- La hora de Julianne Moore
- Marquesina
- Calendarios 2003
- Fiestas cinco estrellas
- Preguntas a: Juan Pablo Raba
 CRONICA
- Las ganas de Aristóbulo
- Navidad ilustrada
- De abreboca en abreboca
- Los famosos "estiran" sus aguinaldos
BELLEZA
- Adoramos los labiales
MODA
- Moda para las fiestas
BAZAR
- Navidad de regalo
TENDENCIAS
- El turrón
endulza la mesa
TENDENCIAS
- La bodega en casa
BAZAR
- Cruzadas
COCINA
- Bienvenida a la Navidad
 CRIMENES
 HOROSCOPO
 HUMOR
 MAYTTE
 CRUCIGRAMA
 ARCHIVO
 CONTACTENOS
 
 

¿Quiere saber lo que es mágico?
Mónica Montañes

Irrumpió mi mamá en estricto estado de euforia y sentenció: "Si quieres saber lo que es la magia, enséñale a leer a un adulto"y procedió a echarme el cuento del porqué de semejante revelación, mientras Margot temblaba de emoción en la cocina. Margot es amiga de mi casa desde siempre, de esas persona que todavía me llaman Moniquita y que no pueden evitar una sonrisa cuando me ven haciendo o resolviendo asuntos de la gente grande. Margot es definitivamente una mujer sabia, amable y generosa, que ha sabido sacar adelante a tres muchachos y sortear sin rencores los abandonos propios del género masculino por estas latitudes. Margot sabe sobrevivir a esta ciudad inhóspita igual o mejor que cualquiera. Sabe ganarse con dignidad y alegría su quince y último, sabe sacar adelante una familia, sabe batirse en duelo por un puesto en una buseta de madrugada, sabe sortear la noche caraqueña en los rincones por donde llueven balas, sabe plancharle las camisas y los pantalones al señor, sabe blanquearles las franelas a la niña, sabe reírse duro y con ganas, sabe preparar las mejores albondiguitas del mundo y unas cremas de apio y auyama sensacionales, sabe sembrar ají y lechosas y cuanta mata germine de una semilla, sabe brindar apoyo en los momentos cumbres, sabe quererlo a uno y hacerse querer. Pero había una cosa que Margot no sabía: leer. O como ella misma confesó por fin, "Sí, me sé las letras, toditas, lo que no sé es juntarlas". Años conociéndola, intuyendo que había esa falla en sus sapiencias, pero nunca nos habíamos atrevido a tocar el tema, por pudor, por no incomodarla, por respeto, por pendejera… Hasta que un día mi mamá encontró el valor o la desfachatez necesaria como para preguntarle a una mujer grande y dueña de su vida si eso de cocinar al ojo por ciento, versionando irreverentemente a Scannone, mezclando ingredientes a su antojo, tenía algo que ver con una dificultad para leer. Margot sonrió coloradita, y confesó eso de que sí se sabía las letras pero no juntarlas. La sonrisa le chocó con los zarcillos cuando vio aparecer a mi mamá con el primer libro de texto que encontró, un lápiz con punta, un cuadernito y un vamos a darle pa' ver. Y ahí es cuando comenzó la magia a volverse rutina entre las cuatro paredes de mi cocina. ¡Qué David Copperfield ni qué ocho cuartos! Magia es ver a Margot temblando de emoción, de susto y de milagro cuando logra que la n, la o y la s se transformen en su cabeza en un nos, cuando descubre que esos bichitos negros que están debajo de un dibujito de elefante dicen nada menos que elefante. Nadie que lea corrido y desde pequeño puede saber del vértigo que produce juntar con sentido tres letras para formar una sílaba. Nadie como Margot para reírse duro y sabroso cuando le cuento que nada menos que García Márquez hace poco más de sesenta años tenía el mismo problema que ella con la m o la c, por aquello tan ilógico de que ¿si la m se pronuncia eme, cómo es que si a su lado lleva una a, no se pronuncia emea? O ¿cómo es que la c a veces sirve para s y otras para q? O ¿qué demonios hace la h existiendo?
Nada como la cara de Margot maravillada cuando terminó de leer la primera página completita, temblando como si acabara de atravesar sin caerse sobre la cuerda floja de un circo. Y eso que el texto que leyó era más bien bobo, del tipo mi mamá me mima. Dígame qué cara pondrá cuando, a la aventura de juntar las letras, se sume el placer por lo leído.
En fin, que si usted se topa con alguien que todavía no logra juntar las letras, no lo piense dos veces, no se vaya a perder el privilegio de semejante magia.

 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso