ESPELUZNANTE ESPECTÁCULO
La granja del simplón de Ed Gein fue escenario de toda clase de horrores
Se ha dicho que acontecimientos extraños y fantasmales tienen lugar en los cementerios la noche del 31 de octubre. Los espíritus se tornan inquietos. Vagan de un lado para otro para aterrorizar a quienes nos encontramos aún entre los vivos. Sin embargo, Ed Gein no esperaba hasta la noche de Halloween. Con frecuencia visitaba las tumbas y, como si esto fuera poco, robaba cadáveres.
Ed era un poco diferente, pero nadie le prestaba mucha atención en Plainfield, Wisconsin. Era parte integral de la comunidad de 700 habitantes del pueblo y, a menudo, lo contrataban para hacer diversos trabajos o incluso para cuidar niños. A ellos les agradaba Ed; él les llevaba goma de mascar. La madre de Ed quedó viuda cuando él y su hermano, Henry, eran aún muy pequeños. Mientras crecían, los muchachos ayudaban a su mamá a dirigir la propiedad, un tanto solitaria, de 65 hectáreas. La señora Gein mantenía a sus dos hijos alejados de cualquier enredo romántico; los hacía trabajar duro en la granja.
En 1944, la madre de Ed sufrió un accidente cerebrovascular. Ese mismo año, Henry murió mientras intentaba apagar un incendio forestal.
 |
| Ed había hecho brazaletes de piel y huesos humanos. Había cubierto sus sillas con piel humana y FABRICADO 10 tazones con cráneos |
Un año después de su primer ACV, la señora Gein sufrió un segundo episodio, en esta ocasión mortal. Ed quedó solo en la gran casa de la hacienda. Cerró todos los cuartos con tablas salvo la cocina, su habitación y un establo. El gobierno de Estados Unidos -quién sabe por qué- le enviaba a Ed un cheque todos los meses por cumplir con el programa gubernamental de conservación de suelos. Ed ya no tenía necesidad de trabajar más en la hacienda.
Sin nada que hacer, Ed adquirió un pasatiempo. Era una distracción que finalmente haría parecer que los seres aborrecibles del mundo no eran más que sujetos normales. Revisaba los periódicos en busca de los obituarios y robaba de sus tumbas los cadáveres de mujeres recién enterrados. Llevaba los cuerpos sin vida hasta su granja, donde los estudiaba y hacía utensilios para el hogar a partir de sus cráneos y pieles. A veces, retiraba de las sepulturas sólo las partes que necesitaba ese día para satisfacer sus extrañas maquinaciones.
Ed mantuvo su pequeña operación de resurrección durante años antes de graduarse de asesino. A 10 kilómetros de su casa, en Pine Grove, Mary Hogan, de 51 años, administraba una taberna. Una noche en que estaba sola, Ed llegó al local, le disparó en la cabeza con su revólver calibre 32 y transportó el cuerpo sin vida a su granja en su camioneta. La desaparición de la mujer fue investigada, pero debido a la ausencia de un cadáver, el incidente fue clasificado como uno de esos misterios que probablemente nunca se resolverían.
Entretanto, el hombre continuó con sus alegres andanzas de robo de tumbas. A menudo usaba el cabello de los cadáveres que robaba, e incluso se hizo unos leotardos de piel humana que vestía cuando andaba por la granja. Cuando iba al pueblo, la gente aún lo consideraba el inofensivo Ed; quizás era algo excéntrico, pero perfecto para reparar una gotera en el techo o cuidar de los niños por unas horas.
El 16 de noviembre de 1957, Ed entró en la ferretería de Bernice Worden, en la calle Main. La conocía bien y, a veces, la visitaba para charlar. De hecho, había estado en la tienda la noche anterior y le había dicho a la mujer que pasaría a primera hora de la mañana a recoger un galón de anticongelante. El hijo de Bernice, Frank, había estado presente y había mencionado que se iría de cacería al día siguiente. Fueron comentarios de poca importancia y nadie les prestó mucha atención.
Ese día sería diferente. Ed entró en la tienda de Worden, se dirigió hacia una exhibición de rifles y tomó uno calibre 22. Había traído una sola bala, con la cual cargó el arma. Apuntó y le disparó a Bernice Worden, matándola. Llevó el cadáver y la caja registradora del negocio a su establo.
Esa misma tarde, Frank regresó de su excursión de cacería. Encontró la tienda cerrada, observó manchas de sangre en el piso y no vio señal de su madre ni de la caja registradora. Miró el último recibo hecho por su madre; estaba a nombre de Ed Gein por un galón de anticongelante. Les informó de la situación al alguacil Art Schley y al capitán Lloyd Schoephoester, quienes condujeron de inmediato a la granja Gein. Fueron hacia la habitación de Ed y llegaron directamente al infierno.
Los cuartos estaban sucios, pero no fueron los periódicos viejos y las latas vacías lo que captó la atención de los dos investigadores, sino las partes de cadáveres y el singular uso que se les había dado. Ed había hecho brazaletes de piel y huesos humanos.
Había cubierto sus sillas con piel humana. Cuatro máscaras mortuorias adornaban las paredes de una habitación. También había fabricado 10 tazones con cráneos, así como un chaleco y unos leotardos con su material favorito. En la cocina, a fuego bajo en una olla, había un corazón humano. Cuando los dos agentes abrieron el establo, vieron un cadáver de mujer completo colgado de los talones.
Los oficiales ubicaron a Ed en una tienda en West Plainfield, donde usualmente adquiría sus comestibles. Él raras veces compraba carne. Acababa de cenar con el propietario y su esposa cuando los dos agentes pasaron para conversar. Al principio, Ed se mostró un poco reacio a hablar sobre su peculiar pasatiempo. Después de todo, no todos los días un afable "todero" de 51 años admite ser un caníbal, necrófago, necrófilo, asesino y travesti.
Finalmente, Ed declaró que era su querida madre la que controlaba su vida. Ella decía que las mujeres eran malas y no merecían a ninguno de sus dos hijos. Cuando se encontró solo y sin poder aliviar su impulso sexual, tuvo la brillante idea de robar los cadáveres de mujeres para tratar de descubrir cómo funcionaban. Tenía el cuidado de dejar las tumbas en perfecto orden. Sus perversiones se intensificaron hasta el punto de que comenzó a hacer ropa de piel femenina y a devorar varios órganos humanos.
Se cree que Ed sólo asesinó a las dos mujeres que se mencionan aquí. Todas las demás partes de cadáveres venían de sepulturas. Cuando los oficiales encargados de la investigación lo acusaron de robar la caja registradora de la tienda de los Worden, indignado respondió que él no era un ladrón común. No pensaba quedarse con la registradora, sólo quería saber cómo funcionaba.
En 1957, se determinó que Ed Gein estaba demente y fue confinado al Hospital Estatal Waupan de Wisconsin para toda su vida. El 26 de julio de 1984 murió en el hospital a los 77 años de edad.
Traducción: José Peralta.
Ilustraciones: David Márquez. davidmarquez@cantv.net
|