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Apariencias engañosas

Cualquiera que conociera a los Mitchell supondría que tenían todas las comodidades materiales de la vida, así como amor y afecto. Max Haines

Se puede decir que James y Pauline Mitchell eran la pareja perfecta. James, a sus 50 y pico de años, era un hombre grande y apuesto, dueño de una cadena de garajes. Pauline, una mujer hermosa, era 20 años más joven que su marido. Los Mitchell vivían en una linda casa en Sydney, Australia.

La atractiva pareja se conoció cuando Pauline, quien provenía del pequeño pueblo de Ravely, era una mesera empleada en un restaurante caro de Sydney. James regularmente cenaba allí. Se enamoró de Pauline y, en mayo de 1976, el mismo año en que se conocieron, se casó con ella. La vida de Pauline se vio alterada abruptamente. De un día para el otro fue transformada de una chica que atendía mesas, en esposa de un hombre de negocios extremadamente rico. Pauline generalmente visitaba a su madre, padre y joven hermana, Bárbara (de 14 años), quienes todavía vivían en Ravely.

Pasaron cinco años. Cualquiera que conociera a los Mitchell supondría que tenían todas las comodidades materiales de la vida, así como amor y afecto. Nada más lejano de la verdad. La ilusión de tranquilidad se hizo polvo precisamente a las 6:25 am del 27 de mayo de 1981.

Ese fue el día en que Pauline se despertó de un sobresalto. Instintivamente quiso tocar a su marido. Su mano sólo halló sábanas. Pauline se incorporó y se asombró al ver a James tirado en el piso con sangre saliendo de su boca. Inicialmente, pensó que le había ocurrido un accidente terrible mientras salía de la cama, y trató de asistirlo. James Mitchell no se despertaría más. Estaba bien muerto.

Pauline corrió y cruzó la calle y golpeó la puerta de Christine Lane. Al abrir la puerta, Christine fue saludada por la vecina, que dijo impulsivamente, “¡Es Jimmy! Algo le pasa. Está acostado en el piso al lado de la cama y hay sangre saliendo de su boca.” Christine tranquilizó a Pauline, cruzó corriendo la calle, confirmó ella misma que James Mitchell estaba muerto o muriendo y llamó a la ambulancia.

Cuando los de la ambulancia llegaron, chequearon los signos vitales y llamaron a la policía. James Mitchell estaba más allá de la ayuda médica. Pauline no tenía demasiados detalles para dar a la policía fuera del horrible hallazgo del cuerpo de su marido y su vuelo a la casa de enfrente. Ella sugirió que un ladrón debía haber entrado a su casa. De todas formas, había varias circunstancias que no cuadraban con su teoría. Una búsqueda en la casa reveló grandes cantidades de joyas y dinero que no habían sido tocados. Además, los ladrones raramente matan a las víctimas durmientes.

Una autopsia indicaba que James había estado durmiendo boca arriba y había sido acuchillado una vez en el corazón. Se estimaba que había fallecido inmediatamente. La fuerza del golpe y el movimiento reflexivo lo hicieron caer rodando de la cama.
Cuando los detectives chequearon el pasado de James Mitchell, descubrieron que James había sido un marido devoto y cariñoso durante los cinco años de su matrimonio. Pauline fue desestimada como la asesina porque el reporte de la autopsia indicó que James había muerto dentro de los cinco minutos de la aparición de Christine Lane en la escena. Pauline no podría haberse deshecho del arma asesina y cruzar la calle corriendo para despertar a Christine en un período de tiempo tan corto.

Los investigadores enfocaron sus esfuerzos en los empleados y ex empleados que podrían guardar algún rencor en contra del dueño de los garajes. Se toparon con James Cox, un mecánico que una vez había trabajado para Mitchell. Cox había tomado un carro sin autorización y había sufrido un accidente. Como resultado, había sido despedido por el mismo Mitchell. Cox estaba furioso e intentó atacar a Mitchell con un destornillador. Cuando fue restringido por los empleados del garaje, Cox juró vengarse.

Un vistazo a su expediente reveló una galaxia de cargos previos, incluyendo asalto a mano armada. Cox, de veinte años, generalmente pasaba algunos meses en la cárcel cada vez que era hallado culpable de estas ofensas. En algunas ocasiones recibió sentencias en suspenso.

La caza por Cox había comenzado. Después de todo, era un ladrón convicto con un temperamento efervescente, que tenía un tema pendiente con la víctima. Sólo había una cosa incorrecta con la teoría de la policía. James Cox no tenía nada que ver con el asesinato del ex jefe. La policía cayó en la trampa de desestimar a las otras fuentes de investigación debido a su concentración en Cox como sospechoso.

Los detectives que trabajaban en el caso abruptamente desviaron su atención cuando recibieron una carta muy poco usual firmada por la esposa de Peter Headley. Ella aseguraba que su marido había trabajado en uno de los garajes de James Mitchell. Quince años antes su marido había tenido un romance con Pauline. Como resultado del amorío, Pauline había dado a luz a una hija ilegítima. Lo que es más, la señora Headley siguió diciendo que ella estaba segura que su marido había retomado las cosas con Pauline, y ahora, luego de 15 años, una vez más estaba viviendo un romance con ella. La remisión de la carta cambió el rumbo de la investigación.

La policía tomó muy en serio la misiva. Descubrieron que realmente existía el tal Peter Headley y que había trabajado durante años para los garajes de James Mitchell. Joan Headley fue entrevistado. Era el típico caso de una mujer despechada. Le dijo a la policía que pensaba que su marido y Pauline habían planeado el asesinato para liberarse de James, heredar su dinero y estar un paso más cerca de quedarse juntos para siempre. La policía viajó a Ravely para entrevistar al doctor familiar de los padres de Pauline. El doctor sabía certeramente que la anciana señora Hewitt, la madre de Pauline, no podía ser la madre de Bárbara, quien había nacido el 14 de mayo de 1966. El doctor siempre había asumido que Bárbara era adoptada.

La carta de la señora Headley parecía estar orientándose. Cuando Christine Lane confesó que había visto a Peter Headley conduciendo con Pauline, la policía sintió que era tiempo de que Peter y Pauline fueran interrogados.

Pauline negó conocer e incluso haberse encontrado con Headley. El, en cambio, admitió haber visto a la mujer de su empleador cuando fue al garaje donde trabajaba.

De todas formas, cuando los investigadores informaron a Pauline que sabían que su madre no era la madre de Bárbara, dieron con un nervio. Pauline confesó que Bárbara era su hija. Sí, había tenido un romance con Headley cuando apenas tenía 16 años. El la había abandonado cuando quedó embarazada. Sus padres habían criado a Bárbara como su hermana. A Bárbara nunca se le habían contado las circunstancias de su nacimiento.

Ahora que Pauline se había quebrado, los detectives le dieron otro giro a Peter Headley. Le dijeron que lo sabían. Peter se vengó revelando que se había encontrado con Pauline por casualidad en el almacén, luego de no verla por 15 años. Habían retomado el romance.

Pauline admitió sus coqueteos sexuales con Peter, sin embargo su versión de los detalles era muy diferente. Ella no quería retomar el romance, pero Headley había amenazado con contarle a su marido sobre su hija ilegítima. Bajo esta amenaza, ella consintió tener sexo, pero eso no fue suficiente. Headley quería divorciarse de su mujer y casarse con Pauline. Esto sólo podía lograrse si su marido no estaba. Según Pauline, fue Peter quien planeó y llevó a cabo el asesinato de su marido. Peter aseguró que fue Pauline quien orquestó el asesinato para poder heredar el dinero de James y casarse con él.

El jurado australiano no creyó a ninguno de los acusados. Pauline Mitchell y Peter Headley fueron hallados culpables de asesinato premeditado y fueron sentenciados a cadena perpetua. l

Ilustraciones: David Márquez

 
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