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Las
claves
de la disciplina
Si algo anhelan los padres es disponer
de un recetario mágico que les enseñe
a ejercer la autoridad para que sus hijos sean obedientes. Un especialista
explica
las maneras efectivas para lograr que los niños hagan lo
que se les manda. Adriana Gibbs
El lograr que los niños sean obedientes
es un afán compartido por no pocos padres. En su libro Ternura
y firmeza con los hijos, el psiquiatra uruguayo Alexander Lyford-Pike
sostiene que la educación que garantiza obediencia es la
que equilibra justamente firmeza con ternura. Para padres "desesperados"
o en vías de... el autor ofrece algunos tips para aplicarlos
en el momento de dar una orden: lo que se debe procurar y lo que
se debe evitar.
Estas son sus sugerencias:
1 Hablar claro:
Las órdenes, de acuerdo con el autor, se deben comunicar
de la manera más exacta posible. Para ello es importante
utilizar un lenguaje adecuado, concreto y sin frases vagas e imprecisas.
Por ejemplo: "Deja de molestar a tu hermana AHORA", "Quiero
que te vistas YA para ir al colegio". Estos mensajes no dejan
duda en los hijos sobre lo que se quiere que hagan y cuándo.
"Pórtate bien", "sé bueno", puede
no decirles nada. Además de ser importante lo que se dice,
es fundamental la forma en que se hace: Los gritos deben evitarse.
Es más eficiente un tono firme, pero calmado. También
se recomienda mantener la tranquilidad y siempre hablarles mirándolos
a los ojos y con algún tipo de contacto físico como
ponerles una mano sobre el hombro.
"Cuando las órdenes tienen de parte
del niño respuestas que conducen a una tonta discusión
-escribe la psicóloga Magdalena Pulido en la publicación
Hacer padres- es importante tener armas para no caer en ella. Por
ejemplo, la mamá dice: 'Ordena tus juguetes ahora' y el niño
responde 'pero ¿por qué yo? si Pedro también
jugó'
y empieza una discusión por el sentido
de justicia de la madre, que finalmente hace que el objetivo inicial
se diluya. Para que esto no suceda, se proponen distintas técnicas,
como la del disco rayado. Esta consiste en repetir la orden sin
oír argumentos. 'Pero, mamá
'. 'Sí, ya
lo sé, pero ordena tú los juguetes ahora'. 'Pero...'.
'No me importa, ordena tú los juguetes ya'. Esto es muy útil
pues el niño ve que en la discusión no tendrá
éxito y termina por ordenar".
Hablar claro implica también reconocer
las buenas conductas y elogiarlas, ya que de este modo se estimulan
las próximas. ¡Qué bien lo hiciste! o ¡Te
felicito! son recomendaciones que no deben ser dichas por salir
del paso, sino con énfasis.
2 Respaldar las
palabras con hechos: "Cuando la comunicación
con palabras no logra aún el objetivo deseado -escribe Lyford-Pike-
es válido aplicar un castigo". Las acciones disciplinarias
más eficaces son: El aislamiento; es decir, separarlo del
resto y dejarlo en una situación aburrida o poco estimulante;
y el retiro de privilegios: ver televisión, usar el teléfono,
salir con los amigos
Es importante presentar el castigo como
opción; es decir, "O te comes la comida inmediatamente
o te vas a tu cuarto", pues así el niño tiene
la posibilidad de elegir. Eso sí, la medida disciplinaria
debe ejecutarse si la situación lo amerita, y no quedar en
amenaza.
3 Establecer las reglas del juego:
Si desde un comienzo se han establecido las reglas del juego, los
niños sabrán que determinada conducta inapropiada
tiene una respuesta específica por parte de los padres. Ante
situaciones conflictivas los padres deben ser asertivos: decir lo
que se piensa y saber decir que no. Saber mantener una actitud flexible
y firme a la vez. En el trasfondo del mensaje que se dirija la lectura
debería ser la siguiente: "Te queremos demasiado como
para dejar que te portes así". "Tu problema de
comportamiento debe terminar y estoy dispuesto a hacer lo necesario
para que te des cuenta de que hablo en serio".
4 No dar respuestas inseguras:
"Una respuesta es insegura cuando no le transmite al niño
en forma precisa, fácilmente comprensible y firme, lo que
se espera que haga", explica Pulido. Ejemplo de esto son las
afirmaciones que no dan claramente la orden: "Te pedí
que ordenaras tu pieza y todavía no lo haces, no me haces
caso". Es también una orden insegura la que se hace
en forma de pregunta: "¿Cuántas veces te he dicho
que ordenes?". Esta interrogante es ineficaz, pues sólo
transmite el disgusto de la madre. Lo mejor sería: "Ordena
tus juguetes inmediatamente". El ruego también es una
forma de mandar insegura: "Por favor, anda a acostarte que
estoy muy cansada" transmite una imagen paterna de fragilidad
y debilidad que induce a la desobediencia. También es poco
efectivo dar una orden sin verificar que se cumpla y dejar que el
niño siga en lo suyo; es como decirle: "Tengo que darte
esta orden
, pero si no me haces caso, no te preocupes, lo
hago yo y no te pasará nada".
5 Cero respuestas hostiles y
agresivas: La hostilidad o la agresión
son también un tipo de respuesta que no logra que el niño
haga lo que se le manda. "Las órdenes con agresividad
son una forma equivocada de autoritarismo que demuestran la desesperación
de los padres y hacen que el niño se sienta rechazado. Ejemplo
de este tipo de reacción son las formas de disminuirlo con
frases como 'me vuelves loca', 'me enfermas', 'eres un desastre'.
También las amenazas sin contenido: 'Me las vas a pagar'.
Además la agresividad poco efectiva se demuestra en castigos
excesivos no proporcionales a la mala conducta que, generalmente,
surgen como una medida de desahogo de los padres". Las formas
verbales que disminuyen a los hijos transmiten una hostilidad o
agresión por parte de los padres que representan una mezcla
equivocada de autoritarismo y exasperación. Actitudes como
éstas pueden llevar inicialmente a la sumisión y luego
a la rebeldía. La hostilidad de los padres aleja al hijo
porque lo hace sentirse rechazado. Si la obediencia es por sumisión
atemorizada, el mensaje fracasó, pues el niño debe
obedecer porque entiende que así debe hacerlo y no por miedo.
l
agibbs@eluniversal.com
| DE PENITENCIAS Y OTROS EXCESOS |
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A los padres se les puede pasar la mano al castigar a sus
hijos. Cuando se dan cuenta de que la sanción es excesiva,
muchas veces tienen que dar marcha atrás, lo cual también
le da al niño un mensaje de debilidad e inconsistencia
paterna y por lo tanto de que dichos castigos no se tienen
que tomar necesariamente en serio. En este sentido, es fundamental
que el castigo tenga un comienzo y un final.
La agresión física puede ser una explosión
paterna no meditada, con un efecto negativo sobre la educación
del niño, que lo hace sentirse rechazado. Además,
le demuestra al niño de que los padres son incapaces
de autocontrolarse y medirse, dando pie para que el niño
imite esto a futuro. Además, la agresión física
anula la relación de confianza y seguridad entre padres
e hijos. Debe evitarse a toda costa.
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