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Perfil de unproblema
El especialista Patrick Carnes
dictamina una serie de rasgos de personalidad que caracterizan
a quien sufre de anorexia sexual:
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Tienen un alto grado de eficiencia. Son perfeccionistas y
les causa pánico la posibilidad de cometer errores.
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Son hipercríticos consigo mismos y con los demás,
a los cuales juzgan de acuerdo con sus propios patrones de
exigencia.
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Vivieron experiencias de abuso o de rechazo sexual.
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Comúnmente provienen de hogares disfuncionales y con
historias de adicción.
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Odian su propia sexualidad, rasgo profundamente arraigado
que termina definiendo su vida.
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Con el fin de sentir que dominan su organismo se someten a
rigurosas disciplinas de ejercicios y dietas.
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Se muestran rígidos como mecanismo para ocultar su
descontrol interno.
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Tienen un look asexuado. Visten con atuendos que disimulan
su cuerpo.
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Desarrollan enfermedades psicosomáticas como barrera
contra la intimidad sexual.
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No se exponen a ningún tipo de estímulo que
avive su respuesta sexual.
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Cuando no hay deseo
Idalia De León
No se trata de un nuevo padecimiento ni
de un delirio de la psicología moderna. Es un problema del
que se habla poco pero que requiere atención profesional.
La anorexia define
la patología que manifiestan algunas personas y que tiene
como característica principal la falta de apetito. Quien
padece de esta enfermedad posee una visión distorsionada
de su imagen y por eso está permanentemente pendiente de
su peso. El temor -o más bien pánico- a engordar lo
lleva a aborrecer la comida hasta el punto de que vive un proceso
de inanición que lo podría conducir a la muerte. Aplicado
al caso de la sexualidad, la anorexia implica falta de apetito sexual.
Son aquellas personas que rechazan su propia sensualidad como consecuencia
de traumas infantiles y familiares. Sienten terror y vergüenza
al placer físico, el cual ocultan y se esfuerzan por anula
con resultados poco satisfactorios.
El padecimiento puede presentarse tanto en hombres como en mujeres.
En unos y en otros el factor que lo origina descansa en experiencias
de abuso sexual acontecidas en la niñez. Unido a este elemento
se incorpora la influencia de la familia o de algún grupo
social o religioso, comúnmente de patrones rígidos,
represivos y conservadores en extremo donde la sexualidad fuese
percibida de manera negativa.
El cuadro completo que define a quien padece de este problema puede
abarcar numerosas conductas, desarrolladas para compensar la represión
voluntaria de la actividad sexual. Si bien entre dichas conductas
se encuentran las de carácter adictivo como las drogas o
el alcohol, también es posible que el anoréxico sexual
sea adicto a la limpieza, o que se someta a planes estrictos de
ahorro y atesoramiento. En general se inclinan por conductas de
privación.
Puertas
adentro
El médico estadounidense Patrick Carnes, especialista en
el tema, y autor del libro Anorexia sexual. Cómo vencer
el odio a la propia sexualidad, confirma que el origen del problema
se encuentra, ciertamente, en experiencias de abuso sexual, pero
agrega que este último viene de la mano de la sensación
de desprecio y rechazo por parte del mundo externo, todo lo cual
conforma un coctel de emociones negativas que empujan al individuo
por el camino de la negación de sí mismo, y finalmente
por un abismo de autodestrucción.
Un anoréxico sexual puede tener pareja, estar casado, pero
"se somete" al sexo como un castigo, como algo que repugna
pero que le es necesario para la socialización. Incluso,
un matrimonio puede estar conformado por dos anoréxicos sexuales
que nunca se han manifestado su "insatisfacción"
por temor a romper con la supuesta armonía y normalidad existente.
La otra cara de este problema es la adicción sexual. Quienes
se ubican en este extremo también se están esforzando
-pero por el camino equivocado- en manejar el dolor emocional que
subyace dentro sí mismos. El anoréxico tiene la misma
pretensión pero desde la abstención. Rechaza la idea
de "entregarse" porque el acto lo hace sentir "usado";
así que, no teniendo sexo, puede controlar su caos interior.
Y es precisamente ese deseo de mantener a raya su apetito sexual
lo que lo lleva a pensar que tiene el control de la situación.
Otro elemento importante que impulsa al anoréxico es la baja
autoestima. Sería más exacto decir -siguiendo a Carnes-
que el anoréxico se aborrece a sí mismo, y que en
consecuencia siente que no merece ser amado, o más bien cree
que nadie lo aceptará tal y como es. Es natural que uno de
los efectos de esta escasa autovaloración sea la rabia contra
el mundo que lo presiona a cambiar. Demás está decir
el impacto que sobre él tiene la presión social (para
encontrar pareja) o los medios de comunicación social que
constantemente bombardean con mensajes de contenido sexual.
A diferencia de la anorexia alimentaria, la sexual no deviene en
consecuencias fatales como la muerte. Sin embargo, quienes rechazan
la sexualidad propia (en consecuencia la ajena) deben tratarse terapéuticamente
pues definitivamente su modo de vida viene acompañado de
otros problemas de carácter autodestructivo que impiden el
buen desenvolvimiento social. La sexualidad, según expresa
Carnes, es fundamental en la vida, y por lo tanto se convierte en
un espejo de los problemas del individuo.
El camino hacia la curación puede ser largo y doloroso, pero
quien tenga conciencia o la sospecha de que su comportamiento sexual
no es tan normal como creía, debe saber que su problema debe
ser tratado al igual que cualquier adicción. En países
como Estados Unidos se aplica con éxito el denominado programa
de 12 pasos de Alcohólicos Anónimos en los casos de
anorexia sexual. En Venezuela, si bien el padecimiento no se encuentra
tan identificado como para armar grupos de esta índole, la
ayuda psicológica individual o de pareja aporta una salida
que comienza con perdonar a los agresores del pasado hasta lograr
recuperar el amor propio, y la aceptación como individuo
que merece una vida sexual sana.
El
país en la cama
La situación de inhibición o disminución del
deseo sexual que pueden estar experimentando los venezolanos por
estos días no es una variante de la anorexia sexual -o aversión
sexual-, como prefiere llamarla el psiquiatra venezolano Rómulo
Aponte, jefe de la Unidad Cognitiva y Sexual del Centro Profesional
Santa Paula. En el primer caso se trata de personas que siempre
llevaron una vida sexual normal pero que por razones de estrés,
por ejemplo, pueden estar presentando alteraciones en su comportamiento
íntimo, mientras que el caso de la fobia al sexo tiene su
origen en causas más tempranas en la evolución de
la persona, explica el especialista.
En general, los trastornos del deseo sexual pueden estar asociados
a causas biológicas (como en la menopausia y la andropausia),
pero las razones más comunes se ubican en la parte psicológica.
"La depresión y el estrés -señala Aponte-
son condiciones bien definidas. En el caso del estrés, los
individuos sometidos a una situación de exigencia en su vida
cotidiana sufren alteraciones en su equilibrio psicológico
y fisiológico. Entendemos que en Venezuela, en la condición
de severa crisis económica y social que atraviesa, el ejercicio
de vivir cada día se convierte en una exigencia".
El estrés produce la liberación de dos hormonas en
el cerebro: norepirefrina y cortisol, ambas, por diferentes mecanismos,
dificultan la activación del deseo sexual. "A esto se
suma que el estrés provoca un estado emocional inconveniente
para la actividad sexual, pues una mujer preocupada y un hombre
hostil no pueden ser buenos amantes. Es por esto que la crisis la
percibimos en la calle y la vivimos en la cama", señala
Aponte.
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