| Thalía
“Soy una dualidad entre femme fatale y mujer inocente”
La sensual mexicana está inmersa en la cábala, las hadas y los personajes mitológicos. A propósito de su nuevo disco, El Sexto Sentido, conversó con Estampas desde Nueva York. Pablo Blanco
Todo comenzo hace 26 años en Santa María La Rivera, una colonia ubicada en las afueras de México DF. Una niña de ocho años tenía visiones que la llenaban de pánico. No era para menos, su casa estaba construida sobre lo que antes era un cementerio. La energía que se respiraba en el sitio era extraña y pesada. A la medianoche, el terror aumentaba.
“Si tenía sed, pasar por la cocina era imposible. Justo antes de llegar a la nevera, se me aparecía una señora vestida de negro que siempre estaba llorando. Era horrible, tenía que devolverme para mi cuarto”.
La cantante Thalía hace el comentario a través del hilo telefónico y sale a relucir a propósito de su más reciente álbum, El Sexto Sentido. El nuevo disco de la también actriz mexicana está inspirado, justamente, en su búsqueda espiritual, la cual asumió, según comenta, escapando de esos entornos de misterio que vivió desde niña. Su infancia, asegura, estuvo marcada por acontecimientos dignos de estudios parapsicológicos que la obligaron a “buscar la luz” y hacerle caso a esa voz interior que, afirma, siempre le aconseja qué hacer. Quizás nadie lo hubiera imaginado después de tanto contoneo videográfico.
El internauta que se acerca a husmear en el site www.thalia.com recibe la bienvenida de hadas y flores que enmarcan el bello rostro de la artista y que se entremezclan con vínculos que contienen didácticas explicaciones de la simbología de la cábala. En definitiva, la esposa de Tommy Mottola —cabe decir, uno de los hombres más poderosos de la industria musical en Estados Unidos— decidió plasmar ese renacer de su alma en este nuevo trabajo musical, el cual le debe al reconocido productor colombiano Estéfano, artífice de los éxitos de artistas como el puertorriqueño Chayanne, entre otros. A pesar de tan etéreo preámbulo, no cuesta mucho asociar esa voz que llega por el teléfono con sus ajustados jeans llenos de parches y sus tacones puntiagudos. Una imagen, sin lugar a dudas, más carnal. La iluminada. Entre los temas que destacan de El Sexto Sentido se encuentran Un alma sentenciada y el promocional Amar sin ser amada, los más alusivos, quizás, a esta nueva era de la voluptuosa azteca, conocida por sus ocurrencias onomatopéyicas y por la trilogía de telenovelas María Mercedes, Marimar y María la del barrio. Karma, pecado, castigos del pasado, templos y condenas conforman líricas que dejan atrás aquello del Amor a la mexicana. Como concepto, el sexto sentido, según su enfoque, “es aquel que libera a los humanos de las obsesiones que generan los otros cinco sentidos”. Esta teoría está relacionada con una faceta de percepción extrasensorial, que la cantante dice estar viviendo. Se siente más intuitiva que nunca. Quizás, por eso, no estaba de más preguntarle qué vislumbra para su México lindo y querido.
“Pos tampoco soy adivina, cariño. Te puedo decir que mi país, como el resto de Latinoamérica, está pasando por un momento fuerte en cuanto a seguridad social ¿no? Creo que no hace falta la intuición para darse cuenta de ello. Vienen cambios políticos importantes y esperemos que se tomen cartas en el asunto y que mejoren las leyes, para esas personas que han sufrido tantos daños. Veo un cambio social en el pueblo mexicano, los veo ayudándose los unos a los otros. Es que somos un pueblo muy positivo, por encima de todas las adversidades”.
De lo social Thalía pasa a lo espiritual. Para ella, ambas temáticas, en este momento, están entrelazadas. Se confiesa amante de la magia, las figuras mitológicas y los duendes. A estos últimos los adora tanto, que hasta se dedica a dibujarlos y a darles vida propia.
“Foschi es un pequeño duendecito chistoso que siempre me acompaña. Lo creé yo misma. Siento que los duendes, que viven en los bosques, siempre nos acompañan para hacernos reír o hacernos travesuras, escondernos la llave del coche y cosas así. Es que nosotros no estamos solos en este universo. De alguna manera, todo es parte de nosotros y nosotros somos parte del todo”.
A esta reflexión Thalía agrega que ella está de acuerdo en que cada quien tenga su propio Dios. No habla de religiones sino de relaciones del ser humano con el Creador. Y, pese a que su libro de cabecera es la Biblia, explica que nunca se ha sentido limitada por los tabúes sociales.
“Soy como una niña. Los niños nunca piensan en que los están juzgando, hacen lo que les place y no se preocupan en quedar bien o en quedar mal. Duermen cuando quieren, bailan donde quieren y también comen cuanto quieren”.
 De la cintura para arriba. ¿Thalía come cuanto quiere? Quizás, sí. No obstante, hace la salvedad de que sigue una dieta estricta de lunes a viernes de la cual se sale sólo los fines de semana, que es cuando arrasa con la alacena. Pero no sólo de dietas vive su cintura de 48 centímetros. Se autodefine como una mujer muy activa en materia deportiva. No en vano, practica yoga, alpinismo, pesas y esquí. Siempre aclara que en su metro 65 de estatura no hay ni una sola cirugía plástica. No obstante, nunca tarda en aparecer el rumor de que sus costillas se quedaron en el quirófano. ¿A quién le importa? Su anatomía es deslumbrante, y sus gustos musicales, sorprendentes.
“Jim Morrison es para mí un amor muy grande. Me encanta su música y me encanta cómo se expresa. ¿Te sorprende? Pos si consigues mis primeros discos entenderás que yo antes era más pop–rock alternativa. Ahí es cuando dices: ‘¡Guao!, ¿dónde está la latina?’. Además he cantado todo tipo de géneros: baladas, salsa, cumbia y rap. También hice, recientemente, una versión en reggaeton del tema Amar sin ser amada y hasta he incursionado en el rythm&blues. Es que Billy Holiday también es de ley”. El universo gratificante. Mundo de Cristal, Love, En Extasis, Arrasando, Tú y yo... son ya 13 álbumes, aproximadamente, los que completan la discografía de Thalía. Un número que muchos asocian con la mala suerte, pero que para otros es de buen agüero. El asunto es que, sin superstición de por medio, en 2003 la artista presentó su primer disco en inglés, con su propio nombre como título y bajo el tema promocional I Want You, que vino acompañado de un video urbano en el que la diva comparte estribillos con raperos invitados. El estilo le valió comparaciones con Jennifer López, a quien también se asemeja Thalía por su iniciativas empresariales: una línea de ropa y una revista, entre otras. No obstante, en ciertos medios extranjeros, aparte de habérsele dado un alto centimetraje a sus supuestos conflictos matrimoniales, se publican informaciones sobre las, en teoría, “malas rachas” de estos negocios y no se le da crédito a que la mexicana haya igualado a artistas como la colombiana Shakira en eso de haber cumplido el codiciado crossover, que, en parte, consiste en haber hecho realidad el anhelado “sueño americano”.
“¿Sabes qué? Ese tipo de informaciones me tiene sin cuidado. Si dicen que El Sexto Sentido bajó del puesto siete al 10 en el ranking de ventas eso es un proceso natural por el que pasa todo artista; las primeras semanas estás en los primeros lugares y luego la demanda va bajando. Así se mueve la industria, no es algo que se le pueda adjudicar a un solo cantante. Por otro lado, yo siento que he cristalizado mis sueños. Todo lo que soñé, lo que visualicé, lo hice realidad. He sido muy afortunada, tengo una familia maravillosa, una pareja increíble, una carrera excepcional y un público fiel. Siempre pienso que en mi otra vida debo haber sido una persona muy buena porque el universo ha sido gratificante conmigo”. “Me encanta Thalía”. Como le ocurre a todos los artistas, la señora Mottola tiene defensores y detractores. En una entrevista televisiva, realizada hace algunos años, el periodista peruano Jaime Bayly le pidió a Florinda Meza (mejor conocida como la Doña Florinda de El Chavo del ocho) que calificara a Thalía como cantante, en una escala del uno al 10. La comediante respondió con otra pregunta: “¿Se vale el menos cero?”. No obstante, existen también las celebridades para las que la diva mexicana resulta demasiado carismática. Los animadores Luis Chataing y Erika de la Vega tuvieron la oportunidad de tener en el extinto programa Ni tan tarde, que transmitía Televen, a la consagrada actriz brasileña Susana Vieira. Cuando le preguntaron sobre los personajes internacionales que más le gustaban, su respuesta inmediata fue: “Me encanta Thalía”. En Venezuela, como en muchas otras partes del mundo, los fanáticos más acérrimos van desde pequeñas imitadoras que se convierten en mini–Thalías, pasando por una atónita audiencia masculina que se deslumbra con sus movimientos de cadera, unas cuantas féminas que se sienten identificadas con su estilo y un grupo de travestidos que no tienen ningún problema en “clonarla”.
“Me encanta la belleza, la cultura y la chispa de los venezolanos. Estoy buscando en la agenda algún espacio para ir a visitarlos. Ustedes son gente honesta, linda, luchadora y tienen un país que brilla. Lamentablemente, no he tenido la oportunidad de conocer esos rincones maravillosos de los que me han hablado. Lo que pasa es que, cada vez que voy, llego directamente a las estaciones de radio y a los canales de televisión. Pero sé que en algún momento lo voy a hacer, quizás en mi próxima visita”.
Guías turísticos no faltarán, a pesar del señor Mottola. l pblanco@eluniversal.com
La dualidad en forma de diva
A pesar de que El Sexto Sentido está concebido como un disco espiritual, también tiene mucho de la terrenal y típica Thalía. Muestra de ello lo conforman temas como Seducción: “No puedo resistir la tentación de tu piel cuando me tocas, mil cosas me provocas”. En la misma onda está 24.000 Besos. “Con tus 24.000 besos, vivo frenética de amor, sólo te pido bésame ye, ye,ye,ye,ye”. Sin mencionar Loca: “Dicen que estoy loca que yo me he perdido, que eres quien controla todos mis sentidos. Todo lo que hagas, yo te absuelvo, siempre vuelvo...”. Don canciones –todas vivenciales- que se alejan de las mencionadas Alma sentenciada y Amar sin ser amada. Es un contraste que forma parte de la personalidad de Talía: “Creo que soy una dualidad entre femme fatal y mujer inocente. Dentro de mí conviven la dulzura, el romance y la ensoñación con una rebelde que se sube al escenario y hace lo que le place”. |
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