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GASTRONOMÍA
ADRIANA GIBBS
 

¿A qué sabe
CHACAO?


Fotos: Leo Álvarez y Mariana Green

Una ciudad no sólo es topografía, sino también utopía y ensoñación
(Armando Silva Tellez, psicólogo y semiólogo colombiano, dixit).
Una ciudad es imagen abstracta, pero también
es ese sabor que nos hace
vivirla desde el paladar y la la seducción. ¿A qué sabe Chacao? es el resultado de una invitación que se hará periódicamente a gente diversa y que le guste indagar. Esto, con la idea de que comparta el lugar que habita; esto es, sus personajes, sus aromas, sus gustos, así
como las rutas que tejen sus reconocimientos. José Ramón Villalobos, periodista y habitante de Chacao,
es el primer invitado. Aquí sus palabras:

"Chacao sabe a posibilidad.
Por eso saber a que sabe
no es fácil.

Sus opciones tantas, sus aromas tantos. Pero hay una certeza: por arriba y debajo de sus mesas pasa la vida. Chacao sabe a peperoncino: es picante, divertido, colorido. Sus sabores no se casan con nadie: Chacao es una cocina abierta y libre. En una misma calle pueden convivir platos chinos, españoles, libaneses, italianos, peruanos, portugueses. Y al lado, una arepera y una panadería con pan canilla caliente. Sabe a calle, a compartir, a familias, a tradiciones, a italianos tomando café la tarde de un lunes. Chacao está habitado por las cremas, ensaladas y arroces de Damasco, un restaurante sirio-libanés digno de querer. Cuando descubrí su crema de berenjenas con aceitunas negras y la ensalada shanclish me sentí orgulloso por la compañía de semejante vecino. Vaya, desde ya, un sabor estelar:
El Mesón de Andrés, un lugar -sin duda patrimonial-
de comida española con una fachada que se queda pequeña para las magnitudes de los sabores -y
pasiones- que se crean en su cocina. Tiene un plato imperdible: la cercanía de sus mesas y sillas permite saborear -pícaramente- la vida del otro. Y a pocas
cuadras, la Danubio, una pastelería que sabe a cuento
de amigo, a cafecito, a domingo sabroso.
Este territorio -libre de marketing culinario-
se puede saborear en una cola, parado, sentado, caminando, corriendo. Los cocineros de Chacao son anónimos,
no hacen pasantías en El Bulli ni se
forman en los fogones de París. Saben
lo que saben. En sus entrañas se encuentran, además, joyas como el Instituto Europeo del
Pan (espacio para cerrar los ojos y entregar
el paladar) y el mercado (con ese gusto de abuela italiana cargando albahaca). Chacao es como el casabe:
se le puede untar de todo lo que hay. Sus tienditas naturales (llenas de hierbas y tés), sus tascas (con parrillas resueltas como las de la Taberna del Navegante), sus pizzerías, panaderías y fruterías lo convierten en un verdadero banquete.
Anoche le
pregunté a
mi vecina:
¿a qué te
sabe Chacao?
Y me
respondió:
'a gloria'".


Foto: Archivo

 





Té en armonía

MÁS DE TRES MIL
variedades de tés abren una generosa gama de opciones en el llamado maridaje o tea pairing. Anamelia Arriaga, directora de Camelia Casa de Té, sugiere combinaciones: "Con un desayuno ligero, un darjeeling; con un desayuno fuerte, un masala chai o un té de ceylon; con comidas picantes, un darjeeling, un té de jazmín o un té verde. Con respecto a los postres, los que mejor acompañan al té son las tortas tipo ponqué natural o con frutas, los scones y las galletitas de mantequilla". A la voz de Anamelia se suma la de Florencia Rondón, chef pastelera y entusiasta del té: "Recomiendo no juntar infusiones afrutadas con postres afrutados, porque allí un placer anula al otro; las infusiones afrutadas van bien con un bizcocho o un ponqué de vainilla. El té verde es un tanto duro para combinar con pastelería y, si se trata del chocolate, nada mejor que combinarlo con un earl grey".

Sugerencias e información puede escribir al correo agibbs@eluniversal.com

 
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