| Tranquila
y sin hijos
Es una tendencia que pareciera cobrar más
fuerza en el mundo.. Más féminas se unen al grupo
de quienes no desean ser madres. ¿Egoístas? ¿Independientes?
¿Irresponsables? Aquí, algunos testimonios dejan al
descubierto lo que piensa una mujer que decide vivir sin hijos.
Idalia De León. Fotos: Natalia Brand
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“No tener
hijos no me hace ser irresponsable. Yo siento que me tomo
muy seriamente la responsabilidad que tengo con mi vida profesional,
como pareja y ciudadana”. —NILDA
RONDON
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“Yo no voy
a tener un hijo para sentirme realizada, porque me toca, ni
para que me acompañe cuando esté viejita. No
creo que esas deban ser las razones para
tener un hijo”. —MERCEDES
PERDOMO
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“Yo creo
que las mujeres
tienen hijos,
más por una reafirmación cultural
de femenidad,
que por un instinto maternal auténtico”.
—CONSUELO LAYA
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Despues de 11 años de matrimonio, Kira González se
cansó de que le preguntaran por qué no había
tenido hijos. “La gente me abordaba de una manera tan autoritaria,
que cualquiera diría que ellos me los iban a mantener. Me
provocaba decirles que no podía tenerlos”. La presión
social empezó a sentirla desde que se casó y dejó
de padecerla cuando, finalmente, después de haber superado
varios intentos fallidos, nació Rosángela y después
Jesús Armando. Kira nunca se manifestó contraria a
la idea de la maternidad, pero experimentó —confiesa—
la presión que deben sentir quienes optaron por no traer
niños al mundo.
Una de cada tres mujeres alemanas no desea
ser madre. En Estados Unidos, 20% de las mujeres entre 40 y 44 años
no tiene hijos. Una de cada 10 mujeres argentinas no es mamá.
España, según pronósticos de la Organización
de las Naciones Unidas, para el 2050 será el país
“mas viejo” de Europa, de mantenerse la bajísima
tasa de natalidad que actualmente posee. En el libro La revolución
de no tener hijos, de Madlyn Cain, se lanza un cifra: hacia el año
2010 las parejas sin niños constituirán un 44%, cifra
que no especifica cuántos decidieron, definitivamente, no
ser padres. Desde hace años, el asunto se convirtió
en un problema de Estado para algunos países de Europa. La
sociedad empezó a envejecer sin que las nuevas generaciones
demostraran visos de querer seguir poblando al mundo. La irrupción
de la pastilla anticonceptiva en los años sesenta le otorgó
otro lugar a la sexualidad femenina y al tema de la reproducción.
A las mujeres se les dijo que una cosa no tenía que venir
con la otra. En Venezuela, aunque las cifras no son contundentes,
delinean una tendencia que cada vez se marca más entre la
población femenina. Las venezolanas, según revela
el censo de 2001, cada vez tienen menos hijos. Pasaron, de tener
3 hijos (1990) a 2 hijos.
Nilda Rondón es psicóloga, tiene
37 años, y desde que estaba en la escuela primaria –recuerda—
nunca se sintió identificada con el personaje de Susanita,
la de la historieta de Quino, quien siempre verbalizaba su deseo
de casarse y, sobre todas las cosas, ser madre. La familia de Nilda
siempre le argumentaba que cambiaría de opinión cuando
se convirtiera en esposa o, por lo menos, tuviera con quien procrear.
Le decían que estaba loca, que quién la cuidaría
en la vejez. “En esa época tenía la excusa de
no tener con quién, y como en mi familia estar casado era
parte de lo que tenía que ocurrir para tener hijos, no había
tal presión y el tema no aparecía con mucha frecuencia,
porque total, no tenía con quién. Pero ahora que tengo
la pareja el tema se plantea desde otro lugar; me dicen cosas como:
‘sabes que me tropecé con fulanito y me preguntó
si no ibas a tener un bebé’. Creo que mi mamá,
específicamente, ha terminado convenciéndose porque
no le queda más remedio. Se ha dado cuenta de que he sido
consistente con lo que vengo repitiendo desde hace muchos años”.
Para Nilda, el asunto ha revestido tanta seriedad,
que se convirtió en un tema de investigación. Está
escribiendo un libro sobre el tema. “Las mujeres que deciden
no tener hijos son satanizadas constantemente. Pero las que se casan
y deciden no tenerlos, son las peores vistas, sobre todo si están
en edad de procrear. Son catalogadas de egoístas, como personas
que no quieren asumir compromisos. En mi caso, yo siento que me
tomo muy seriamente la responsabilidad que tengo con mi vida profesional,
como pareja y ciudadana. No me considero, desde ningún punto
de vista, una persona irresponsable. Oprah Winfrey, quien no tiene
hijos, recientemente regaló a un grupo de maestros de escuela,
obsequios equivalentes a 25 mil dólares. Esto dice mucho
de lo comprometida que está esta mujer con el futuro de la
humanidad y con el futuro de los niños, al demostrar su preocupación
por el bienestar de las personas responsables en la educación
de los seres humanos”.
Según las indagaciones hechas para
su investigación sobre la no maternidad, hay razones predominantes
entre las mujeres que decidieron no quedar embarazadas. Están
las que consideran al mundo como un lugar muy inseguro para vivir,
y se plantean cómo traer bebés a un lugar en guerra
y con tantos problemas. Algunas no se creen lo suficientemente capaces
para criar a un niño. Piensan que no serían buenas
madres. Otras, sencillamente, nunca sintieron eso que se llama instinto
maternal. “No tengo instinto maternal. Me importa pensar que
pasé por este mundo y alguien me leyó. Pero no creo
en la reproducción. Por eso no me arrepiento de no haber
tenido hijos”, dijo en una oportunidad Maruja Torres, escritora
y periodista española.
En los países desarrollados, al parecer,
las razones apuntan en otro sentido. La dificultad de prosperar
económicamente, de ascender en sus lugares de trabajo las
ha llevado a postergar la decisión; por un lado se les pasa
el tiempo para procrear esperando lograr una mejor posición,
y otras se debaten entre hacerle caso o no al refrán que
reza que quien asa dos conejos a la vez siempre se le quema uno.
Se preguntan si, al mismo tiempo, se puede ser buena gerente y buena
madre.
Pero no es fácil encontrar quien se
atreva a expresar tajantemente su decisión. Pocas, como la
periodista Rosa Montero, son contundentes “El hecho de no
tener hijos me permite una vida más libre”. Y no es
fácil encontrar quienes levanten su voz para expresar tal
opinión, porque, por una parte, no están seguras de
no querer ser madres, o el tiempo va modificando su punto de vista
respecto al tema.
“En mi decisión de no tener hijos
pasé por varias etapas”, dice Consuelo Laya, de 45
años, y profesora de fotografía en la Escuela de Artes
Visuales Cristóbal Rojas. En la adolescencia expresaba que
no sería madre porque quería estudiar y, además,
el mundo le parecía un lugar terrible para vivir. En la veintena
el conflicto era la estabilidad de la pareja. No se veía
criando un hijo sola, haciéndose cargo de la lechina del
nené y atendiendo la cita de la maestra que le llamó
para decirle que su hijo le cayó a piedras a un compañero.
En la treintena el tema era el tiempo. El trabajo y los estudios
no le permitían cuidar al chico y se negaba a tenerlo para
que lo criara una guardería o su mamá. “Ahora,
en los cuarenta, el asunto es mi libertad”, comenta.
“Yo creo que las mujeres tienen hijos,
más por una reafirmación cultural de la feminidad,
que por un instinto maternal auténtico”, expresa Consuelo.
“Hay un aparataje cultural, ideológico, económico
y filosófico que te conmina a ser madre. El asunto es que
cuando uno opta por no serlo, la sociedad siente que esa inversión
se perdió, y uno pasa a convertirse en la mala de la película.
Creo que ser madre es una responsabilidad muy grande, que va más
allá de darle un plato de comida a un niño o hacerle
una fiesta de cumpleaños. Es formar un ciudadano, es inculcar
valores e ideas a una personita que después se convertirá
en parte de la sociedad. Creo que a las mujeres nos falta proyección.
Se nos olvida que es un compromiso que puede abarcar 20, 30 ó
50 años de vida. Y si a ver vamos, el ser firme con no querer
ese compromiso, ya es un compromiso”.
Si Rosa Montero y Consuelo Laya no temen ser
blanco de la crítica, existen las que sí. En su investigación,
Nilda intenta dar una explicación: “Las que no pueden
tener hijos por razones biológicas están perdonadas.
Es fácil desmontar la decisión yéndose a los
casos extremos, como decir que son mujeres que odian o no les gustan
los niños o que hay taras genéticas en la familia.
Quiero que la gente entienda que hoy en día tener niños
no es una decisión automática. Es una de las otras
áreas en las que un ser humano puede decidir. Creo que las
mujeres pueden tener sueños aún cuando no sean mamás.
Es posible ser feliz, ser realizada, llevar una vida tan buena como
la que es madre, sin tener hijos”.
| Las
razones del si |
l
Para realizarme como mujer
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Porque quiero tener quien me acompañe en la vejez
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Para que quede un testimonio de mi paso por el mundo
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Porque en la vida hay que sembrar un árbol, escribir
un libro, y tener un hijo
l
Porque los niños proporcionan muchas satisfacciones
l
Me encantan los niños
l
Es un instinto básico femenino
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| a |
| Las
razones del no |
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El mundo es un lugar muy caótico para traer a alguien
para vivir en él
l
No tengo instinto maternal
l
Es mucha responsabilidad
formar un buen ciudadano
l
Me importa más mi desarrollo profesional
l
Un hijo me quita libertad para hacer lo que quiero
l
Me gustan los niños pero no es importante para mí
tener uno mío
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Cuestión de conciencia.
Mercedes Perdomo tiene 43 años, es licenciada en Administración
y actualmente estudia un postgrado en Auditoría. Trabaja
en el Banco Central de Venezuela. La decisión le fue llegando
sobre la marcha. No se sentó un día y se dijo “no
quiero ser mamá”.
“Antes, la gente me preguntaba
constantemente si iba a tener hijos y yo les respondía ‘y
por qué no los tienes tú’. El caso es que las
personas siempre van a opinar. Primero, el problema es si no tienes
pareja, y después, cuando la tienes, el asunto es que no
tienes muchachos. Ya la presión en relación con el
tema ha bajado porque se han dado cuenta de que soy firme en mi
decisión. Incluso, mis amigas que tienen hijos, me dicen
que es mejor que no los tenga. De hecho, me aplauden la idea. Están
las otras que dicen que los tenga para que no me quede sola en la
vejez. Yo no voy a tener un hijo para sentirme realizada, porque
me toca, ni para que me acompañe cuando esté viejita.
No creo que esas deban ser las razones para tener un hijo”.
“Tener un hijo debe ser un acto
de amor, una decisión entre dos, por sobre todas las cosas.
Hubiese sido incapaz de haber quedado embarazada sin el consentimiento
de mi pareja. Así no se hacen las cosas. Ser madre es una
cuestión de conciencia y sobre todo una responsabilidad.
Porque con el mundo como está, hay que hacer lo posible por
procurarle un buen tránsito por el planeta”, confiesa
Mercedes.
En este sentido, comenta Nilda Rondón,
que hay gente muy preocupada por la manera cómo crece un
niño. Y se entiende, pues, para la especialista, la mayoría
de la gente cría a sus hijos en automático. “Dicen
que no van a hacer con su hijo lo que hicieron con él, y
resulta que hacen exactamente lo mismo o una cosa completamente
diferente pero con el mismo resultado”. Su recomendación,
para quienes se han inhibido de ser padres por los problemas de
comunicación y generacionales que conlleva el tema, es que
deberían tomárselo con más calma. Piensa que
actualmente existe información suficiente para que los seres
humanos convivan de una mejor manera, para aprender a respetar la
naturaleza del hijo y evitar la permanente confrontación.
¿Y los hombres? ¿Qué
pasa con los hombres que no quieren tener descendencia?
“No creo que el no tener hijos sea un problema nada más
para las mujeres. En culturas como la estadounidense está
muy mal visto el no tener descendencia. Tener niños es parte
del plan de vida de los hombres. Si no los tienes es como si pertenecieras
a otro mundo y te ves en la obligación de rodearte de los
que son como tú para no estar permanente bombardeada por
el entorno. En el caso de Venezuela es un asunto más de la
mujer. Si el hombre no los tiene no pasa nada. En la India es igual
que acá, no hay manera de vivir sin haber concebido hijos.
En todo caso yo estoy agradecida, a pesar de la presión social
que viví, de haber tenido la familia que tuve porque pude
tomar la decisión sin mayores traumas. Hay culturas donde
eso no es posible”.
En una oportunidad le preguntaron al escritor peruano Alfredo Bryce
Echenique si pensaba tener hijos, a lo cual respondió: “La
verdad es que no, pues conmigo me basta”. La respuesta mueve
a risa, pero, en todo caso, el asunto, desde la perspectiva masculina
posee otras aristas, pero ese ya es otro tema. l
| Sin
herederos |
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Soraya y Reza |
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Coco Chanel |
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Josephine Baker |
El sha de Persia, Reza Pahlevi,
tuvo que separarse de la bellísima princesa Soraya
porque ella era estéril. Debido a este designio del
destino, la princesa de los ojos tristes fue "repudiada"
y obligada a vivir en el exilio, de acuerdo con los dictámenes
de la tradición persa. El Sha, necesitado, como todo
monarca, de un heredero, contrajo nupcias con la también
bella Farah Diba, quien sí le dió un hijo, y
varón. Dice la prensa del corazón que a partir
de ese momento la vida de Soraya se convirtió en una
cadena de pesares. Por su parte, la reina Margarita, mejor
conocida como Margot, quien reinó en el siglo XVI,
tuvo que separarse del prícipe de Navarra -hombre que
no amaba y con quien se casó por conveniencia- debido
a que no pudo darle descendencia. Ambas mujeres fueron infelices
por el hecho de no poder ser madres y porque dicha imposibilidad
era, por demás, un asunto de Estado.
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Marilyn Monroe |
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Oprha Winfrey |
Pero la historia también
registra casos de mujeres, como la diseñadora Coco
Chanel, quien pudo sobreponerse al hecho de no poder quedar
embarazada desarrollando una brillante y exitosa carrera en
el mundo de la moda. La cantante Josephine Baker y la actriz
Marilyn Monroe comparten el triste infortunio de no haber
podido tener cría cuando decidieron que había
llegado el momento. Amabas quedaron estériles como
consecuencia de habese practicado sendos abortos. Condoleeza
Rice, secretaria de Estado de Estados Unidos, Carly Fiorina,
presidenta de Hewlett Packard, y la actriz y presentadora
de televisión Oprah Winfrey, son, hoy en día,
tres de las mujeres más influyentes de su país.
Ninguna de las tres tiene hijos. No son del dominio público
las razones que hay detrás de la decisión de
cada una, pero, difícilmente alguna pueda sentirse,
como la princesa Soraya y la reina Margot.
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Ver también en Encuentros:
- El discreto encanto
de Mariángel Ruiz
- Los famosos y sus excentricidades |