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In&Out
Carla Tofano
Estar a la moda, cada vez más, es
un concepto inherente a la vida participativa del ciudadano corriente
y un deber de cada ser urbano comprometido con la comprensión
y la interpretación de su momento histórico.
Afortunadamente, la moda es estricta y
libre en medida exacta y la expresión de los signos preponderantes
y alienadores del ecosistema social, depende -entre otras cosas-
de la capacidad de cada cual de tomarse la vida con sentido del
humor. Al igual que con el resto de los aspectos de la vida, pensar,
vivir, y vestir a la moda dependen únicamente de la disposición
que cada uno de nosotros tenga para vivir esclavo de las convenciones,
o de la astucia manifiesta por cada cual para driblar con elegancia
y bon chic las autoritarias imposiciones del sistema.
Este año, el Olimpo de la estética internacional (es
decir, los grandes escenarios de la moda occidental) decretan la
supremacía del color durante la nueva temporada primavera-verano
2003. El minimalismo, el romanticismo bohemio y la oscuridad gótica
de las chicas cuervo, se aparta para permitir el regreso de la minifalda,
el brillo metálico, el look años cincuenta, la ropa
de satén durante el día, la inspiración china
-chinoserie- de noche, los zapatos con el talón cerrado y
los dedos al descubierto y las carteras de asa corta al estilo Grace
Kelly. Del mismo modo, según las publicaciones especializadas
en materia de tendencia, quedan fuera de dictamen las faldas volátiles
hasta la rodilla, las prendas en estampado de camuflaje, los accesorios
de exotismo apache, el look hippie de reminiscencia setentosa, los
zapatos de punta redonda, los blue jeans para las galas nocturnas,
y la imagen femenina de inspiración bohemia.
La economía del mundo entero padece una profunda crisis,
y la moda, como siempre, cumple a cabalidad con su habitual responsabilidad
histórica y transforma la recesión económica
en ilusión escapista. El temperamento de la moda de 2003
es provocador y optimista. La austeridad y la mesura quedan para
el discurso de los expertos en economía y análisis
internacional. Sobre las pasarelas, en las portadas de las revistas
y en las páginas de sociales de los tabloides que celebran
el consumo, las mujeres con mayor acceso y poder lucirán
el lujoso y lujurioso brillo del dorado, el plateado, los estampados
-geométricos o florales- y las minifaldas satinadas.
La nueva actitud de la moda poco tiene que ver con el valor honorario
de las joyas o con la insolencia del lujo excluyente y minoritario
que reinó en el comportamiento del lujo en el nuevo siglo.
En 2003 las mujeres van a divertirse combinando t-shirts de algodón,
con pantalones tubo, chaquetas voluminosas y piezas de inspiración
deportiva. Hombres y mujeres serán nuevamente muy chic y
sexy, y conviene desempolvar de los estuches de maquillaje el delineador
líquido para volver a trazar la línea inferior del
párpado superior en negro mate a la usanza de Marylin Monroe.
Si sucumbimos a los dictámenes de cada nueva temporada, deberíamos
reconstruirnos cada cuatro meses a imagen y semejanza de una realidad
que en el fondo es ajena a cada mujer sobre la faz de la tierra,
sin embargo, esta vez podemos dejarnos seducir por el espíritu
de una actitud refrescante y esperanzadora combinando con libertad
piezas viejas y nuevas. Las mujeres tenemos el inmenso poder de
recrearnos a imagen y semejanza de nuestra voluntad, caprichosa
y juguetona, y en el año que se estrena, los dictámenes
de la tendencia y el estilo internacional, nos permiten celebrar
nuestra feminidad con la estridente supremacía del color,
el romance, el brillo metálico, las minis y el satén.
Muy a pesar de la crisis mundial, el lastre de las miserias finiseculares
y la depresión colectiva, el chic radical vuelve a ser el
estilo en cuestión. ¿Por qué no? A fin de cuentas,
la libertad es un sueño a color y la minifalda fue una pieza
de ropa que rompió esquemas cuando apareció a mediados
de los años sesenta proponiendo reemplazar los pechos de
torpedos del corsé, por la inocencia de lolitas adolescentes
con piernas muy delgadas y mirada ingenua.
En la moda es falso creer que todo vale; sin embargo, todo se mezcla
y recicla de un modo tan arbitrario y laberíntico que se
puede estar con un pie dentro del candelero y el resto del cuerpo
en el cielo. El buen estilo es la carta de presentación que
nunca falla, por eso, propongo prestar atención al estallido
de neón que protagoniza la conciliación de estampados
hawaianos, las estridencias punk rock, las minis de satén
y algunos guiños años cincuenta. Los ingredientes
están en el ambiente, sólo cada una de nosotras puede
ponerle alma al nuevo look.
tofano@hotmail.com
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