- Norah Jones, la revelación
- El monitor se pasea por el cine
- La esperada noche del Grammy
 CRONICA
- In&Out
- Gael García Bernal. "El cine es para viajar y hacer amigos"
- José Saramago
- Tutankamón. Secretos revelados

- Athina Roussel Onassis. La joven más rica del mundo

SALUD
- Ganarle a la crisis
SALUD
- El sida y las adolescentes
NUTRICION
- Té para diabéticos
BELLEZA
- Cuidados intensivos
BAZAR
- Versatilidad en la hebilla
MODA
- Hombres a toda prueba
COCINA
- Vinagretas
 CRIMENES
 HOROSCOPO
 HUMOR
 MAYTTE
 CRUCIGRAMA
 ARCHIVO
 CONTACTENOS
 
 

In&Out
Carla Tofano

Estar a la moda, cada vez más, es un concepto inherente a la vida participativa del ciudadano corriente y un deber de cada ser urbano comprometido con la comprensión y la interpretación de su momento histórico. Afortunadamente, la moda es estricta y libre en medida exacta y la expresión de los signos preponderantes y alienadores del ecosistema social, depende -entre otras cosas- de la capacidad de cada cual de tomarse la vida con sentido del humor. Al igual que con el resto de los aspectos de la vida, pensar, vivir, y vestir a la moda dependen únicamente de la disposición que cada uno de nosotros tenga para vivir esclavo de las convenciones, o de la astucia manifiesta por cada cual para driblar con elegancia y bon chic las autoritarias imposiciones del sistema.
Este año, el Olimpo de la estética internacional (es decir, los grandes escenarios de la moda occidental) decretan la supremacía del color durante la nueva temporada primavera-verano 2003. El minimalismo, el romanticismo bohemio y la oscuridad gótica de las chicas cuervo, se aparta para permitir el regreso de la minifalda, el brillo metálico, el look años cincuenta, la ropa de satén durante el día, la inspiración china -chinoserie- de noche, los zapatos con el talón cerrado y los dedos al descubierto y las carteras de asa corta al estilo Grace Kelly. Del mismo modo, según las publicaciones especializadas en materia de tendencia, quedan fuera de dictamen las faldas volátiles hasta la rodilla, las prendas en estampado de camuflaje, los accesorios de exotismo apache, el look hippie de reminiscencia setentosa, los zapatos de punta redonda, los blue jeans para las galas nocturnas, y la imagen femenina de inspiración bohemia.
La economía del mundo entero padece una profunda crisis, y la moda, como siempre, cumple a cabalidad con su habitual responsabilidad histórica y transforma la recesión económica en ilusión escapista. El temperamento de la moda de 2003 es provocador y optimista. La austeridad y la mesura quedan para el discurso de los expertos en economía y análisis internacional. Sobre las pasarelas, en las portadas de las revistas y en las páginas de sociales de los tabloides que celebran el consumo, las mujeres con mayor acceso y poder lucirán el lujoso y lujurioso brillo del dorado, el plateado, los estampados -geométricos o florales- y las minifaldas satinadas.
La nueva actitud de la moda poco tiene que ver con el valor honorario de las joyas o con la insolencia del lujo excluyente y minoritario que reinó en el comportamiento del lujo en el nuevo siglo. En 2003 las mujeres van a divertirse combinando t-shirts de algodón, con pantalones tubo, chaquetas voluminosas y piezas de inspiración deportiva. Hombres y mujeres serán nuevamente muy chic y sexy, y conviene desempolvar de los estuches de maquillaje el delineador líquido para volver a trazar la línea inferior del párpado superior en negro mate a la usanza de Marylin Monroe.
Si sucumbimos a los dictámenes de cada nueva temporada, deberíamos reconstruirnos cada cuatro meses a imagen y semejanza de una realidad que en el fondo es ajena a cada mujer sobre la faz de la tierra, sin embargo, esta vez podemos dejarnos seducir por el espíritu de una actitud refrescante y esperanzadora combinando con libertad piezas viejas y nuevas. Las mujeres tenemos el inmenso poder de recrearnos a imagen y semejanza de nuestra voluntad, caprichosa y juguetona, y en el año que se estrena, los dictámenes de la tendencia y el estilo internacional, nos permiten celebrar nuestra feminidad con la estridente supremacía del color, el romance, el brillo metálico, las minis y el satén. Muy a pesar de la crisis mundial, el lastre de las miserias finiseculares y la depresión colectiva, el chic radical vuelve a ser el estilo en cuestión. ¿Por qué no? A fin de cuentas, la libertad es un sueño a color y la minifalda fue una pieza de ropa que rompió esquemas cuando apareció a mediados de los años sesenta proponiendo reemplazar los pechos de torpedos del corsé, por la inocencia de lolitas adolescentes con piernas muy delgadas y mirada ingenua.
En la moda es falso creer que todo vale; sin embargo, todo se mezcla y recicla de un modo tan arbitrario y laberíntico que se puede estar con un pie dentro del candelero y el resto del cuerpo en el cielo. El buen estilo es la carta de presentación que nunca falla, por eso, propongo prestar atención al estallido de neón que protagoniza la conciliación de estampados hawaianos, las estridencias punk rock, las minis de satén y algunos guiños años cincuenta. Los ingredientes están en el ambiente, sólo cada una de nosotras puede ponerle alma al nuevo look.

tofano@hotmail.com

 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso