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Un continente en peligro

El tema sobre la realidad latinoamericana le interesa especialmente a Saramago, quien acomoda sus pesados lentes y mira fijamente al techo mientras reflexiona sobre la crítica situación social y el futuro de la narrativa latinoamericana. "Hay un evidente tiempo de suspensión en las letras de Latinoamérica. Y es que tenía que llegar de algún modo, tras haber explotado el boom de los autores continentales como García Márquez, Fuentes, Onetti, Sábato, ahora hay un gran vacío que nadie sabe en que terminará. No conozco a ciencia cierta cada uno de los casos puntuales de lo que acontece en la narrativa de la región, pero de lo que sí estoy seguro es de que gran parte de los autores trata de usar sus obras como un espejo crítico, político y social del panorama actual. Intentaron reunir en un libro una compleja realidad de elevadas magnitudes. Los tiempos han cambiado, y el momento para describir en detalle parece haber terminado y ahora entramos en un período de explicación. América Latina, en específico, se ha caracterizado por tener grandes románticos sociales que se han preocupado simplemente por describir las clases bajas o los estratos más desfavorecidos".
Más enfático en sus ideas el escritor portugués prosiguió: "Ahora más que nunca, cuando Latinoamérica atraviesa una difícil situación, tiene que acostumbrarse a los nuevos tiempos y a las nuevas modalidades. Ahora más que nunca, cuando los niños en la región continúan muriéndose de hambre, y la situación seguirá agravándose, la narrativa deberá hacer su parte. Una de las grandes tragedias en Latinoamérica es la falta de información que sobre ella se tiene en el resto del mundo. Aún queda mucho por decirse sobre los genocidios en Latinoamerica". Haciendo mención a los casos de Panamá, Argentina, Costa Rica y Venezuela, continuó explicando: "Allí están ocurriendo situaciones sumamente graves que pueden destruir la identidad de los pueblos, y sobre ello los europeos casi no estamos enterados. La television nos bombardea a menudo con imágenes que sólo sirven para ocultarnos la realidad. De vez en cuando vemos noticias sobre graves manifestaciones en Latinoamérica o niños en Africa muriéndose de hambre, con moscas y todo en la cara y, de inmediato, pasamos a otros anuncios sin el menor reparo".

José Saramago
Jesús Abel Fernandes. Lisboa
El escritor portugués, premio Nobel de Literatura 1998, ofreció unas palabras en exclusiva para Estampas, a propósito de su nuevo libro, El hombre duplicado, que llegará pronto a las librerías del país.

El vaivén de las olas de Lanzarote ha sido su gran fuente de inspiracion durante algunos años. Aunque reside en la isla española mantiene la misma lusofonía heredada de sus compatriotas Luis de Camoes y Fernando Pessoa. El premio Nobel de literatura José Saramago regresa con su más reciente romance bajo el brazo. Sereno, paciente, pero enfático, no en vano advirtió que "casi nunca hablo de literatura, cinco minutos los dedicaré para mi libro y el resto a cualquier otra divagación". Saramago tomó asiento y no paró de reflexionar.
El título de este libro, El hombre duplicado, sugiere una idea de identidad; de duplicidad del hombre...
"A primera vista el libro cuenta la vida de un profesor de Historia que, por casualidad, descubre una grabación en video de otro hombre igual que él y decide salir a buscarlo. Ese hombre duplicado entra a su casa y hasta logra embarazar a su mujer sin ningún problema. No hay un lugar ni un tiempo establecido. Puede ser en cualquier país o ciudad, o en cualquier época del año. Pero lo que quiero plantear en el fondo es el asunto del 'otro'. Si el 'otro' es como yo, y el 'otro' tiene todo el derecho de ser como yo, me pregunto, ¿hasta qué punto yo quiero que ese 'otro' entre y usurpe mi espacio? En esta historia el otro tiene un significado que nunca antes tuvo. Actualmente en el mundo entre 'yo' y el 'otro' hay distancias y esas distancias no son posibles de superar y por ello cada vez menos el ser humano puede llegar a un acuerdo. Nuestras vidas están compuestas de un 95% que es obra de los demás. En el fondo vivimos en un caos y no hay un orden aparente que nos gobierne. Entonces, la idea clave en el libro es que el caos es un tipo de orden por descifrar. Con este libro le propongo al lector que investigue el orden que hay en el caos".
Su libro La caverna fue casi censurado en Estados Unidos, ¿se sintieron aludidos con el tema central del libro?
(Piensa). "Es cierto, en Norteamérica intentaron censurar La caverna. La obra establece una relación entre la caverna que planteó en un pasado Platón y la existencia de los centros comerciales en nuestros días. Como en América los mall están en todos lados, y todos los ciudadanos acuden religiosamente a ellos, a muchos americanos no les agradó la obra. Los centros comerciales son como las iglesias del pasado. La gente disfruta allí, se siente realizada, rinde culto al producto. Es el nuevo paraíso, no hay frío ni calor y quizás ellos se percataron de que este universo creado es, al fin y al cabo, un campo de concentración".
¿Cómo evalúa la situación de algunos géneros literarios como la comedia, o el propio romance en el plano mundial?
"La idea de escribir sobre comedia humana es una posibilidad impensable luego de Balzac, pero no sólo sobre comedia, también sobre romances o cualquier otro género. A mi juicio la literatura está muriendo. Aunque aún quedan muchas personas con esperanzas, pues el arte ya murió tantas veces, y Dios ni se diga. Al parecer, en nuestro tiempos ya no tiene sentido contar lo que pasa entre un hombre y una mujer. Ya todo el mundo sabe bien lo que pasará entre ellos. Pero no hay de qué preocuparse, siempre algo empieza y termina. Ahora mismo, avanzamos a un lugar donde no hay nada, un lugar donde todo parece haber acabado. Eso que llamo 'nada' es el futuro".
Luego de un Nobel, ¿escribir se torna más complejo?
"Para mí ser escritor es un trabajo normal. En general los romances deben tener una estructura básica sobre la cual se construyen historias entre quienes no pasa nada trascendente. Nada que ya no se conozca. Los escritores utilizamos palabras y si tenemos algunas dudas, pues acudimos al diccionario. No somos eruditos como se piensa. Luego, con la historia casi armada, tenemos el estímulo, o lo que muchos llaman inspiración, para darle forma a lo que se cuenta; aunque en mi caso siempre tengo primero el título y la historia la voy adaptando a él. Además, no olvides que he escrito cuentos con esa maravillosa máquina llamada computador. ¡Es magnífico! Aunque a veces me tiemblan los dedos cuando el computador me pregunta con ironía: ¿Está dispuesto a confirmar la alteración? Todas las páginas pueden desaparecer si mis movimientos no están bien calculados (risas). En líneas generales mantengo la misma esencia en mis libros. Las obras que escribo nunca apuntan a condensar el orden, más bien lo desordenan y perturban al lector, pero yo creo que hay que crear el caos para hacer su orden. Ese seguirá siendo mi estilo".
En noviembre pasado cumplió 81 años, ¿es hora de la retirada?
(Sonríe). "Me siento realmente ansioso por haber cumplido 81 años. Con esta edad me han ocurrido situaciones simpáticas. Cuando algunos de mis conocidos me ven ahora dicen 'no parece que tuvieras esa edad', eso es lo que siempre le dicen a las personas que se ven viejas (risas), pero ya llegará el día en que aparente la edad que tengo. Cuando tenía 79 años, apenas dos años atrás, nadie comentaba nada sobre mi edad. Vivo de lo que escribo y por los momentos continuaré en esta tarea. Por ejemplo, ahora estoy trabajando en un libro de tentaciones, en una autobiografía que sólo llegará a narrar mi vida hasta los 15 años. Quiero que la gente pueda entender lo que soy, justo a partir de lo que fui. A mis ochenta aún me siento llevado de la mano por el niño de ocho años que fui. Todavía no éramos proxenetas ni ladrones. No permitiré que muera nunca ese niño, y aunque se vaya a dormir a la sombra, volverá a despertar".

Vida de un Nobel
Saramago nació en una aldea en Azinhaga, Portugal, el 16 de noviembre de 1922. Antes de dejarse poseer por la musa de la literatura trabajó en diversos oficios, que iban desde cerrajero y mecánico hasta traductor y editor. En 1947 publicó su primera novela, Tierra de pecado, y no volvió a publicar hasta 1966. El autor decidió permanecer sin publicar más de veinte años porque, según él mismo afirmó: "No tenía nada que decir hasta entonces". Trabajó en una editorial donde ejerció las funciones de director y colaboró como crítico literario en la revista Seara Nova. A finales de los años sesenta presentó dos libros: Os poemas possíveis y Provavelmente alegría. En 1973 se une a la redacción del Diario de Lisboa como articulista político. Sus primeras publicaciones en prosa fueron: Manual de pintura y caligrafía (1977) y Alzado del suelo (1980). El reconocimiento internacional estaba a la vuelta de la esquina con la aparición, en 1982, de su novela Memorial del convento, a la que siguió El año de la muerte de Ricardo Reis, esta última dedicada al universo espiritual de Fernando Pessoa. El trabajo narrativo de Saramago fue cobrando adeptos en cada rincón del planeta, en cada título se fue confirmando su talento: La balsa de piedra (1986), Historia del cerco de Lisboa (1989), El evangelio según Jesucristo (1991), Casi un objeto (1994), Viaje a Portugal (1995) y Ensayo sobre la ceguera (1996). En 1998 explotó el éxito internacional de Todos los nombres, novela que le mereció el premio Nobel de literatura. Dos años después, en 2000, edita La caverna. Ha sido distinguido con doctorados honoris causa por las universidades de Turín, Sevilla, Manchester y Castilla-La Mancha. También ha recibido el Premio Camões, equivalente al Premio Cervantes en los países de lengua portuguesa.

jesusabel@sapo.pt

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