|
El
sida y las adolescentes
Carol Bellamy*
¿Por qué los jóvenes
y las mujeres
son tan vulnerables?
El sida persigue a las muchachas. En los pocos
minutos que uno tarda en leer esto, una docena de individuos jóvenes
se infectarán con el VIH en alguna parte del mundo.
Si estos jóvenes viven en Suráfrica, ocho de ellos
serán muchachas. Si viven en Zambia, Zimbabwe, Tanzania,
Etiopía o Malawi, 10 de las 12 personas infectadas serán
muchachas. Estas estadísticas señalan un pasmoso hecho
en la pandemia del sida: se ha convertido en un devastador ataque
contra las mujeres y las jóvenes. En todo el mundo, 7.000
personas con edades entre 15 y 24 años se infectan de VIH
cada día. Esto representa una infección cada 12 segundos.
Un estimado de 13 millones de jóvenes y niños viven
con la enfermedad.
Lo más aterrador es que la mayoría de la juventud,
en especial las jovencitas, no tienen idea de qué es el VIH,
cómo se transmite y cómo protegerse. En Africa subsahariana,
la mitad de las adolescentes no entiende que una persona de aspecto
saludable puede vivir con VIH/sida. En los centros de educación
secundaria de Beijing, dos terceras partes de los estudiantes todavía
creen que los mosquitos pueden transmitir el VIH.
Ahora bien, ¿por qué las muchachas son tan vulnerables?
Hay una razón preponderante. La enfermedad se alimenta de
la desigualdad de los géneros y la agrava.
Tomemos como ejemplo la educación. Antes de la pandemia,
las chicas ya tenían menos posibilidades que los varones
de tener acceso a la educación. Por ejemplo, hoy en Zimbawe
los niños son sacados de la escuela para que cuiden de sus
familias asoladas por el sida. El 70% de estos cuidadores son niñas.
Una vez que dejan de asistir a la escuela, la vulnerabilidad de
las muchachas se agudiza. Ya no tienen acceso a la información
y las herramientas que podrían salvarle la vida y no aprenden
a defenderse por sí mismas, ni económica ni socialmente.
La enfermedad ataca con inusual ferocidad a los más pobres
y menos poderosos, un grupo cuya abrumadora mayoría está
conformada por individuos del sexo femenino. Conocemos los enormes
riesgos que enfrentan las mujeres jóvenes y los niños
atrapados en un conflicto violento o en el comercio sexual, porque
estas situaciones ocupan grandes titulares de prensa. Pero hay que
considerar esta realidad: la mayoría de los hombres, aunque
sean pobres, puede elegir cuándo, con quién y con
qué protección, si es el caso, tendrán relaciones
sexuales.
La mayoría de las mujeres no puede. El "sexo de supervivencia"
en las comunidades afectadas por el VIH/ sida se ha convertido en
moneda de uso común: se cambian servicios sexuales por acceso
a los salones de clase, comida, efectivo o un techo. Las implicaciones
que esto tiene para la propagación del VIH son pasmosas.
Durante la Cumbre del Milenio, y también en el primer trimestre
de 2002, en la Sesión Especial sobre los Niños de
la Asamblea General de Naciones Unidas, prometimos trabajar con
los niños a fin de crear un mundo ideal para ellos. Permítanme
decirles lo que los jóvenes de todo el planeta me han aconsejado
hacer para reducir la pandemia. Piden educación para todos,
sin excepciones. Su visión ratifica la convicción
de la Unicef de que hasta que se encuentre un remedio médico,
las herramientas más efectivas que tenemos para disminuir
la infección son nuestras escuelas.
Sólo la educación puede poner en manos de los jóvenes
el conocimiento y la confianza para protegerse a sí mismos
y a sus comunidades. Unicamente la educación puede derrotar
el temor, el estigma y la discriminación que impiden que
los jóvenes busquen asesoramiento, pruebas clínicas
y tratamiento. Y sólo la educación puede darle a los
jóvenes -en especial a las muchachas- las capacidades económicas
y sociales para desenvolverse en un mundo más equitativo.
Por esta razón, la Unicef ha lanzado un desafío a
los gobiernos, líderes locales, docentes y jóvenes
para que ayuden a transformar las escuelas y los sistemas educativos
en ejes motores de la batalla contra el VIH/sida.
No tiene que haber contradicción entre enseñarles
a los niños valores morales y enseñarles a protegerse.
Sabemos que la educación sexual no promueve la iniciación
sexual más temprana. De hecho, la educación puede
brindarles a los jóvenes los instrumentos para resistirse
a la presión de mantener relaciones sexuales.
Necesitamos llegar a mil millones de jóvenes. El secretario
general de la ONU, Kofi Annan, ha dicho que requeriremos 10 millardos
de dólares anuales para realizar una campaña global
efectiva con el VIH/sida. Seguramente, conforme el mundo libra una
guerra contra el terrorismo que pudiera costar más de 100
millardos de dólares, nosotros podremos encontrar los fondos
para combatir el sida, flagelo que está arrasando a las generaciones
más jóvenes de países enteros.
.
|