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Carne de gallina
Max Haines
Todo lo que Elsie deseaba en la vida era casarse con su amado avicultor

Norman Thorne llevaba una vida tranquila en su granja avícola de raza Leghorn, no muy lejos de Crowborough, Sussex, en Inglaterra. Con la cría de los Leghorn, Norm se ganaba la vida. Por lo demás, le iba muy bien con una chica llamada Elsie Cameron.
A saber qué fue lo que Elsie vio en Norm. No era atractivo, no era rico y vivía en una casucha destartalada. Con todo, Elsie estaba loca por él e hizo todo lo posible por convertirse en la señora Thorne.
Dos años estuvo Elsie haciendo el esfuerzo por pescar a su hombre. Norm recibía gustoso sus atenciones, pero no tenía pensado casarse.
Las gallinas eran toda su vida. Elsie intentó presionarlo. Norm estaba ante un dilema, debatiéndose entre el disfrute de relaciones sexuales en cualquier momento, y el matrimonio. Al final, se le ocurrió una solución, que era más una táctica dilatoria que cualquier otra cosa. Le dio un anillo de compromiso. Así consiguió calmar otro año más a su insistente y frustrada novia. En 1924, a Elsie, desesperada, se le ocurrió algo que, en su opinión, podría solucionar su problema. Le escribió una carta a Norm, diciéndole que estaba embarazada y que debían casarse muy pronto. Eso sí que era asunto serio, aunque tengo que confiarles un pequeño secreto: todo era mentira.
Sin darse mucha prisa, Norm le contestó a Elsie, diciéndole que estaba vendiendo la piel del oso antes de haberlo cazado. Había una complicación. Norm también estaba teniendo relaciones sexuales con una tal Elizabeth Coldicott.
¿Qué puede hacer una chica en semejante situación? Elsie no iba a desanimarse así como así. Con coqueta timidez le contestó a Norm diciéndole que le perdonaba sus indiscreciones masculinas y, para atar bien todos los cabos, decidió subirse al próximo tren que salía de Londres para quedarse con Norm en su destartalada casucha hasta el día de su boda.
El 5 de diciembre de 1924, Elsie llegó, llena de vida y energía, a la granja de su novio. Nadie volvió a verla nunca más.
Cinco días después, el padre de Elsie llamó a Norm para preguntar por su hija, de la que no tenían noticias. Norm aseguró al atribulado padre que Elsie no había llegado a la granja. El padre de Elsie dio parte a la policía de la desaparición de su hija. Los vecinos de Crowborough fueron a visitar a Norm, quien les explicó que estuvo esperando a Elsie pero que ésta no se presentó.
Pasaban los días sin tener noticias de la chica. La prensa se hizo eco de la historia del ganadero avícola cuya novia había desaparecido de la faz de la tierra. Norm, quien resultó ser un verdadero mentiroso, posó para fotografías dando de comer a sus Leghorn mientras esperaba pacientemente noticias de su prometida.
Se empezó a avanzar en el caso cuando un vecino de Norm se presentó y dijo a la policía que había visto a Elsie acercarse a la granja avícola el 5 de diciembre por la noche. Otra testigo corroboró la afirmación de ese vecino al testificar que ella también había visto a Elsie dirigiéndose hacia la granja esa misma fecha por la tarde.
A la policía local le pareció que necesitaban recurrir a la experiencia de Scotland Yard. Una vez allí, los detectives de Scotland Yard registraron la vivienda de Norm y encontraron la maleta de Elsie. La cosa se ponía seria. Interrogaron a Norm de un modo muy diferente a como la policía local lo había hecho.
Norm cambió su versión. En ese momento admitió con toda calma que Elsie había llegado a la granja, cuando estaba previsto. Esa noche, él tenía que salir y la dejó sola en casa. Cuando volvió, la encontró colgada de una viga. Norm, como era un hombre considerado, cortó la cuerda y colocó su cadáver en la cama. Menudo lío en que se vio metido nuestro Norm. Estaba claro que la policía pensaría que había fingido un suicidio para ocultar el asesinato de su verdadero amor. Lo mejor para todos era que Elsie desapareciera.
Norm se puso a cortar a Elsie en pequeños trozos, con la única excepción de la cabeza, que tuvo la decencia de colocar en una de esas decorativas cajas de galletas que tanto gustan a los ingleses. Norm echó los trozos de Elsie en el medio del patio donde andaban las gallinas y los enterró. Fue una experiencia agotadora para todos. Norm estaba muy nervioso; las gallinas no paraban de cacarear mientras él excavaba. Seguro que a Elsie no le gustó nada la experiencia.
Norm añadió que estaba tan destrozado por los acontecimientos que sucedieron en la granja el 5 de diciembre que, al día siguiente, se relajó llevándose a Elizabeth Coldicott al cine.
Era un buen cuento, que algunos incluso llegaron a creer, pero analizándolo de cerca, no se sostenía en pie. Las partes del cuerpo de Elsie fueron reconstituidas por patólogos que pudieron comprobar que no había prueba de que hubiera muerto al colgarse. Los hematomas que tenía por el cuello indicaban que había muerto por estrangulación manual. La viga que supuestamente Elsie había utilizado para colgarse estaba cubierta de polvo. Cuando la policía la examinó, quedó claro que el polvo llevaba allí varios meses. No había ninguna prueba de que se hubiera puesto una cuerda en la viga.
El 4 de marzo de 1925, a Norman Thorne se le juzgó por el asesinato de Elsie Cameron. Después de tan sólo 30 minutos, el jurado inglés dio su veredicto: culpable. Un mes después, Norm fue ejecutado.
Para su última comida eligió gallina, ¡cómo no!

 
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