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Cómo vivir
para siempre

Lo último del extraño mundo de la terapia antivejez. The Economist

La muerte es un hecho de la vida —al menos así lo ha sido hasta ahora. Los humanos envejecemos. Desde las primeras etapas de la edad adulta nuestro desempeño comienza a declinar. Los músculos se tornan cada vez más débiles y la cognición falla. Pero el punto en el cual la edad se convierte en enfermedad y, en última instancia, en muerte, está cambiando —es decir, la gente se mantiene más saludable por más tiempo, y eso plantea la interrogante de hasta cuánto se puede posponer la muerte y si se puede posponer indefinidamente.

Los seres humanos, ciertamente, están viviendo más tiempo. Un niño nacido en 1970 en Estados Unidos podía esperar vivir unos 70,8 años en promedio. Para 2000 esa cifra había aumentando a 77 años. Por otra parte, un adulto con 75 años en 2002 podía esperar vivir otros 11,5 años.

Gran parte de este cambio se debe a una mejor nutrición y a una Medicina más avanzada. Sin embargo, experimentar una vejez en buen estado de salud también implica mantener las funciones física y mental. Los cambios no patológicos relacionados con la edad en el cerebro, los músculos, las articulaciones, el sistema inmunitario, los pulmones y el corazón deben ser reducidos al mínimo. Estos cambios son denominados senilidad.

Las investigaciones muestran que el ejercicio puede ayudar a mantener la función física en etapas posteriores de la vida y que ejercitar el cerebro puede limitar el avance de la senilidad. Otros trabajos —sobre los efectos de la restricción en la ingesta de calorías o el consumo de vino rojo, entre otros— son prometedores con respecto al retraso de la senilidad.

El enfoque adoptado por Aubrey de Grey, de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, y presentado en una reciente reunión de la American Association for the Advancement of Science, es un tanto radical. Por ser ingeniero, está a favor de intervenir directamente en el cuerpo para reparar los cambios que causa el envejecimiento. Al enfoque lo denomina “estrategias de ingeniería para una mínima senilidad”. En otras palabras, si los humanos en proceso de envejecimiento se pueden remendar por unos 30 años, afirma, la ciencia se habrá desarrollado suficientemente para realizar nuevas reparaciones de manera más eficiente, posponiendo así la muerte indefinidamente.

Las ideas del doctor De Grey, que se basan en investigación bibliográfica y no en trabajo experimental, han sido recibidas con desdén por quienes trabajan en el desarrollo de estas herramientas de reparación. Steven Austad, un gerontólogo de la Universidad de Texas, advierte que tales terapias están a muchos años de distancia, y quizás nunca lleguen a materializarse en lo absoluto. También deben tomarse en cuenta los efectos secundarios. Aunque los ratones sometidos a dietas de bajo consumo de calorías viven más tiempo que sus compañeros gordos, estos ejemplares más esbeltos eran menos fértiles y a veces estériles. Los seres humanos que desean tanto prolongar sus vidas como procrear pudieran querer, por tanto, esperar hasta que dejen atrás sus años de fecundidad antes de comenzar tales dietas, aunque para entonces se habrá acumulado relativamente una mayor cantidad de deterioro relacionado con el envejecimiento.

Nadie sabe a ciencia cierta por qué una dieta baja en calorías prolonga la vida de ratones, pero algunos investigadores creen que ello se vincula con el ritmo al que se dividen las células. Hay un número máximo de veces en el que una célula humana se puede dividir (cerca de 50) antes de morir. Esto se debe a que los extremos de los cromosomas, estructuras llamadas telómeros, se reducen cada vez que la célula se divide. Finalmente, no queda suficiente para ninguna otra división.

Un equipo de biólogos celulares, encabezado por Judith Campisi en el Lawrence Berkeley National Laboratory de California, duda de que cada célula tenga ese límite en su número de divisiones y cree que tal vez sólo las células que dejan de dividirse son las causantes del envejecimiento. Estos investigadores están ideando un experimento para crear un ratón en el que se evite que las células seniles —las que ya no se dividen— se acumulen. Tienen previsto activar un gen en el ratón que elimine selectivamente las células seniles. Este ratón podría demostrar que sí es posible evitar el envejecimiento.

No obstante, se está promocionando un envejecimiento “exitoso” aquí y ahora. La gente anciana que realiza un gran número de interacciones sociales se mantiene joven en comparación con su edad cronológica, sostiene John Rowe, profesor de Medicina y Geriatría en la Mount Sinai School of Medicine, en Nueva York. Las investigaciones han demostrado que las personas que reciben apoyo emocional no sólo presentan un mejor desempeñó físico que quienes están aislados, sino que también tienen menores niveles de las hormonas que se asocian con el estrés.
Otro estudio, dirigido por Teresa Seeman, de la Universidad de California, indica que la “carga alostática” —el costo fisiológico acumulativo exigido al cuerpo— pronostica también la esperanza de vida. Esta se mide usando variables que incluyen la presión sanguínea y los niveles de las hormonas del estrés.

Seeman encontró que personas ancianas con altos niveles de actividad social presentan una menor carga alostática. También tienen más probabilidades de haber recibido una buena educación. Parecería, entonces, que la muerte se puede posponer mediante ciertas formas, mientras que una vejez saludable se puede extender a través de otras maneras. Falta por verse si la muerte seguirá siendo la consecuencia última de envejecer. l

THE ECONOMIST. DERECHOS DE EL UNIVERSAL. TRADUCCION: JOSE PERALTA

 
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