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Ashley Judd tiene una llama como mascota
Donald Trump lanzó al mercado la fragancia
que lleva su nombre
Jim Carrey envía tres veces por semana a
su perro labrador a un masajista profesional
Elizabeth Taylor y su inseparable
perro maltés, Sugar
Ben Affleck le regaló a Jennifer López un Rolls Royce Phantom valorado en casi 400 mil dólares

Los famosos y sus excentricidades

Hay quienes aseguran que Hollywood se volvió loco, pero no sólo a esta ciudad se le ha subido la fama a la cabeza. Para quien lo dude, he aquí este “divino” compendio de rarezas... Adriana Gibbs

El dinero combinado con la fama puede ser explosivo. Esto ha sucedido con no pocas celebridades, que parecieran competir por saber quién es el más exagerado en cuanto a excentricidades se refiere. Comienza aquí una “deliciosa” enumeración de sus locuras:

“Pequeños” gustos: El de la actriz Sharon Stone, quien invitó al poeta mexicano Octavio Paz, y le pagó el avión, para que fuera a Savannah, Georgia, donde ella filmaba Last Dance. Le invitó a almorzar y conversar sobre poesía.

Las fiestas, como es de suponerse, son territorio de extravagancias. Una perlita: después de que Celine Dion y su esposo, René Angelil, renovaron sus votos conyugales en una ceremonia con camellos, odaliscas y encantadores de serpientes, Angelil fue transportado a la recepción en una litera de seda dorada, y Dion en otra de seda blanca.

Ellos y sus mascotas: Elizabeth Taylor intentó que las autoridades británicas transgredieran sus leyes para que ella pudiera llevar su perro maltés, Sugar, al Palacio de Buckingham, en su condecoración como Dama de la Orden del Imperio Británico. Otro cachorro con suerte es el de Jim Carrey: el actor envía tres veces por semana a su perro labrador, Hazel, a un masajista profesional para terapias caninas antiestrés. Ashley Judd, por su parte, tiene una llama como mascota.

Caprichos y manías: Peter Fonda usa lentes a prueba de balas, Woody Allen se toma la temperatura cada dos horas, y Bárbara Streisand cultiva su propia variedad de rosa, que bautizó con su nombre. Cuando Jennifer López se aloja en un hotel, se lleva sus propias sábanas porque no puede dormir en telas hechas con menos de 250 hilos. Y Brad Pitt, en una ocasión, pagó 20.000 dólares por unas plantas exóticas que jamás fue a retirar del vivero.

Malcriadeces: La de Mariah Carey, quien se dio el lujo de rechazar una limusina para asistir a los premios Grammy, porque no era del color que ella había pedido. Y en Londres, Naomi Campbell, acompañada de su novio, el rapero Usher y unos amigos (a quienes ella había invitado a cenar), protagonizó tremendo rollo en el restaurante Cipriani cuando se negó a pagar la cuenta de casi cuatro mil dólares que le presentaron. Dicen que Naomi -muy acostumbrada a recibir cosas gratis- esperaba que le regalaran algunas de las botellas de champaña, y se indignó cuando todas eran parte de la cuenta final...

Y las estrellas de la música se crean necesidades nunca antes pensadas. Basta echar un vistazo a las del ídolo mexicano Luis Miguel: desde tener cinco casas en diferentes partes del mundo, hasta pedir cortinas negras en su habitación para que no se filtre el sol y le dé la luz en la cara. Cuenta con dos guardaespaldas que lo vigilan paso a paso las 24 horas del día. Además, en su camerino, lo use o no, debe haber agua embotellada, bebidas energizantes, carnes frías, fruta, tequila, vodka y whisky. Y a cualquier país que vaya pide hospedarse en la suite presidencial o de lujo con toallas completamente blancas, velas con olor a vainilla, camilla de masajes, una bicicleta para hacer ejercicio y un chef exclusivo que le cocine comida turca y ensaladas exóticas.
Pero en estas lides, la popular JLo lideriza: la chica solicita, de ser necesario, que cambien la iluminación de la habitación del hotel. Además, se le debe garantizar una habitación donde todo sea blanco (paredes, mesas, sillas, sábanas, flores, velas...) y no haya algún alimento que pueda tentarla.

Cuando está de gira, la agrupación Rolling Stones pide decenas de autos, varios camerinos detrás del escenario -con refrigeración y baño-, 600 toallas, cientos de litros de alcohol y una sala de primeros auxilios. The Cure exige decorar sus camerinos a la moda gótica, y Prince, que estén pintados de negro. Dicen que Britney Spears suele pedir por adelantado ensaladas de camarones y langostinos, bebidas energéticas, chicles, caramelos y decenas de cajas de cereales.

En Argentina, el músico Lou Reed, pidió un masajista que practicase un verdadero masaje japonés y quiso llevarse el colchón del hotel donde se alojó. Bruce Springsteen solicitó una bombona de oxígeno para reanimarse después del concierto. La que ya se está tomando muy en serio su papel de diva del pop es Paulina Rubio, quien manda una lista con sus peticiones una semana antes de dar un concierto en cualquier país. Antes de visitar Perú, la niña requirió que su habitación estuviera pintada totalmente de negro e incluyera un espejo de cuerpo entero, una mesa de maquillaje y que el escenario estuviera decorado con velas.

Y los magnates: Rupert Murdoch, el potentado de las comunicaciones, acaba de comprar el apartamento más caro de Nueva York: 33 millones de euros pagó por un ático triplex situado en la Quinta Avenida, y que pertenecía hasta ahora a Laura Rockefeller. Otro acaudalado, Donald Trump, se permitió lanzar una colonia con su nombre.

Atrevimientos: tras despotricar contra el catolicismo, Madonna le pidió al Papa que bautizara personalmente a su hija Lourdes.

Obsequios “discretos”: Una pareja que dio de qué hablar en su momento fue la de Jennifer López y Ben Affleck. Los regalos que el uno le dio al otro fueron la comidilla de la prensa del corazón. El actor gastó más de un millón de dólares en regalos cuando la cantante cumplió 33 años: un Rolls Royce Phantom valorado en casi 400 mil dólares y un anillo de topacios con diamantes.

Exigencias de estrella. El actor Andy Garcia exigió un modelo determinado de avión privado, el currículum de todo el personal de seguridad, un piano blanco en su suite, dos coches blindados, uno para él y otro para su mujer, y seis guardaespaldas.

Y en España: El diario español El Mundo develó los requerimientos de algunos artistas a su llegada a Madrid. Lo habitual es que estos personajes no aterricen, como el común de los mortales, en Barajas. Suelen volar en un jet privado y toman tierra en el aeropuerto de Torrejón. Allí ya les está esperando una nutrida comitiva que les conducirá al hotel elegido (Palace, Ritz o Villamagna). En estos lujosos refugios les espera la suite real, presidencial o imperial, de más de 500 metros cuadrados y dotada con varios salones, jacuzzi, cocina y hasta mayordomo propio. Las peticiones rozan, en muchos casos, el absurdo: comidas especiales y a una temperatura determinada (a requerimiento de Shakira), los últimos aparatos de gimnasia (para Janet Jackson) o un preciso tipo de flores (Madonna quiso rosas blancas). “Cher nos pidió un zumo de grosellas que no teníamos y hubo que salir corriendo a comprarlo. Gloria Stefan quería ropa de Armani y tuvieron que venir cinco personas de la tienda para traerle lo que había pedido. Faye Dunaway sólo comía un helado dietético que traía en su propia nevera. Pavarotti pidió una cocina en su suite. En fin, intentamos que tengan todo lo que piden”, les reveló al diario español Fernando López Lens, jefe de recepción del hotel Palace. l

Fuentes consultadas: Movieline, La Vox,
Diarios La Nacion, El Mundo y La Vanguardia

Ver también en Encuentros:
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