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Navidad ilustrada
Adriana Gibbs
Cuatro ilustradores venezolanos han creado -especialmente para los lectores de Estampas- cuatro imágenes que recrean, a su manera, al mes que comienza. Además, comparten sus recuerdos navideños más entrañables y cuentan cómo celebran ahora estas fechas.

Laura Liberatore
Lleva 25 años dedicados a la ilustración. Y no se concibe en otro oficio. Estudió en el Instituto de Diseño Fundación Neumann e hizo especializaciones en Ilustración a mano y en computadora. "Mi trabajo es creativo y siento que estoy aprendiendo siempre; ilustrar es una manera de prolongar la infancia". Ella recuerda que cuando era niña le emocionaba muchísimo la lectura. "Bastaban unas líneas para que yo me transportara a otra época. Y ahora, siempre que me toca ilustrar un cuento, quiero de algún modo reproducir esa emoción en los niños". Algunos de los libros que han contado con sus trazos son La danta blanca, El tigre y el cangrejo, Encuéntrame y El cumpleaños de la gallinita. "Cuando empiezo a leer el texto se dispara automáticamente una película en mi cabeza. Antes de empezar a dibujar, empiezo a buscar imágenes en casa y en la calle. Para mí, ésta es la etapa más bonita. Una vez finalizada -artes finales en mano- es cuando puedo desligarme de la historia".
Su recuerdo de Navidad: "Dos regalos: unos pequeños cuadros para pintar y una caja de 48 colores; me pareció lo máximo, y tardé algunos días en sacarles punta, pues quería mantenerlos intactos. Creo que la ilustración ya se había instalado en mí".
Y ahora: "Disfruto muchísimo las tradiciones de Navidad, el hacer las hallacas y adornar la casa; me esmero mucho en ello, especialmente para mi hijo Diego, de ocho años. En diciembre me encanta invitar a la familia y a los amigos a casa; convocarlos a oír aguinaldos. Propicio también los intercambios de regalos".

"Ilustrar es una manera de prolongar la infancia"

 


Cristina Keller
Estudió en el Instituto de Diseño Fundación Neumann, y aprendió de las artes gráficas en la Escuela Cristóbal Rojas. La capa del morrocoy y Una señora con sombrero son dos de los libros infantiles que han contado con sus ilustraciones. Ejercita la docencia en el Museo Jacobo Borges, en la Escuela de Arte Armando Reverón y en ProDiseño, a la par de trabajar en su obra gráfica, escultórica y pictórica.
"Me gusta expresar mis propias ideas; ahora bien, cuando me toca ceñirme a un texto, leo y releo la historia. Como comunicadora visual comprendo el mundo a través de las imágenes; lo complejo es la lucha por sacar afuera todas las ideas y hacerlas cautivantes para el que las vea". Para ella, ese proceso de visualizar, de empezar a comprender las características, los gustos, la personalidad, el físico y hasta el entorno que habitan los personajes de la historia, es fascinante. "Luego visualizo las escenas y surgen los primeros esbozos del libro. Esta es la parte más difícil, pero también la más gratificante".
Su recuerdo de Navidad: "Somos una familia de ocho hermanos, y para nosotros era realmente mágico que el Niño Jesús fuera tan generoso con todos. Tuvimos momentos fantásticos como las patinatas, las misas de gallo y la preparación de las hallacas con toda la muchachada".
Y ahora: "En casa esperamos con muchas ganas la Navidad para hacer hallacas; nos encanta mantener y compartir la tradición culinaria. El pesebre tampoco falta; también disfruto inmensamente las reuniones con mis amigos y la familia".

"Comprendo el mundo a través de las imágenes"

 

 

David Márquez
Estudió Diseño Gráfico en el Instituto ProDiseño, se desempeñó como ilustrador en el periódico Economía Hoy, y desde hace tres años trabaja en Ekaré, diseñando libros, materiales para la promoción de la lectura y como uno de los ilustradores del proyecto Cancionero infantil. Además, es el ilustrador de Los crímenes más sonados, de la revista Estampas. "Considero que los libros que tienen más valor son aquellos que logran crear esos personajes entrañables que uno siempre recuerda; esos que de alguna manera viven y permanecen alrededor de uno". Esto lo ha asumido como uno de sus mayores retos en el oficio. También le apasionan los proyectos literarios y visuales que traten sobre la venezolanidad y, a mayor escala, la reflexión de lo latino como forma cultural.
Su recuerdo de Navidad: "Los fuegos artificiales en el apartamento de mi abuela una noche de Navidad. La emoción, en lugar de girar en torno a los regalos o a la cena, estaba centrada en el brillo y las luces de los juegos pirotécnicos".
Y ahora: "Es muy diferente a la Navidad que vivía como niño. Primero, mi familia está un poco dispersa y es muy difícil reunirla toda de nuevo. Luego, no tengo hijos y definitivamente la Navidad es para los niños. De ellos es esa noche y ellos son el espectáculo. Ahora bien, el David niño que todavía vive en mí prefiere celebrar estas fechas en sitios como en la cima del Roraima, y así dejar volar la imaginación pero en otra forma".

"Me apasiona la reflexión de lo latino"


 

Carmen Salvador
Su vida ha estado moldeada por la arquitectura, la pintura y la ilustración. Se graduó de arquitecta en 1988. Ese mismo año se ganó una beca de estudios en el Instituto Federico Brandt. Allí, su gusto por la pintura se fue convirtiendo en algo más que un boceto. Empezó a mostrar públicamente sus trabajos y, tras una de sus exposiciones, la editorial Ekaré le propuso ilustrar el cuento El rey mocho. Ese fue el comienzo de una retahíla de ilustraciones: Estaba el señor don gato y El libro de oro de los niños; en Playco Editores ha ingeniado imágenes para El gallo de boda, Busca que te busca, El Sol y el agua, La casa bonita y Cuentos para gatos. "Cuando un texto llega a mis ojos, lo primero que hago es leerlo repetidamente. Luego empieza lo que resulta más maravilloso para mí, el imaginar personajes, ambientes y objetos. De allí en adelante se impone el propio oficio".
Su recuerdo de Navidad: "Tres vestidos -uno azul, otro rosado y uno amarillo-, colgados en la baranda de la escalera de la casa; yo soñaba que me los traía el Niño Jesús. Otro recuerdo es una caja de regalo inmensa, donde había una hermosa muñeca. Al abrirla, lo primero que hice fue olerla; ese aroma de plástico, tan particular, me acompaña de cuando en cuando. Es una vuelta a mi infancia".
Y ahora: "Me incorporo a distintos rituales como el hacer hallacas, plato que siempre me ha fascinado; y ambientar la casa con motivos decembrinos".

"Es maravilloso imaginar personajes y ambientes"

 



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