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Prevenidos al bate
Puntos a favor
l La promesa de que elimina seis kilos
en dos semanas es, al parecer, verdadera.
l Favorece la disminución del colesterol,
los triglicéridos, la diábetes y las enfermedades
del corazón.
l Es fácil de seguir y no obliga a pasar hambre.
No existen restricciones en las cantidades.

Puntos en contra
l Uno de los riesgos más alarmantes de practicar esta dieta es que, al aumentar radicalmente los
cetónicos del organismo, los cuales son los que se activan cuando el cuerpo está eliminando grasas,
el individuo puede desarrollar un coma diabético.
l No favorece la creación de buenos hábitos alimentarios al suprimir las frutas y los carbohidratos.
l El consumo de calorías que exige es, según
dicen los especialistas, exagerado, lo cual supone un cambio muy brusco en el metabolismo de la
persona, que puede ocasionar un desequilibrio
en el organismo. La dieta South Beach propone
el consumo de 60 por ciento de proteínas (contra
el 10 ó 15 por ciento de proteínas en una dieta balanceada); 20 a 25 por ciento de grasas, y menos de 10 por ciento de carbohidratos (que en una dieta equilibrada son entre 60 y 65 por ciento).
l Una vez que el individuo culmina la dieta y continúa con el sistema de alimentación que practicaba anteriormente, es muy probable que engorde nuevamente e, incluso, puede llegar a pesar un poco más de lo que pesaba al comienzo del régimen.
l Obliga a tomar suplementos vitamínicos diariamente. A los hombres y mujeres les exige 500 mg de calcio al día, mientras las féminas que suman más de 50, deben aumentar a 1.000 los gramos que deben consumir al día.

Una dieta llamada
South Beach

Perder seis kilos en dos semanas es una tentación muy grande para quien quiera eliminar unos kilitos demás. Una dieta creada por el cardiólogo estadounidense, Arthur Agatston es la moda del momento, pues garantiza quitarse un peso de encima en un abrir y cerrar de ojos. Idalia De León

Tiene el nombre de un famoso balneario ubicado en la localidad de Miami, Estados Unidos. La han seguido al pie de la letra personalidades como Bill y Hillary Clinton. Es una dieta confeccionada a mediados de los noventa, pero es ahora, a la luz de los resultados que han obtenido quienes la han practicado en estos últimos años, que el libro que la describe, The South Beach Diet, se ha convertido en todo un best seller.
La dieta ya está siendo comparada con el célebre régimen de Robert Atkins (La revolución dietética del Dr. Atkins), que se publicó en 1972 y que causó un revuelo inusitado. En realidad, las dos comparten un criterio común -muy cuestionado, por cierto- y es el de invitar a la ingesta de grandes cantidades de proteínas y un mínimo de carbohidratos. En el caso de la South Beach, se sustituye, además, las grasas saturadas (mantequilla, tocino) por las monoinsaturadas, presentes en el aceite de oliva y los ácidos grasos Omega-3 que se encuentran en el pescado. El autor de la South Beach, el médico cardiólogo Arthur Agatston, defiende su dieta a capa y espada, ante las opiniones que cuestionan a los regímenes que eliminan de golpe y porrazo los carbohidratos. "Mi dieta tiene los carbohidratos y las grasas correctas", afirma el hoy exitoso médico, quien originalmente concibió este sistema de alimentación con el fin de hacer adelgazar a sus pacientes con sobrepeso que padecían de afecciones cardíacas.
El caso es que es mucha la tinta que se está gastando en esta dieta, a la que ya ha acudido más de un gordito, seducido por la promesa de adelgazar en tiempo récord, y de aprender a comer mejor, esto es, ingerir vegetales verdes y eliminar las grasas saturadas propias de las hamburguesas y de la comida rápida en general.

Paso a paso. La dieta está estructurada en tres fases, siendo la primera la más estricta y la que determinará el éxito del régimen. Apartando el objetivo de bajar de peso, esta primera fase también se encamina a lograr controlar los niveles de insulina, lo cual, según afirma Agatston, permite, a su vez, reducir las constantes visitas a la nevera o a la despensa que sólo buscan saciar los engordantes antojos.
Explica el autor que una de las razones por las que engordamos es porque el cuerpo está acondicionado para almacenar grasas que serían necesarias en tiempos de hambruna. Al no ser consumidas esas grasas, el cuerpo de algunas personas puede convertirse en depósitos de grasas que nunca se consumirán. Aclara, en un trabajo publicado por la revista Men's Health, que la mayoría de los excesos de peso llegan al organismo por el consumo de panes, productos horneados y dulces. "Si consumes muchos de estos alimentos, tu cuerpo comenzará a cambiar la forma en que procesa y digiere las comidas. La insulina que necesitas para convertir los carbohidratos en energía comenzará a ser menos efectiva, y en vez de quemar calorías, comienzas a almacenar grasa, usualmente alrededor de la parte central del cuerpo. Lo que contribuye a que los hombres adquieran ese desagradable cuerpo de manzana, y las mujeres desarrollen, hasta cierto límite, esas atractivas caderas de pera", explica el cardiólogo estadounidense. Por esto la dieta hace énfasis en la disminución de la ingesta de carbohidratos, pues lo que se pretende es enseñar al organismo a procesar adecuadamente estos alimentos, y así acabar con este círculo vicioso que en nada favorece la salud del individuo.
La primera fase se cumple en apenas dos semanas, período en el cual se prohíbe comer, por ejemplo, carne de cochino, jamón glaseado, maíz, arroz, lácteos, tortas y pasteles horneados, refrescos, avena, algunas frutas y papas, entre otros alimentos.

