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Reacciones
más comunes
A la hora de concebir un plan de recuperación que incluya
estrategias de autoayuda, los especialistas recomiendan realizar
un inventario personal de las reacciones que se han presentado,
a fin de diseñar un plan integrado.
Físicas
Tensión, nerviosismo
Agitación
Dolores y molestias gastrointestinales
Pérdida del apetito
Taquicardia
Vértigos o mareos
Fatiga
Tensión muscular
Insomnio
Pesadillas
Estado de hiperalerta
Emocionales
Miedo, sensación continua de peligro
Tristeza, sollozos
Irritabilidad, ira
Falta de interés
Desconfianza
Pérdida de la autoestima
Cognitivas
Visión negativa de sí mismo
Visión negativa de los demás
Dificultad para concentrarse
Problemas de atención y de memoria
Falta de decisión
Conductuales
Aislamiento de los demás
Reacciones impulsivas
Comportamiento fácilmente agresivo
Hiperactividad
Cambios en la conducta sexual
Consumo de tóxicos
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Ganarle a la crisis
Adriana Gibbs/Idalia De León
Distintas situaciones -un accidente, una
catástrofe natural y un entorno sociopolítico inestable-
pueden originar el llamado estrés postraumático. Dos
especialistas explican este trastorno y proponen soluciones.
Sueño interrumpido, pesadillas,
ansiedad, hipersensibilidad, poca capacidad de concentración...
son algunos signos de uno de los males de la contemporaneidad. Se
llama estrés postraumático y la Organización
Mundial de la Salud lo define como un trastorno desencadenado en
una persona como respuesta a situaciones críticas que presentan
riesgo para la vida o integridad física o psíquica
de la persona y sus allegados. Entre las situaciones capaces de
desencadenar este síndrome se encuentran catástrofes
naturales, accidentes graves, situaciones de guerra o profunda inestabilidad
política y hechos de violencia. Argelia Melet, médico
psiquiatra, destaca que frente a una circunstancia crítica
no todas las personas necesariamente manifiestan como respuesta
el estrés postraumático. "Hay individuos que
tienen un bastimento emocional que les proporciona herramientas
para sobrellevar adecuadamente procesos de crisis. Sin embargo,
aquellos que sí sufren las consecuencias del estrés
postraumático tienen que enfrentar algunas molestias",
explica Melet.
La Asociación Americana de Psiquiatría expone los
criterios para el diagnóstico de este trastorno:
1)
La persona ha estado expuesta a un acontecimiento traumático:
ha experimentado, presenciado o le han contado acontecimientos caracterizados
por muertes o amenazas a su integridad física.
2)
La persona experimenta persistentemente el acontecimiento traumático
en imágenes, recuerdos, pesadillas.
3)
Malestar psicológico al exponerse a estímulos internos
o externos que recuerdan el hecho.
4)
Sensación de distanciamiento, restricción de la vida
afectiva y sentimientos de un futuro desolador.
5)
Otros síntomas: dificultades para conciliar o mantener el
sueño, sollozos incontenibles, estados de ánimo dominados
por la tristeza, irritabilidad y respuestas de sobresalto exageradas.
Manuel Trujillo, psiquiatra y autor del libro Psicología
para después de una crisis, considera que si estas alteraciones
se prolongan por más de un mes -produciendo un malestar que
incide en el funcionamiento social y laboral de la persona-, debe
buscarse ayuda e información para la interpretación
de los propios síntomas así como saber cómo
manejar la situación.
"El tratamiento busca la vuelta a la normalidad. La estrategia
terapéutica inicial debe incluir medidas generales destinadas
a regularizar su estilo de vida: alimentación sana y regular
el consumo excesivo de estimulantes como la cafeína y el
alcohol. En el terreno psicológico técnicas cognitivas
y conductuales han asumido un merecido liderazgo, y en el campo
biológico se cuenta con medicaciones de probada y selectiva
eficacia. Estas últimas deben tomarse estrictamente bajo
supervisión médica; la automedicación debe
evitarse a toda costa", escribe Trujillo. El autor explica
que, cuando se padece el trastorno, la terapia se plantea los siguientes
objetivos: Obtener cierta sensación de calma y seguridad;
recuperar la confianza; retomar cierto control sobre la propia vida
y las emociones; reconstruir la autoestima; dotar de continuidad
y sentido a la existencia. Pasa, posteriormente, a desglosarlos
uno por uno:
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Calma y seguridad:
Es importante que la persona se imponga cierta regularidad en sus
hábitos vitales básicos tales como la comida y el
sueño. Ciertas medidas como la repetición periódica
de momentos de meditación, acompañados de diez o 20
respiraciones lentas y profundas pueden contribuir a una notable
reducción de la ansiedad y al resurgir de cierta calma interior.
El aprendizaje de ejercicios de relajación es en este contexto
muy valioso. Existen técnicas eficaces. La gran mayoría
se basa en la búsqueda de un espacio tranquilo, privado y
seguro; la reducción de estímulos externos y la concentración
de la atención sobre las sensaciones subjetivas de tensión
muscular, cuya reducción se busca. La respiración
honda y regular (incluyendo el diafragma) y la posible visualización
de escenas personales evocadoras de serenidad y bienestar.
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Confianza:
Tras conseguir cierto grado de seguridad y de calma, debe darse
prioridad a la recuperación de la confianza en sí
mismo y en los demás. Ambos sentimientos son extremadamente
importantes para la vida y el bienestar. La persona debe preguntarse
qué grado de confianza tiene en su propia capacidad para
reconocer sus propias reacciones emocionales, saber cuáles
son sus deseos, reconocer y obedecer sus intuiciones y tomar decisiones.
Luego preguntarse hasta qué punto cree poder confiar en su
familia y amigos para solicitar y recibir ayuda y contar con apoyo
emocional. Si el inventario muestra pérdida de confianza,
hay ciertas estrategias para abrir el camino de recuperación
como la psicoterapia cognitiva, y en este caso, se recomienda especialmente
la grupal.
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Control:
Todo ser humano necesita, al menos en ciertos grados, sentirse dueño
de sus propios sentimientos y acciones. Las situaciones traumáticas
acarrean una profunda y persistente sensación de impotencia.
"La recuperación -escribe Trujillo- comienza por el
reconocimiento y aceptación de las necesidades emocionales
y el reclamo del derecho a decir lo que se piensa y sentir lo que
se siente". En tales casos, técnicas sencillas, como
llevar un diario en el que habitualmente se recogen aquellos pensamientos
y sentimientos que no se atreven a manifestar, pueden facilitar
la recuperación del autocontrol. También el simple
hecho de escucharse decir -en el contexto de un grupo de autoayuda-
las propias opiniones, podría ser buen camino.
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Autoestima:
Es otro ingrediente necesario para la vida. "Todos necesitamos
vivir la sensación del valor intrínseco de cada uno
de nosotros y de que nuestra dignidad personal, es, al menos, aceptada
por los demás". Las situaciones traumáticas pueden
ser devastadoras para la autoestima.
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El sentido de la existencia:
Todo ser humano necesita dotar de sentido a su existencia. En el
proceso de una situación traumática, una reflexión
permanente sobre las propias convicciones morales y espirituales
puede ayudar a la persona a manejar los sentimientos de desesperanza.
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...Y los niños:
¿Qué les digo a mis hijos? ¿Cómo les
explico lo que está ocurriendo? ¿Les dejo ver televisión?
Dada la vulnerabilidad de los niños y jóvenes al efecto
de las situaciones traumáticas, ha de resaltarse la importancia
de tomar ciertas medidas. "Las recomendaciones fundamentales
para estas ansiedades iniciales se centran en la restauración,
lo más temprana y extensa posible, de una atmósfera
de serenidad. El estado de ánimo sereno de padres y educadores
es, por tanto, esencial", plantea Trujillo. Explica que, cuando
esto no es posible, hay que acudir a relevos, de tal forma que el
miembro de la familia más sereno tome el control de la situación
de los niños. Se deben normalizar y mantener, en la medida
de lo posible, los hábitos de la vida diaria.
Hay que tomar en cuenta que las reacciones de estrés pueden
exagerar dificultades emocionales preexistentes; los niños
de temperamento nervioso pueden mostrar más ansiedad y preocupación;
aquellos que mostraban rasgos de tristeza pueden agudizarla o mostrarse
más retraídos y aislados. También es frecuente
que los sentimientos precipitados no se expresen directamente como
tales sino en forma de conducta más o menos compulsiva; así,
el niño temeroso puede volverse agresivo hacia miembros de
su familia y compañeros de colegio. En este sentido, también
debe tenerse cierta flexibilidad con posibles comportamientos regresivos.
Otra recomendación es facilitar a los niños que cuenten
sus vivencias y formulen sus preguntas con libertad. Si los síntomas
persisten deberá buscarse ayuda psicológica con su
respectiva evaluación. De acuerdo con el impacto se recomiendan
terapias individuales o grupales. Es fundamental el trabajo coordinado
casa-escuela. Algunas recomendaciones:
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No tema hablar de la situación traumática. Es mejor,
sin embargo, abrir la conversación averiguando qué
es lo que el niño sabe, ha visto, a fin de facilitar que
los niños integren el problema de acuerdo con su propia capacidad
de adaptación y partiendo de sus propias ideas, experiencias
y concepciones.
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Proporcione, en la medida de lo posible, seguridad y calma.
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Limite su exposición a las noticias transmitidas por radio,
televisión u otros medios. A niños inmersos aún
en formas de pensamiento mágico, la repetición incesante
de imágenes de violencia puede inducirles a pensar que la
crisis se repite.
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Mantenga un diálogo fluido y abierto y conteste las preguntas
que vayan surgiendo aunque parezcan repetitivas.
En busca del sueño perdido
Afortunadamente, existen algunas claves prácticas para mejorar
el sueño. Para la psiquiatra Argelia Melet el aprender a
enfrentar los temores nocturnos ayuda a sobrellevar los del día;
en este sentido, una actitud y una postura positivas en la vida
onírica, pueden reflejarse en la vida real, en la cotidianidad.
Técnicas como la meditación y la visualización
pueden ser buenos aliados en casos de mal sueño.
Meditación:
Existen muchas técnicas de meditación, pero principalmente
de lo que se trata es de lograr un estado de relajación plena.
Lo ideal es ubicar un lugar tranquilo y silencioso, y en la medida
de los posible alejar los pensamientos de la mente.
Ejercicio propuesto:
1) Inicie el ejercicio sentado en
un sillón cómodo, con los pies apoyados en el suelo
y los brazos naturalmente sueltos sobre las propias rodillas o sobre
los brazos del sillón.
2) Haga respiraciones cada vez más
profundas incluyendo la participación del abdomen.
3) Dirija la mirada hacia arriba y
echando la cabeza hacia atrás mientras cierra lentamente
los ojos.
4) Imagínese un paseo por una
playa desierta. Concéntrese progresivamente en diversos aspectos
de la experiencia: sienta el calor de la arena bajo sus pies, la
brisa marina en su rostro, el salpicar de las olas en su cuerpo.
Deténgase, tranquilamente, en cada una de estas experiencias.
5) Incluya en la imagen elementos
de su propia experiencia vital: alguna persona clave en su vida
que le inspire afecto, confianza o ternura. Imagine recibir de ella
aceptación, afirmación o comprensión.
6) Incluya en las imágenes
recuerdos de su propia biografía, momentos de bienestar o
plenitud vividos por usted en el pasado. Alterne concentrarse en
la imagen del pasado con la del presente.
7) Abandone la imagen lentamente y
concéntrese en respirar hondamente. Abra los ojos.
Visualización:
Explica Melet que esta técnica implica apelar al "viejo
sabio" que todos los humanos llevan por dentro; es decir, es
una vía para lograr aflorar las reservas de conocimiento
y encontrar respuestas que están dentro de cada quien.
Ejercicio propuesto: Piense en alguna persona por la que sienta
admiración en virtud de sus conocimientos y sabiduría.
Trate de reproducir la imagen de esa persona. Luego imagine que
ingresa en el cuerpo de esa persona, y una vez en ese estado empiece
a hacerse preguntas. Interróguese sobre sus prioridades,
sobre aquello que tiene especial valor para usted, sobre sus objetivos.
No se impaciente si desde el primer día no logra hacer el
ejercicio de manera idónea, pues sólo será
la práctica cotidiana la que lo ayudará a encontrar
el estado de relajación necesario, y en consecuencia, a comenzar
a sentir los beneficios de la visualización. Puede ayudarse
colocando música de meditación. Intente realizar esta
práctica diariamente, preferiblemente antes de dormir.
Alivio en clicks
Ansiedad
www.asociacionayuda.org
Estrés
www.cdc.gov/spanish
www.estrestraumatico.com
Salud mental
www.psiquiatria.com
Relajación
www.psicoactiva.com/relaja.htm
Ansiedad e infancia
www.viatusalud.com/documento.asp?id=119
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