GAITAS
con clase
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| Asistente de fotografía: Anita Carli |
Las agrupaciones colegiales que cantan y bailan bajo el encanto de este ritmo marabino están ya más que institucionalizadas entre los jóvenes del país, colocándose, además, en la mira de los productores deespectáculos masivos.
Por María Elisa Espinosa. Fotos: Natalia Brand
Muy atrás, pero muuuuy atrás, quedaron aquellos días en los que las gaitas colegiales vestían un clásico uniforme. Desde hace algo más de una década, el asunto se ha transformado en todo un Fenómeno… Y sí: Fenómeno con F mayúscula, con F de Fiesta, con F de Fashion y, también, con F de Furruco… aunque, hay que aclararlo desde ya, no todas las agrupaciones escolares usan este instrumento siempre. Lo cierto es que los estándares de una presentación de cualquiera de estas bandas nacidas entre recreos y pupitres, van mucho más allá del simple acto colegial. Sus gaitas resultan, más bien, todo un suceso en el que tiempo, talento, esfuerzo y dinero van tomados de la mano… ¡y al son que les toquen!, pues, bienvenidos sean todos los otros géneros que, no siendo precisamente este ritmo marabino, también suelen incorporarse en el repertorio como parte del fastuoso espectáculo.
El desenfreno comienza entre los meses de marzo y abril previos a las fiestas decembrinas de ese año, y sólo el período vacacional de julio y agosto es buena excusa para no dedicarse a estos menesteres gaiteros. De resto, los ensayos se convierten en materia imperdible para los muchachos, sin descuidar, claro está, las otras que efectivamente les darán la puntuación necesaria para no "rodar" en el camino.
La meta, no hay discusión, es pasar con las mejores notas ese año. Pero, asimismo, por lo que respecta a la Navidad, el objetivo está bien definido: divertirse sobre la tarima y dejar el nombre del colegio muy en alto. Para ello, sólo hace falta saber algo de música o baile; aunque, de no ser así, también está la opción de aprender en tiempo récord. Pues, como Víctor Gómez, director musical del grupo de gaitas del colegio El Ángel, ubicado en Chuao, al este de Caracas, lo dice: no deja de impactar la gran velocidad con la cual los muchachos y muchachas -la mayoría de ellos de cuarto y quinto año de bachillerato- lo absorben todo hasta llegar a ofrecer un show al que le falta muy poco para ser profesional.
Según cuenta, ninguno de ellos es artista, por más afición que tengan hacia la música o el baile. No obstante, algunos llegan a descubrir esta vena a través de la experiencia de las gaitas colegiales. "Aquí nos encontramos con muchas cosas: desde los jóvenes que nunca han tenido instrucción, pero sí muchas ganas y talento; y también están aquellos con un potencial bien canalizado desde antes y que, por lo tanto, tienen un nivel suficiente como para empezar a proyectarse más allá del colegio".
Con los sueños puestos…
Detrás de Gómez, descansando la garganta y aquietando los pies después de tanto menear el cuerpo durante un largo ensayo vespertino, se les escucha la voz a Reynaldo Mercier y Corina Cedeño, perfectos ejemplos de lo que sostiene el director musical de la banda.
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| COLEGIO SAN LUIS Desde los ensayos se da todo lo mejor |
Aunque sin mayor experiencia previa, siendo dos de los cantantes del grupo de gaitas de El Ángel, resumen así sus aspiraciones: "Desde pequeña me ha gustado la música, estudié un año de Teoría y Solfeo, y por eso audicioné para el canto, pues es lo que más me llena… Tengo mis sueños súper puestos en llegar lejos", dice ella.
En el caso de Reynaldo, también parece tener muy clara la razón de estar allí: "Nosotros nos preparamos para todos los festivales que se organizan durante la temporada navideña y entre las cosas que nos planteamos está contribuir para que la movida se haga cada vez más profesional".
Y dicho y hecho. Cada vez más, las gaitas intercolegiales se han colocado en la mira de productores de espectáculos masivos, así como se están utilizando como canal expedito para el mercadeo de marcas dirigidas a un público juvenil.La Rumba Intercolegial de Gaitas que se organiza desde 2002 en el estacionamiento del Centro Ciudad Comercial Tamanaco es quizás la mejor muestra de ello. Allí se han llegado a congregar más de una treintena de agrupaciones de música y baile de distintos institutos educativos de Caracas (hasta la fecha de la elaboración de este artículo, la final de la edición 2007 estaba pautada para ayer sábado, 1°de diciembre).
El espectáculo, en sí, es maratónico, pues se trata de tres días de eliminatorias, para concluir con una final en la que se premian las categorías: Mejor Barra, Mejor Coreografía, Mejor Vestuario y Mejor Colegio Interactivo (selección hecha en línea a través de la página www.rumbacolegial.com); además de los tres primeros lugares que reciben como reconocimiento a tanto esfuerzo preseas nada desdeñables, como por ejemplo, un vehículo 0 kilómetros en el caso del colegio ganador.
Danny Goncalves, director de Comercialización de Solid Show Producciones (empresa encargada de la realización de este megaevento), no niega el filón de negocio que todo esto conlleva: "Partamos de la base de que cada colegio cuenta con una matrícula promedio de mil estudiantes que se pueden atraer en cada edición de la Rumba Gaitera; y si eso lo multiplicamos por los más de 30 institutos participantes, estaríamos hablando de más de 30 mil personas como público cautivo". ¿Malo? ¡Malo no es!