En la fase de mantenimiento, algunos de estos productos se irán incorporando nuevamente a la dieta diaria.
Un menú tipo de esta fase sería ingerir un desayuno basado en dos huevos revueltos con medio tomate picado, y un vaso de leche descremada. A media mañana se puede comer una tajadita de queso mozzarella acompañado con trocitos de apio. Para el almuerzo, se permite comer las cantidades que se deseen de ensalada de lechuga con atún o pollo a la parrilla, pepino, pimientos y champiñones. Todo esto puede aderezarse con un toque de mayonesa de dieta. El agua será el acompañante de la comida (de hecho la dieta recomienda beber un mínimo de ocho vasos de agua diarios). Eso sí, nada de vinos ni de gaseosas. Para la merienda se aceptan tres tajadas de medallones de pechuga de pavo, o bien un puñado de almendras o pistacho. Para la cena se puede elegir entre salmón a la parrilla y media pechuga asada, acompañados de un buen plato de ensalada o de vegetales.
En la segunda fase se inicia un proceso en el que paulatinamente se pueden incorporar a la dieta algunos de los alimentos que estaban censurados en la fase anterior. Lo que se pretende es que se pueda seguir perdiendo peso a pesar de estar incorporando los carbohidratos al menú. A partir de este momento es válido dejarse tentar por frutas como las uvas, el melón, la fresa, la manzana, las naranjas y los duraznos. También se puede comer avena, pasta y arroz integral. Siguen vetados las zanahorias, tortas, dulces, cambures, plátanos, pan, papa y remolacha.
La tercera fase procurará mantener el peso recién adquirido. El autor de la dieta asume que, a partir de este momento, la persona habrá asimilado hábitos alimentarios más saludables por lo que la posibilidad de engordar se hace más bien remota. Sin embargo, los críticos de la South Beach sostienen que este es el momento en que la persona vuelve a engordar y recupera los kilos que tan fácilmente logró quitarse. Precisamente, Agatston sale al paso y argumenta que, como pueden cometerse excesos, es aconsejable volver a la fase uno si se ha notado algún aumento de peso.
El desayuno de esta tercera fase puede consistir en un huevo hervido, trozos de melón, y media taza de cereal integral. Para el almuerzo son bienvenidos los camarones acompañados por brócoli, hongos, pimientos y una taza de arroz integral. Para la merienda son válidas, por ejemplo, dos tajadas de ricotta y galletas integrales. La cena puede consistir en 250 gramos de lomo de res y ensalada de lechuga, tomate y pepino.
Hasta los momentos no hay manera de saber si South Beach trascenderá, o se convertirá en una dieta más, de esas que se almacenan en los anaqueles de las librerías o en el ciberespacio. Sin embargo, la duda que está más instalada es si este régimen verdaderamente logrará una transformación en los hábitos alimentarios de la gente que la practica. De momento, en Estados Unidos, la mayoría se está plegando a esta dieta para, entre otras cosas, poder lucir una esbelta figura en las playas de South Beach. l

Semáforo en la despensa
Fruto prohibido Arroz, pastas, avena, pan, cereal, tortas, cambur, patilla, piña, plátano, dulces, azúcar, galletas, cafeína, todos los productos lácteos (excepto los yogures descremados y los quesos desgrasados) remolacha, maíz, zanahoria, papas, hígado, alas de pollo y muslos. Se debe disminuir al máximo la ingesta de vino, gaseosas, cerveza, o de alcohol en general.
Luz verde Pechuga de pollo y de pavo, cortes magros de carne de res, preferiblemente de solomo; yema de huevo, pescados, fiambres de carne magra, mariscos, nueces, huevos, vegetales, frijoles, lentejas, mantequilla de maní, nueces, aceite de oliva, lentejas y queso cottage light.

 

 
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