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  ¡Diez años!
Mónica Montañés

 

En un mes de junio como este pasado, pero hace ¡diez años!, mi vida dio un vuelco de 180 grados. El 7 de junio de hace ¡diez años! se estrenó en la Sala de Conciertos del Ateneo de Caracas  mi ópera prima, El Aplauso va por dentro, y hoy, ¡diez años más tarde!, quiero dedicar esta columna a lo muy agradecida que estoy. Antes que a nadie a Mimí Lazo, extraordinaria actriz y mejor amiga, por haber creído en mí y en mi texto en aquel entonces, siendo yo apenas, como era, una desfachatada muchachita que ejercía el periodismo y no tenía en el currículum nada que no fueran sueños.

Mimí encarnó y sigue encarnando la mejor Valeria posible, la llenó de vida, la colmó con su talento, la bendijo con su locura y la fuerza inagotable de sus sueños, porque son inobjetablemente la locura, la fuerza y los sueños de Mimí los que han hecho posible que Valeria, con su monito rojo, su barriguita, sus torpezas, sus ilusiones y su capacidad para hacer reír y llorar a miles, se haya y se siga encaramando en todos los escenarios de este país y de Nueva York, Miami, Los Angeles, Bogotá, Santiago de Chile, Panamá, Lisboa, Aveiro, Funchal, Madrid, Huelva, Tenerife... echando su cuento y logrando esa mágica, milagrosa identificación con tantas y tantas mujeres. Hace ya ¡diez años! de aquella primera vez que vi a Mimí entrar a un escenario siendo Valeria y yo sigo y seguiré estándole por siempre agradecida.

Tanto como a Gerardo Blanco, el director, por haberse atrevido a montar aquel texto de no más de catorce paginitas de esa muchachita desfachatada que, sin tener idea de lo que implicaba el gesto, se atrevió a mostrárselo. Se lo agradeceré siempre porque, ahora lo sé, es dificilísimo que un director se arriesgue a llevar a escena una pieza de alguien que se dice escritor, pero que no tiene para demostrarlo más que las cuartillitas que le está entregando. Gerardo, extraordinario director y mejor amigo, nos brindó su talento, su terquedad y su experiencia, logrando una puesta tan sencilla como magistral que hace que uno ahora, desde la certeza de los ¡diez años!, no pueda más que seguirla celebrando y agradeciendo. Casi tanto como a los cuatro directores que la tuvieron en sus manos antes que él y la rechazaron ¡gracias a Dios! Definitivamente, tenía que ser Gerardo y sólo Gerardo, y yo sigo y seguiré agradeciéndoselo.

Tanto como al público, a esa cola interminable que se formó desde el primer día y se sigue formando frente a la taquilla de cualquier teatro donde Mimí se presente en las más de ¡dos mil representaciones!, de estos ¡diez años! que ahora se han cumplido. A ellos, a todos ellos y a cada uno, les agradezco la risa, las lágrimas, los aplausos cerrados, el apoyo incondicional, el milagro de que hayan estado, estén y vuelvan a estar.

Tanto como a Luis Fernández por prestar su talento y su buenamozura para llenar de vida al instructor de aeróbicos, y a todos aquellos que lo han interpretado también, y a todas las bellísimas mujeres que han acompañado a Valeria en sus ejercicios —son demasiadas como para nombrarlas pero sepan que se los agradezco a todas y cada una de ustedes. Tanto como a Alejandra, mi hija, quien creció en una sala de teatro, oyendo el aplauso, y vaya a saber uno las consecuencias, y a mi mamá por estar siempre, y a mi marido que sigue ahí, y mi papá que sigue asustado, y hasta a mi ex marido por lo que aportó de inspiración, y a mi familia y a los amigos que todavía me quedan. En fin que quería decirles públicamente cuán agradecida estoy después de estos ¡diez años!, siempre con signitos de admiración, porque sé que es un milagro y los milagros hay que agradecerlos. ¡Ojo, que una cosa es dar las gracias y otra mucho mayor y más rica es estar agradecido! ¡Y yo lo estoy!  l

 

 
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