15 minutos y no más
Pero no se crea que la cosa es fiesta y ya. Para participar en este evento intercolegial, mucho ensayo ha de correr y cierta normativa ha de respetarse. El propio Goncalves esboza algunas de ellas: por cada colegio no debe haber más de 30 participantes en tarima (entre banda y cuerpo de baile); sólo se permiten dos miembros "importados" (es decir, que no sean parte de esa comunidad educativa); y tampoco puede haber artistas profesionales en escena (aunque esto no impide que alguien con trayectoria y formación académica -sea de música o danza- los prepare para la presentación).
Añádasele a esto la limitación de tiempo a un cuarto de hora que se le da a cada colegio para su participación en el festival. Ni más ni menos. Es decir, que en ningún otro caso cobra mayor validez la frase… "¡Y vivieron sus 15 minutos de fama!".
De eso, por cierto, están muy claros los muchachos que se animan a inscribirse en intercolegiales como éste o como cualquiera de los muchos que se organizan durante la temporada navideña. Para ello se preparan y para ello invierten todo lo que invierten en alquiler de un espacio para los ensayos (si el colegio no se los provee), vestuario, sonido, escenografía (en el caso de que sea necesario) y demás menudencias que se presenten en el camino.
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| COLEGIO EL ANGEL Desde el mes de abril no han descansado entre ensayos y presentaciones predecembrinas |
Sobre esos intríngulis, y sobre cómo algunos institutos se las ingenian para estar muy bien representados, Daniela Reyes, encargada de llevar la logística del grupo de gaitas del colegio San Luis, concede ciertas claves: "Lo primero que se necesita son las ganas de sacar el grupo adelante dedicándole todo el tiempo que sea necesario para que la música suene bien y el baile se vea lo mejor posible. En mi caso, me ocupo de cuadrar las horas de ensayo, avisarles a todos el lugar y la hora de los ensayos, cuadrar los toques, que todo el mundo pague lo que tenga que pagar, pedir presupuestos, asegurar el pago a los profesores… No participo en las gaitas propiamente porque es en esto en lo que soy útil".
¡Casi nada, pues!, y a eso agréguele lo que pueda implicar dicha experiencia para los padres y representantes de los muchachos participantes. Al respecto, Tibisay Castro, mamá de Andrea Pérez Castro, integrante del cuerpo de baile del grupo de gaitas del colegio Santiago de León de Caracas, saca sus cuentas: "Estamos hablando de ensayos diarios, por varias horas, que en el caso de mi hija y sus amigos se une a otros compromisos como el propedéutico para entrar a la universidad. Además, la inversión de dinero que se hace es importante… Y la verdad es que a los muchachos no les queda tiempo para nada, así que menos mal que son solamente cuatro meses al año. ¿Se imaginan si fueran más? (jajaja)".
Oído al tambor…
•No es exagerado decir que la experiencia de las gaitas colegiales llega a fungir, en algunos casos, como semillero de artistas. Ejemplo vivo de ello es la joven Silvia de Freitas, una de las finalistas de la segunda edición de Latin American Idol. En su currículo lo expone con todo orgullo: sus pinitos en esto de la música los dio como integrante del grupo de gaitas del colegio San Luis. Y así otras personalidades del espectáculo, como Wanda D'Isidoro y Jalymar Salomón, otrora integrantes del programa de televisión El club de los tigritos, quienes también participaron en sus respectivos colegios.
•La explicación al hecho de que los festivales de gaita permitan la inclusión de otros ritmos en el repertorio, tiene que ver -según explica Juan Andrés García, director de Armonía de la banda de El Ángel- con el carácter comercial que han ido adquiriendo. "Ahora las gaitas comienzan en octubre, inclusive, y como se extiende a lo largo de tantos meses, ¿por qué no tocar salsa, merengue… si también son ritmos que gustan tanto?", se pregunta y se da el vuelto.•Para que la experiencia resulte exitosa, coinciden en decir los involucrados de los grupos de gaita, hay una logística que se debe cumplir al pie de la letra. Para ello se cuenta con el trabajo en equipo, pero siempre es bienvenido el apoyo de los padres y representantes. De hecho, en el Santiago de León, por sólo mencionar un caso, aseguran que no serían nada sin la permanente colaboración que presta la señora Zuna Kaciján, a quien insisten en darle gran parte de los méritos.
•El nicho de trabajo para algunos oficios que se abre durante la temporada de gaitas colegiales habla muy bien de este fenómeno: coreógrafos, directores musicales, costureras, técnicos de sonido… Es una oportunidad que se les da y ellos la saben aprovechar muy bien. Como en el caso de Rebeca Cardozo, bailarina profesional que durante el último semestre del año cuenta con una agenda muy apretada al tener que ocuparse de corregir los movimientos de las muchachas del cuerpo de baile de los colegios El Ángel y San Luis.
•Tampoco le falta trabajo a la diseñadora y costurera Elena Truli, encargada de confeccionar los trajes de estos dos institutos y cualquier otro que vaya surgiendo en el camino. En promedio, cada uniforme de las muchachas está por el orden de los 170.000 bolívares (quítele tres ceros y sabrá cuántos son de los fuertes), sin incluir zapatos y demás accesorios.
•Los otros gastos importantes tienen que ver con el pago a los profesores, el cual, en algunos casos, se hace cada tarde de ensayo y, en promedio, equivaldría a 10 mil bolívares por hora por cada integrante; aunque también están los grupos que se organizan para cancelar una suma mensual a cada instructor.
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mespinosa@eluniversal.com
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