este modo se estimulan las próximas. ¡Qué bien lo hiciste! o ¡Te felicito! son recomendaciones que no deben ser dichas por salir del paso, sino con énfasis.

2 Respaldar las palabras con hechos: "Cuando la comunicación con palabras no logra aún el objetivo deseado -escribe Lyford-Pike- es válido aplicar un castigo". Las acciones disciplinarias más eficaces son: El aislamiento; es decir, separarlo del resto y dejarlo en una situación aburrida o poco estimulante; y el retiro de privilegios: ver televisión, usar el teléfono, salir con los amigos… Es importante presentar el castigo como opción; es decir, "O te comes la comida inmediatamente o te vas a tu cuarto", pues así el niño tiene la posibilidad de elegir. Eso sí, la medida disciplinaria debe ejecutarse si la situación lo amerita, y no quedar en amenaza.


3 Establecer las reglas del juego: Si desde un comienzo se han establecido las reglas del juego, los niños sabrán que determinada conducta inapropiada tiene una respuesta específica por parte de los padres. Ante situaciones conflictivas los padres deben ser asertivos: decir lo que se piensa y saber decir que no. Saber mantener una actitud flexible y firme a la vez. En el trasfondo del mensaje que se dirija la lectura debería ser la siguiente: "Te queremos demasiado como para dejar que te portes así". "Tu problema de comportamiento debe terminar y estoy dispuesto a hacer lo necesario para que te des cuenta de que hablo en serio".


4 No dar respuestas inseguras: "Una respuesta es insegura cuando no le transmite al niño en forma precisa, fácilmente comprensible y firme, lo que se espera que haga", explica Pulido. Ejemplo de esto son las afirmaciones que no dan claramente la orden: "Te pedí que ordenaras tu pieza y todavía no lo haces, no me haces caso". Es también una orden insegura la que se hace en forma de pregunta: "¿Cuántas veces te he dicho que ordenes?". Esta interrogante es ineficaz, pues sólo transmite el disgusto de la madre. Lo mejor sería: "Ordena tus juguetes inmediatamente". El ruego también es una forma de mandar insegura: "Por favor, anda a acostarte que estoy muy cansada" transmite una imagen paterna de fragilidad y debilidad que induce a la desobediencia. También es poco efectivo dar una orden sin verificar que se cumpla y dejar que el niño siga en lo suyo; es como decirle: "Tengo que darte esta orden…, pero si no me haces caso, no te preocupes, lo hago yo y no te pasará nada".


5 Cero respuestas hostiles y agresivas: La hostilidad o la agresión son también un tipo de respuesta que no logra que el niño haga lo que se le manda. "Las órdenes con agresividad son una forma equivocada de autoritarismo que demuestran la desesperación de los padres y hacen que el niño se sienta rechazado. Ejemplo de este tipo de reacción son las formas de disminuirlo con frases como 'me vuelves loca', 'me enfermas', 'eres un desastre'. También las amenazas sin contenido: 'Me las vas a pagar'. Además la agresividad poco efectiva se demuestra en castigos excesivos no proporcionales a la mala conducta que, generalmente, surgen como una medida de desahogo de los padres". Las formas verbales que disminuyen a los hijos transmiten una hostilidad o agresión por parte de los padres que representan una mezcla equivocada de autoritarismo y exasperación. Actitudes como éstas pueden llevar inicialmente a la sumisión y luego a la rebeldía. La hostilidad de los padres aleja al hijo porque lo hace sentirse rechazado. Si la obediencia es por sumisión atemorizada, el mensaje fracasó, pues el niño debe obedecer porque entiende que así debe hacerlo y no por miedo. l

agibbs@eluniversal.com

DE PENITENCIAS Y OTROS EXCESOS

A los padres se les puede pasar la mano al castigar a sus hijos. Cuando se dan cuenta de que la sanción es excesiva, muchas veces tienen que dar marcha atrás, lo cual también le da al niño un mensaje de debilidad e inconsistencia paterna y por lo tanto de que dichos castigos no se tienen que tomar necesariamente en serio. En este sentido, es fundamental que el castigo tenga un comienzo y un final.

La agresión física puede ser una explosión paterna no meditada, con un efecto negativo sobre la educación del niño, que lo hace sentirse rechazado. Además, le demuestra al niño de que los padres son incapaces de autocontrolarse y medirse, dando pie para que el niño imite esto a futuro. Además, la agresión física anula la relación de confianza y seguridad entre padres e hijos. Debe evitarse a toda costa.

 

 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso