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Cristina: pobre niña rica

A causa de una otitis, Athina Roussel Onassis, entonces de tres años, no acompañó a su madre a Argentina, en el que fue su último viaje, en 1988.
Cristina Onassis tenía 37 años y acababa de separarse de su cuarto esposo y padre de Athina, Thierry Roussel. Había hecho lo imposible por retenerlo. Le perdonó que, durante su matrimonio, hubiera tenido una hija con su ex novia, la sueca Gaby Landhage. Se hizo amiga de ella y la colmó de regalos. Tentó a Thierry de todas las formas posibles, pagándole incluso 10.000 dólares por cada noche que pasara con ella. Hasta que no pudo soportar su segundo hijo con Gaby.
Mientras Thierry y Gaby retomaban una convivencia que continúa hasta hoy, Cristina viajó a Argentina, para aliviar su depresión junto a su amiga Marina Dodero, a quien ya había visitado otras veces. Sus pozos anímicos ya llevaban años ocupando páginas en las revistas del jet set. Las mismas que, ni bien dejó la infancia, habían comenzado a llamarla "patito feo".
Sufrió de bulimia y de adicción a ciertas drogas, como anfetaminas y barbitúricos. El 19 de noviembre la hallaron muerta en un baño de la casa de su amiga. La autopsia determinó que un rato antes había tomado un poderoso sedante. Los investigadores revisaron los dos lugares donde había vivido los últimos días, una suite del hotel Plaza y la pieza en la quinta de Marina Dodero: en total, encontraron 41 medicamentos.

Athina Roussel Onassis
La joven más rica del mundo
Fedosy Santaella Kruk
Ya puede decidir sobre sus 1.622 millones de dólares. Es la fortuna que heredó de su madre y su abuelo Aristóteles. La tiene disponible desde el 29 de enero, cuando cumplió los 18 años. Dice que va a donar la mayor parte del dinero a obras de caridad.

Quemaría ese dinero, declaró hace poco Athina Roussel Onassis a la televisión estadounidense. La nieta del magnate griego Aristóteles Onassis se refería a los 1.622 millones de dólares que ya puede manejar desde el 29 de enero, cuando cumplió 18 años. Por ahora está más interesada en el hipismo, un deporte que ya la cuenta como una promesa internacional, y que le permitió conocer a su novio, un brasileño de 29 años que aportó varias medallas a su país.
"La niña más rica del mundo" -como siempre la llamaron las revistas del jet set-, viene haciendo todo lo posible para cortar la trágica saga familiar y, en especial, para no repetir la historia de su madre. Apenas guarda recuerdos propios de ella: Athina tenía tres años cuando Cristina Onassis la dejó huérfana, tras haber tomado una sobredosis de pastillas cuando visitaba a una amiga en Argentina.
Muerto en 1975, su famoso abuelo no pudo contarle que los primeros billetes de su apabullante fortuna los hizo en Buenos Aires, donde trabajó como lavacopas, camarero y telefonista nocturno. Tampoco conoció a su abuela materna, de quien heredó el nombre. Pero no habrá tardado mucho en enterarse de que se divorció del multimillonario armador a causa de su poco discreto romance con la soprano lírica María Callas; y de que se vengó casándose con su archirrival, el también armador griego Stavros Niarchos.
A la joven Athina, el pasado familiar le pesa casi tanto como la herencia, a pesar de que ya se había achicado cuando Aristóteles Onassis dejó viuda por segunda vez a Jacqueline Bouvier Kennedy, esposa de quien fue presidente de Estados Unidos, asesinado en 1963. Tragedia griega y fortuna volverán a acompañarla cuando cumpla 21 años y tenga que hacerse cargo de los 600 millones de la Fundación Alexander Onassis, que su abuelo creó en 1975, cuando su único hijo varón se mató piloteando una avioneta.
Quizá lo más duro de sobrellevar sean los cuatro matrimonios frustrados de su madre. Del último, con el magnate de la industria farmacéutica Thierry Roussel, nació Athina. La beba tenía un año cuando sus padres se separaron, debido a que Thierry acababa de tener su segundo hijo con la ex modelo sueca Gaby Landhage, una relación de diez años que no se había interrumpido siquiera con el casamiento.
Con ellos fue a vivir Athina al morir su madre. Se integró bien a la nueva familia, que continuó creciendo con otra medio hermana. Su padre intentó que llevara una vida normal. Se estableció con los suyos en Lussy-sur-Morges, un encantador pueblito suizo a orillas del lago Leman, bastante lejos de curiosos y paparazzi. Se mudó a una casa más que confortable, pero no opulenta. Y mandó a su hija mayor a una escuela primaria pública.
Para Athina, la vida fue todo lo normal que le permitió un padre obsesionado por el riesgo de que su hija fuera secuestrada. Viaja en un Mercedes Benz blindado, siempre la escoltan siete guardaespaldas, que fueron miembros del SAS, el cuerpo militar británico de élite, y que cada noche revisan bajo su cama y entre las sábanas.
Entre tanto, Thierry peleó por ser el único en dirigir la riqueza de su hija, cuyo manejo -así lo dispuso Cristina en su testamento- compartía en medio de discusiones con cuatro amigos de confianza del viejo Aristóteles Onassis. Finalmente, en 1999, un tribunal suizo derivó la responsabilidad a un administrador independiente.
Athina terminó de cursar la secundaria en Bruselas, con muy buenas notas. Habla sueco, francés e inglés; muy poco el griego. Estuvo años sin visitar la patria de su madre. Cuando volvió, en 1998, sufrió tal acoso mediático, que prefirió no regresar.
Como a cualquier adolescente le gustan los perros, la música pop, el tenis, esquiar, maquillarse y salir con amigos. Pero su debilidad son los caballos. Monta desde los siete años y a los 16 ya ocupaba el puesto 30 en el ranking internacional de la hípica. Ha sido invitada a integrar la delegación griega que competirá por los juegos olímpicos de 2004.
En Bélgica, al frecuentar el picadero del brasileño Rodrigo Pessoa, tricampeón mundial, conoció en febrero de 2002 a su amigo y compañero de equipo, Alvaro Afonso de Miranda Neto, nacido en Sao Paulo y radicado en Bruselas. "Doda", lo llaman los medios brasileños, que lo miman porque integró la representación que conquistó sendas medallas de bronce en las Olimpíadas de Atlanta (1996) y Sydney (2000), y la de oro en los Juegos Panamericanos de Winnipeg (1999). También auspicia en Brasil un centro que utiliza caballos en el tratamiento de niños y adultos discapacitados.
Desde cierta mirada conservadora, no parece un buen partido. Este apuesto moreno cumple 30 años este mes, y ya tiene en su haber un divorcio y una nena de tres años. Pero el padre de Athina ha dado muestras de aprobar el romance, que la pareja no se ha cuidado de ocultar.
De todos modos, Doda mantiene la máxima discreción posible cuando lo entrevistan. "Me admiró su simplicidad y su inteligencia, y el hecho de ser madura y muy equilibrada a pesar de los problemas que tuvo", contó en noviembre de 2002 a O Estado de Sao Paulo. En cuanto a la tentación de los millones de los Onassis, asegura estar "más preocupado con las competencias hípicas y con mis proyectos, que con los lujos".
Cuánto dinero tendrá Athina cuando llegue a los 21, no se sabe con exactitud. Algunos especulan que serán 5.000 millones de dólares. Ahora, cuando ya puede empezar a manejar 1.622 millones, está estudiando cómo deshacerse de ellos donándolos a una fundación de beneficencia, para quedarse con "apenas 20 millones, para desarrollar un criadero de caballos". Confiesa que querría "olvidar el apellido Onassis: es la causa de todos los problemas".
Clarín



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