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Prevencion

Hepatitis A: Lavado frecuente de las manos y especial cuidado de los elementos personales de higiene (cepillo de dientes, utensilios para comer, etcétera); filtración y cloración adecuada del agua, red sanitaria eficiente.
Hepatitis B: Uso razonado de las transfusiones sanguíneas, limitándolas a los casos en que sean estrictamente necesarias. Aplicación de todas las medidas de bioseguridad en la actividad asistencial (uso de guantes, barbijos, cuidadoso uso de agujas y otros elementos cortantes). Actividad sexual segura. Evitar las drogas.
Hepatitis C: Despistaje de la sangre para transfusiones. Y tomar en cuenta todas las normas de bioseguridad. Evitar la promiscuidad sexual. No usar drogas.
Hepatitis D: Igual que la hepatitis B.
Hepatitis E: Mejorar las condiciones higiénico-sanitarias, teniendo especial cuidado en el tratamiento del agua.

Cifras
l Se estima que existen en el mundo 400 millones de portadores con infección crónica por la hepatitis B que pueden transmitir la enfermedad durante años antes de sufrir la cirrosis del hígado o el cáncer hepático.
l La hepatitis B produce la muerte de unas 92.000 personas al año, y, a su vez, la fase crónica origina otras 700.000 defunciones al año por cirrosis y cáncer hepático.
lEn muchas partes de Africa, Asia y la cuenca del Pacífico, el cáncer hepático primario es una de las principales causas de mortalidad.
l El 66% de la población mundial vive en zonas en las que existen altas tasas de infección por hepatitis B.
l Entre 4 y 5 millones de personas se infectan cada año de hepatitis C, dolencia que afecta a 170 millones de personas en todo el mundo.
l En Venezuela la cifra de casos es de 150 mil.

Fuente: Organizacion Mundial de la Salud (OMS)

Nadie es inmune
a la hepatitis

Tiene muchas caras y casi todas se pueden prevenir, sólo hace falta el pinchazo de una vacuna o, en ocasiones, un poco más de limpieza y mucho sentido común. Evitar enfermarse siempre es más efectivo y económico que tratarse. Aurora Blyde

Hace ya un tiempo un juez canadiense contrajo hepatitis A durante un viaje. De vuelta en su ciudad, impotente y furioso, le gritaba a su médico -la doctora británica Jenny Heathcote- que siempre se alojó en hoteles con cinco estrellas. La doctora, al observar su furia, se le acercó y con mucha serenidad le preguntó: ¿pero es que tú sabes acaso quién estaba trabajando en la cocina?
Heathcote, especialista en enfermedades hepáticas y protagonista de la historia, insiste en que el mensaje está muy claro: "Nadie está inmune, ni siquiera la Reina".
En muchos de los casos sus síntomas casi ni se sienten, y cuando aparecen se asemejan mucho a los de una gripe. Pero la hepatitis, un mal que se propaga incluso más rápido que el sida, es mucho más peligrosa que un simple catarro y su tratamiento muchísimo más costoso.
Con esta enfermedad se produce una inflamación en el hígado que, por lo general, es producida por un virus que se aloja en alguna de sus células y utiliza su maquinaria para multiplicarse, explica la especialista.
Dependiendo del virus que la causa, la hepatitis se clasifica en A, B, C, D, E y G, sus síntomas pueden confundirse y, en algunos casos, la forma de contagio es la misma. Pero todas tienen un sello particular que hace la diferencia.
En países con deficiencias sanitarias como Venezuela, la hepatitis A es una de las más comunes y la que más preocupa, pues su virus se trasmite a través de alimentos contaminados por las heces de una persona infectada. Así, es común que se produzcan casos por contacto familiar, en guarderías o en instituciones de cuidado para discapacitados.
"En Venezuela -de hecho- se contrae la hepatitis A y los enfermos ni siquiera lo saben, con lo cual desarrollan inmunidad en el largo tiempo", asegura la doctora Heathcote. "No existe tratamiento para este mal, pero existe una vacuna muy buena, recomendada para todos los niños y para los adultos en riesgo".
Al igual que la A, la hepatitis E se padece en áreas tropicales y subtropicales con malas condiciones socioeconómicas; las zonas con mayor riesgo son Suramérica y la India, y su transmisión siempre ocurre por la contaminación del agua con heces que contienen el virus E. La gran diferencia con la hepatitis A es que puede causar hepatitis fulminante, pero sólo en mujeres embarazadas. No se conoce tratamiento ni vacuna.

Cuidado con los tatuajes
La hepatitis B, a diferencia de las anteriores, es en el 95% de los casos autolimitante, pero si un bebé se contagia tiene 95% de posibilidades de convertirse en portador.
Está vinculada al sistema inmunológico, por lo que afecta con mayor riesgo en edades extremas, niños pequeños y adultos de más de 50 años, explica la especialista británica.
El virus está presente en la sangre y sus derivados y en todos los fluidos corporales (saliva, orina, semen, secreciones vaginales, lágrimas, sudor, leche) con excepción de las heces, por lo que las vías más expeditas para su transmisión son la sexual y la intravenosa.
La hepatitis B es considerada un importante problema en la salud pública mundial por su distribución global, el gran número de portadores del virus y su relación con el cáncer de hígado, siendo el responsable de enfermedades hepáticas de larga evolución.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), que recomienda la vacunación especialmente en Sudáfrica y en el Lejano Oriente, existen más de 400 millones de portadores crónicos, más de 100 millones de infectados anualmente y más de dos millones de casos fatales por año en el mundo, debido a insuficiencia hepática o cáncer de hígado.
"Es una enfermedad que se puede prevenir y si hubiese una vacunación mundial se hubiese erradicado en dos generaciones. La vacuna se conoce desde hace 20 años, una generación, y no lo hemos logrado", insiste la experta.
La historia de una persona portadora de hepatitis B es de episodios fluctuantes por lo que debe tener un seguimiento permanente, de por vida, a través de exámenes de sangre.

Nuevo y silente
El virus de la hepatitis C, al que muchos llaman el enemigo enmascarado, tiene una distribución universal y se calcula que existen 170 millones de portadores. Su marca es la cronicidad: entre 15 y 30% de los pacientes se recuperan espontáneamente, mientras que los 70 a 85% restante desarrollan infección crónica.
El virus es un agente patógeno relativamente joven -se identificó en 1989- y por lo tanto genera mucha confusión; se encuentra en la sangre y en los líquidos del cuerpo, y puede ser transmitido por compartir agujas para las drogas, relaciones sexuales múltiples y traumáticas, tatuajes, perforaciones en la piel, compartir las afeitadoras y cepillos de dientes, o mala praxis médica en las que se reutilizan jeringas o ampollas, continúa diciendo la especialista.
Lo más común es entre personas que se inyectan drogas o tienen muchas parejas sexuales. Frecuentemente se queda en la sangre de la persona enferma por muchos años y puede causar cáncer, cirrosis hepática, y hasta la muerte.
La otra gran diferencia es que produce fatiga, falta de concentración.
La hepatitis D no es una de las más comunes, pero sus vías de transmisión son las mismas que las conocidas para la hepatitis B. Si las condiciones higiénicas son malas, aumenta su difusión a través de los fluidos corporales contaminados. Cuando afecta a los niños se acompaña de una alta tasa de mortalidad, entre 10 y 20%.
En la actualidad, especialmente en el mundo desarrollado -comenta Heathcote- "se creía que las enfermedades infecciones eran cosas del pasado, hasta que surgió el SARS, una enfermedad que probó que no es así y que hizo tambalear los sistemas de salud pública de los países desarrollados, tan acostumbrados a no tener infecciones".
Los casos de hepatitis en el mundo también se convierten en una prueba. l

 
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