TENDENCIAS
PROTAGONISTAS
-

Atentamente
Gloria Estefan

- El monitor
- De receta con ...
LA CARACAS DE...
- Miguel Issa
MODA
-

Altos no,
altísimos

GASTRONOMÍA
- Sabor
a Paria
ENCUENTROS
- La mágica improvisación
de Gabriela
Montero
-

Postales de
Leningrado

-

El bolso
o la vida

VIVIR MEJOR
SALUD
- Gerenciar el peso
BELLEZA
-

Misión:
aclarar la piel

BELLEZA
- Realce sensual
COCINA
-

Sándwiches gourmet para
las vacaciones

PUNTO Y APARTE
CRIMENES
HOROSCOPO
HUMOR
MENTE Y ESPÍRITU
CRUCIGRAMA
ARCHIVO
CONTACTENOS

 
LA CARACAS DE ...

Miguel Issa
¨ Recuerdo una Caracas
que ya no existe ¨

Fiel exponente de la Dramaturgia del movimiento, encuentra en la capital motivos para crear alrededor de la danza y el teatro
Por Johan M. Ramírez
Foto: Natalia Brand


'Nació en Candelaria, creció en Propatria, y actualmente reside en El Paraíso, un lugar que, asegura, es mágico. Miguel Issa, coreógrafo, músico, actor, licenciado en Artes, Premios Ministerio de la Cultura 2005, Municipal de Danza 2005 y 1996, y TIN 1997, entre otros, recuerda con especial agrado la Caracas del Cuatricentenario, aquella afable y pueblerina ciudad de los sesenta que vivió con desconcierto un terremoto inolvidable.

"Jamás olvido el año 67 porque hubo muchas cosas que me marcaron: un desfile de carros antiguos, fiestas por el cumpleaños de la ciudad, y justo cuatro días después del aniversario, vino el terremoto", cuenta.

Aquel acontecimiento tuvo gran importancia en su vida, al punto de tomarlo como referencia para una de sus más recientes creaciones. "Estaba en casa de mi abuelo
y de pronto el piso se hundió. Nadie sabía qué había pasado. Luego oímos un ruido impresionante: era la tierra moviéndose. '¡Un terremoto!', gritó mi abuela… Era la primera vez que escuchaba esa palabra", recuerda. Años más tarde, investigando para crear una obra sobre esta ciudad, halló una grabación con el estruendoso
sonido del terremoto, entonces no dudó en usarla como parte del espectáculo
que estrenara en 2006: Caracas itinerante.

Los días siguientes al desastre fueron una suerte de juego para aquel joven Miguel, pues las familias de Caracas no se atrevieron a cerrar las puertas de sus casas durante varias noches para, en caso de haber réplicas, huir lo antes posible. "Para mí era fabuloso dormir en la sala con la puerta abierta. ¡Qué tiempos!", suspira con nostalgia, pues ahora se enfrenta a diario con la contradicción de vivir entre barrotes a causa de la inseguridad.

"Sueño con asomarme al balcón y ver la calle como es, y no a través de rejas. ¡Me agreden las rejas! Habitamos una especie de campo de concentración, y nos hemos acostumbrado a estar rodeados de barrotes, cercas, alambres eléctricos… Es doloroso", afirma.

Por el contrario, le enamora la Caracas a cielo abierto que se aprecia desde el mirador de La Alameda. "Allí se siente una vibra distinta de la ciudad".

La pasión de Miguel Issa por esta urbe se acentuó tras vivir en París un año, donde realizó una maestría en Políticas Culturales. A su regreso creó la obra El Mistral, inspirada en la capital francesa, experiencia que lo motivó a documentarse sobre Caracas para hacer lo propio con su ciudad natal, proceso en el que halló un montón de lugares especiales en el caos de esta metrópolis.

"La Plaza Diego Ibarra tiene gran significado para mí. Allí me llevó papá en el último paseo que hicimos juntos. Yo estaba fascinado con aquella agua de colores. También me encantan el Paseo Los Próceres, el Pasaje Zing y el casco central, la Plaza Bolívar, Caño Amarillo, Catia… todo ha cambiado tanto... Recuerdo una Caracas que ya no existe", dice.

En 2005 y 2006, Issa sorprendió a la movida cultural con dos obras sobre la capital: Caracas Íntima y Caracas Itinerante, piezas que, a su parecer, son un documental viviente en el que escenas e imágenes viajan a través de un "túnel del tiempo", mostrando al espectador un collage de memorias de la ciudad.

Es tal su amor por esta urbe que a sus alumnos del Instituto Universitario de Danza los lleva, en una larga caminata, desde Colegio de Ingenieros hasta el Centro, y luego, una semana más tarde, en dirección Este, hasta Altamira, con el propósito de que la conozcan. "Hay muchos que no saben ni dónde viven. Me interesa que al menos dos de mis 30 estudiantes, la descubran un poquito. En el camino les voy contando historias, señalándoles lugares, personajes... Me siento como un viejito cuando lo hago, pero creo que es necesario".



 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso