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Crimen por odio
Max Haines
Las diferencias raciales hicieron que dos jóvenes perdieran la vida

Desde tiempos bíblicos, se cometen crímenes por odio. Las creencias religiosas, el pensamiento filosófico y los prejuicios raciales han sido, y hoy día también pueden ser, la única razón para que una persona odie a otras tanto como para matarlas.
Precisamente, un crimen de este tipo tuvo lugar el 7 de diciembre de 1995, en Fayetteville (Carolina del Norte). Dos afroamericanos, Jackie Burden y Michael James, paseaban por la calle poco después de la medianoche. Eran buenos amigos. Jackie estaba saliendo con el hermano menor de Michael. No tardarían en convertirse en víctimas de un asesinato, únicamente por el odio de dos jóvenes blancos.
Randy Meadows, de 21 años, estaba en el Ejército americano desde 1992. Tenía destino en Fort Bragg, que no estaba muy lejos, y lo mismo su buen amigo Jim Burmeister, y otro soldado, Malcolm Wright, de 22 años.
Los tres jóvenes empezaron la noche paseándose en su Chevrolet Cavalier, en busca de prostitutas. Después de pasar por varias calles sin tener éxito en su búsqueda de compañía femenina, decidieron comprar unas drogas como complemento de las cervezas que ya se habían tomado. Entonces, vieron a Jackie Burden y a Michael James paseando por la calle Hall, que estaba poco alumbrada.
Meadows aparcó el Cavalier en esa manzana y sus dos amigos se bajaron del vehículo. Rápidamente, recorrieron la distancia que les separaba de su presa. Jim Burmeister llevaba una pistola semiautomática Ruger de nueve milímetros. Esa misma noche, Jim había señalado con el dedo varias veces a afroamericanos y, haciendo un chasquido con los dedos como si tuviera una pistola, decía: "Estás muerto". Las calles estaban bien alumbradas y cualquiera podría haber sido testigo del asesinato. Sin embargo, en esa calle oscura sólo tenían ante sí a sus víctimas.
Intercambiaron unas palabras inofensivas. Luego, dispararon. Jackie Burden cayó en la acera, muerta. Michael James estaba moribundo. Fallecería después en el Hospital Valley Cape Fear. Había recibido dos tiros en la cabeza. A Burden le habían disparado tres veces en la cabeza y una en la espalda. Después se supo que el primer disparo lo recibió en la espalda, mientras intentaba huir. Para asegurarse de su muerte, su asesino le disparó tres veces en la cabeza a una distancia de no más de unos quinientos metros.
Sonia Autry, que estaba viendo la televisión con la ventana abierta, oyó los disparos y llamó a los bomberos. Otros dicen que vieron a un hombre blanco solo, sentado en un vehículo negro, que luego se marchó.
En poco tiempo, la policía acordonó la zona de la calle Hall donde se registró el crimen. Mientras colocaban la cinta amarilla correspondiente, uno de los agentes vio a un hombre joven justo al otro lado. Cuando el agente le interrogó, el hombre dijo que era un soldado vestido de civil y que sencillamente sentía curiosidad. Había oído disparos y se había acercado a ver lo que estaba pasando. Se llamaba Randy Meadows.
El aliento del joven Meadows olía a alcohol. Le dijo al agente que estaba volviendo a Fort Bragg por carreteras secundarias porque había bebido un poco y no quería que le detuvieran. El agente, que para entonces sospechaba de Meadows, llamó a un detective que decidió inspeccionar el vehículo del soldado. Meadows condujo al detective hasta el Cavalier, aproximadamente a una manzana del lugar del crimen. Dentro del automóvil, el inspector vio que el asiento delantero del pasajero estaba muy hacia atrás, lo que indicaba que un hombre alto había ocupado ese puesto. También vio una cerveza en el asiento trasero.
Para entonces, Meadows estaba siendo interrogado exhaustivamente por un equipo de detectives. Dijo que había estado bebiendo en un bar local. Meadows fue trasladado a la comisaría de policía para proseguir con su interrogatorio.
Entre tanto, una testigo, Sheryl Mills, informó a la policía que iba caminando cerca del lugar del crimen y había visto a dos hombres blancos salir de un vehículo negro conducido por otro hombre blanco. Los hombres se habían ido por la calle Hall y, tan sólo unos segundos después, ella había oído una serie de disparos. Sheryl reconoció el automóvil de Meadows y dijo que era el que ella había visto.
Cuando se le explicó que alguien le había identificado, Randy Meadows se decidió a hablar. Contó que sus dos compañeros eran Jim Burmeister y Malcolm Wright. Después de tomarse unas cuantas cervezas en un bar, Burmeister le había pedido que pasara por la zona negra de la ciudad y buscara calles mal alumbradas. Fue durante esta incursión cuando Burmeister simulaba con el dedo que disparaba con una pistola a peatones desprevenidos.
En la calle Hall, los soldados vieron a sus dos víctimas. Burmeister le ordenó que detuviera el vehículo. El y Wright se bajaron y se dirigieron hacia la pareja, que no sospechaba nada. Le dijeron a Meadows que volverían en seguida. Admitió que sabía que iban detrás del hombre y la mujer que andaban por la calle. También sabía que Burmeister llevaba la Ruger de nueve milímetros, pero sostuvo que no pensaba que iban a matar a nadie.
Meadows también contó que Burmeister era prácticamente un skinhead y que con frecuencia elogiaba la filosofía nazi. En particular, parecía fascinado con la obsesión de los skinheads por matar a alguien. Tras ello, al asesino se le permitía adornarse el cuerpo con un tatuaje en forma de tela de araña. En la mente retorcida de Burmeister, era algo por lo que valía la pena luchar.
Unos minutos después que sus compañeros salieran del Chevy, Meadows oyó disparos. Pasó por allí con el vehículo buscando a sus amigos pero no logró encontrarlos. Al final, estacionó el carro y caminó hasta el lugar donde fue interceptado por los primeros agentes de policía en llegar al lugar del crimen.
Meadows le dijo a la policía que Burmeister no vivía en el fuerte, sino en una caravana, en Spring Lake. Cuando los agentes llegaron a la caravana, detuvieron tanto a Wright como a Burmeister.
Wright confesó que todo lo que había contado Meadows era cierto. En el lugar del crimen, Burmeister le había puesto la Ruger a Wright en las manos pero éste se negó. Enfadado, Burmeister le quitó el arma y empezó a disparar. Huyeron, buscando a Meadows, pero no pudieron localizarlo. Después tomaron un taxi y volvieron a la caravana de Burmeister.
Tras localizar a Greg Parker, taxista, éste confirmó que los dos hombres se habían montado en su taxi. Se registró la caravana de Burmeister, donde se encontró la ropa que había llevado en el momento del crimen, así como su Ruger de nueve milímetros que, según se comprobó, fue el arma utilizada en el asesinato. Se descubrió que las manchas de sangre en la ropa encontrada en la caravana de Burmeister eran de sangre de Jackie Burden.
Jim Burmeister fue el primero en ser juzgado. Se le declaró culpable de dos imputaciones de asesinato en primer grado y una de conspiración para cometer asesinato. Fue sentenciado a doble cadena perpetua, sin posibilidad de libertad condicional, y a entre 16 y 20 años por conspiración para cometer asesinato.
Malcolm Wright fue declarado culpable de las mismas imputaciones que su amigo y sentenciado a cadena perpetua, sin posibilidad de libertad condicional.
Randy Meadows se declaró culpable de conspiración para cometer una agresión con un arma mortífera. Por el testimonio que dio a la fiscalía y su total colaboración con los investigadores, fue liberado, sin objeción alguna por parte del fiscal.

 
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