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Asesino millonario
Max Haines
El crimen no paga. Bueno, depende de quién sea usted
Nicholas
van Hoogstraten es uno de los hombres más ricos de Gran Bretaña.
Como tal, uno podría esperar leer sobre sus obras filantrópicas.
Nada más lejos de la realidad. Van Hoostraten es un punk
y un gángster, eso sí, con muchísimo dinero.
Sus antecedentes penales se asemejan a los de un miembro de la banda
mafiosa de Los Soprano (serie de televisión estadounidense).
En 1960, ya era dueño de muchísimos inmuebles en Sussex.
El método seguido por Van Hoogstraten para adquirir riqueza
era bastante sencillo. Presionaba a los habitantes de los barrios
bajos, forzándolos a desalojar bajo la amenaza de violencia
física. Luego compraba esas manzanas vacías a precios
muy baratos. Utilizando estos métodos inmundos y totalmente
incorrectos, llegó a acumular más de 350 apartamentos.
Asimismo, Van Hoogstraten también consiguió un préstamo
muy favorable. La compasión favoreció a Van Hoogstraten,
quien tardaba en conseguir los fondos para devolver el dinero que
debía. En los años sesenta, organizó un bombardeo
en la vivienda de un rabino mientras éste, su mujer y sus
seis hijos estaban dormidos. Los mercenarios de Van Hoogstraten
arrojaron una granada de mano por una ventana de la planta baja
de la vivienda del rabino. Por esta pequeña indiscreción,
fue condenado a cuatro años de cárcel.
Desde que se produjo el incidente de la granada, la hoja de antecedentes
penales de Van Hoogstraten está llena de arrestos y de estancias
en prisión. En 1968, se metió en el negocio de los
bienes robados. En 1972, se le puso una multa por conspiración
para causar daños y allanamiento de morada. Y eso no es todo.
Se le puso una multa de 200 libras por darle una paliza a un alguacil,
a lo que le sucedió desacato a un tribunal por amenazar a
un fiscal.
Con respecto a los miembros del sexo opuesto, Van Hoogstraten ha
sido un hombre activo. Es padre de al menos cinco hijos de tres
mujeres distintas, una de las cuales, Agnes Gnoumou, llegó
a ser su esposa. Agnes, quien ahora denuncia a su antiguo esposo
por crueldad y degradaciones, obtuvo el divorcio poco después
de dar a luz al hijo de ambos.
Pese a todo esto, Van Hoogstraten reina sobre sus dominios desde
su mansión de 30 millones de libras en East Sussex cuando
no está viajando a otra de sus residencias en Cannes, Monte
Carlo, Florida o Maryland. Su mansión de East Sussex es una
de las mayores construidas en Inglaterra en los últimos 100
años. Su fortuna se estima en 500 millones de libras. No
es un adversario que se pueda tomar a la ligera.
Precisamente uno de sus adversarios fue Mohammed Raja, un hombre
de 63 años y padre de seis hijos, quien tampoco era un peso
pluma. Raja, antiguo socio de Van Hoogstraten, se organizó
por su cuenta y no tardó en convertirse en un acaudalado
señor de los barrios bajos. Aunque no tenía tanto
dinero como Van Hoogstraten, vivía con bastante soltura.
En 1988, Raja le pidió prestadas a Van Hoogstraten cientos
de miles de libras con objeto de incrementar su dominio en cada
vez más barrios. Van Hoogstraten le prestó los fondos
pero insistió en quedarse con las escrituras de las propiedades
hasta que Raja le devolviera el dinero. Con el tiempo, a Raja le
dejó de parecer bien el trato y quiso saber cuánto
dinero sobre esas propiedades le debía exactamente. Van Hoogstraten
se negó a darle esa información y envió cartas
a todos los inquilinos informándoles de la bancarrota de
Raja y advirtiéndoles que tenían que pagarle sus alquileres
a él directamente.
En 1994, Raja llevó a Van Hoogstraten a los tribunales, alegando
que había falsificado documentos y acusándole de incumplimiento
de contrato. La polémica se alargó durante varios
años hasta que Raja enmendó su demanda, acusándole
de un delito más grave: fraude.
Al presentar semejantes querellas contra un hombre que tenía
la reputación de usar la violencia para conseguir sus fines,
Raja era consciente de los riesgos que corría. Le dijo a
su familia que estuviera atenta a cualquier señal de peligro.
Y resultó que tenía razón en preocuparse.
Van Hoogstraten reaccionó. Contrató a un asesino a
sueldo, Robert Knapp, un amigo de 55 años al que había
conocido en prisión. Knapp ya había realizado tareas
violentas para Van Hoogstraten en varias ocasiones. Junto al ex
convicto David Croke, de 59 años, fue a la casa de Raja.
Knapp y Croke, disfrazados de jardineros, tuvieron varias semanas
para hacer un reconocimiento del terreno en casa de la víctima.
En julio de 1999, estacionaron su furgoneta y llamaron a la puerta
de Raja. El hombre abrió la puerta y de un empujón
le llevaron hasta el pasillo, donde recibió cinco puñaladas.
Mientras yacía, moribundo, le dispararon a bocajarro en la
cara con una escopeta de cañón recortado desde una
distancia de no más de 30 centímetros. Uno de los
nietos de la víctima presenció el disparo. Ulteriormente,
se identificaría una huella digital de Knapp con restos de
sangre en el marco de la puerta de la casa.
Inmediatamente se sospechó de Robert Knapp, por su estrecha
vinculación a Van Hoogstraten. Lo mismo ocurrió con
Croke, por idénticas razones. En cuanto al multimillonario
Van Hoogstraten, en esa época estaba volando a Niza para
supervisar algunas de sus propiedades en la ciudad francesa. Desde
allí voló a Zimbabwe para pasar unas vacaciones.
Con
el tiempo, los tres hombres fueron sometidos a juicio por asesinato.
Algunos testigos, temiendo por sus vidas, se negaron a testificar.
Tanika Sali, de 18 años y novia de Van Hoogstraten, le dijo
a los investigadores que su novio le había presentado a Knapp
llamándole "mi asesino a sueldo". En el juicio,
Tanika se negó a corroborar la veracidad de esa afirmación.
Tanto el fiscal como el juez le advirtieron de las consecuencias
judiciales de negarse a testificar, pero ella tenía tanto
miedo de Van Hoogstraten que nada de lo que dijeron la hizo presentar
su testimonio.
Otro testigo de la acusación, Michaal Hamdan, un socio comercial
del millonario señor de los barrios bajos, huyó a
Líbano, para no testificar en contra de Van Hoogstraten.
Les dijo a los detectives que temía ser asesinado si testificaba.
A Knapp y a Croke se les declaró culpables de asesinato.
Fueron sentenciados a cadena perpetua. Van Hoogstraten no fue declarado
culpable de asesinato sino de homicidio involuntario. Aunque había
pruebas evidentes de que había contratado a asesinos a sueldo
para que dañaran a Raja, no quedó claro que les hubiera
ordenado su asesinato.
Van Hoogstraten tenía que haber sido sentenciado por el crimen
de homicidio involuntario pero, en vez de ello, consiguió
un dictamen del Tribunal Supremo afirmando que un director de prisión
le había denegado ilícitamente el derecho a ver y
ser asesorado por el abogado italiano Giovanni di Stefano.
Y, efectivamente, como Van Hoogstraten sabe bien, el título
de "hombre más rico de Gran Bretaña" sigue
teniendo mucho peso.
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