
Rubén Monasterios
"Cada domingo tengo una cita con Caracas"
Escritor y locutor, fue Pregonero Mayor de la ciudad, con la que mantiene un conflictivo amor que disfruta y sufre con pasión irrenunciable
Por Johan M. Ramírez
Foto: Natalia Brand
Dice que su relación con Caracas es similar al romance entre un hombre y una problemática mujer que a veces es sumisa, se entrega, y da su amor; pero que luego es díscola, despreciable y "ponecuernos". Pero en ese vaivén del corazón, una certeza silencia el rumor de sus ambigüedades: cuando pasa unos días fuera de ella, la extraña a rabiar. "Yo amo esta ciudad. Ella es como mi mujer, la he olido, la he descubierto, y jamás podré abandonarla", asegura.
Para Rubén Monasterios, escritor, locutor, y otrora Pregonero Mayor de Caracas, "amor-odio" es la conjunción de palabras que mejor define su vinculación con esta urbe, pues tras largas temporadas en Europa, llega a una conclusión que lo persuade: "Esta ciudad es la única que me nutre".
Ve en ella un natural elemento de inspiración. "Soy un escritor que necesita contar el clamor de las calles, el trauma citadino, y qué mejor que hacerlo en el contexto urbano", y más aún, en una ciudad "femenina: bella señorita hace años, y mujer buscona en la actualidad", dice. "Es que los políticos la han tratado muy mal. Han sido sus peores amantes, pero nuestra indiferencia también la ha dañado", reconoce.
En El Ávila, curiosamente, ve a otra dama. "Fíjate que yo no la llamo El Ávila, sino La Ávila, porque es demasiado hermosa para ser un hombre. A veces parece una señora envuelta en un chal, otros días se cubre con el verdor de los verdores, o se viste de noche, con traje de gala y corona de estrellas", y sigue jugando con palabras e imágenes, como buen escritor.
En 1993, tras años de ejercicio periodístico -sin haberlo estudiado formalmente-, y tras cientos de crónicas urbanas, el Consejo Municipal lo designa Pregonero Mayor de Caracas, honor que le permitió dar el discurso de bienvenida a la Navidad de ese año. Ante una multitud de amigos y curiosos en plena Plaza Bolívar, Monasterios, con algunos tragos encima, no declamó su perorata como verso, sino que la desentonó en un canto a todo pulmón, a pesar del cual arrancó aplausos y felicitaciones. "Fue tan emocionante que aún hoy, cuando paso por esa zona, el corazón me late más rápido".
Una década después, intentando rescatar sus crónicas sobre este valle, las compila y completa en un libro titulado Caraqueñerías, editado por la Fundación para la Cultura Urbana. Allí, en páginas sin desperdicio, el autor recorre los vericuetos de casi cien años de historia capitalina.
Pero no sólo aquel libro halló su génesis en esta ciudad. Monasterios, famoso por su literatura erótica, identifica en Caracas la esencia para muchas de sus historias. "Encantos de la mujer madura -publicada en 1987-, comenzó un viernes mientras me tomaba unos tragos en un bar. De pronto entró una mujer hermosa: altiva, esbelta, piernas largas, buscaba a alguien, no lo encontró, y se sentó a esperar. Quedé impresionado por sus años bien llevados", refiere. Lo demás fue darle espacio a la "viciosa imaginación" para desarrollar su relato.
Hoy, con 69 años, ama su metrópolis de una forma torturada, conflictiva: de pronto la insulta, pero luego la besa. Entretanto, sigue su ritual casi religioso, casi envidiable, aunque casi intrascendente. "Los domingos, a las 6:00 am, me voy a pasear por mi ciudad. La encuentro para mí solo. Voy a Petare, al Cementerio del Sur, a Catia... Camino, veo, me indigno. Lo hago solo. Es necio, lo sé, pero para mí tiene un enorme valor, porque ese paseo por mi Caracas solitaria es nuestra cita semanal, es la oportunidad para seguir tejiendo el amor que nos tenemos".
Asistente de fotografía: Anita Carli
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