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Estatinas
¿superpoderosas?
Los conocidos fármacos, usados tradicionalmente
para bajar los niveles del colesterol en la sangre, parecen tener
nuevas y sorprendentes facultades. Desde hace ya algunos años
los estudios sobre estas nuevas aplicaciones se han incrementado.
Descubra lo que han revelado. Raúl
Chacón Soto
Con las estatinas podría estar sucediendo
lo mismo que ha ocurrido con la Aspirina: un medicamento pensado
para el tratamiento de un mal termina por ser particularmente eficaz
en la cura de otros. Generalmente, al descubrimiento de estas nuevas
facultades se ha llegado por suerte, accidente o casualidad, cosa
que ha cambiado drásticamente en estos últimos años,
cuando las grandes empresas farmacéuticas redoblan sus esfuerzos
por encontrarle nuevos y mejores usos a las drogas ya existentes
(en vez de buscar nuevas), respondiendo a lo que se ha convertido
en una tendencia innovadora en lo que a investigación se
refiere. El caso de las estatinas, los famosos fármacos usados
para bajar el colesterol, es un buen ejemplo. Además de evitar
el depósito de grasa en las arterias (con lo cual reducen
el riesgo cardíaco), las estatinas podrían ser indicadas,
en un futuro, para la prevención o el tratamiento de otras
enfermedades como el mal de Alzheimer, ciertos tipos de cáncer,
la esclerosis múltiple, la osteoporosis, la diabetes de tipos
1 y 2, y hasta podrían ayudar a evitar el rechazo de los
injertos en trasplantes de órganos. Pero, ¿será
verdad tanta maravilla? Lo mejor es echar un vistazo a lo que se
ha podido comprobar, por ahora.
Antes de entrar en materia, conviene recordar
lo que son las estatinas y cómo funcionan. Las famosas sustancias
son lipoproteínas que, como ya se ha dicho, son utilizadas
en la Medicina para tratar a los pacientes con altos niveles de
colesterol en la sangre. El asunto es que el colesterol que corre
por las venas, y que desde hace un buen tiempo es considerado el
mayor enemigo del sistema cardiovascular, es producido, en su mayor
parte, por el propio hígado del ser humano. Sólo 25%
proviene de los alimentos que se consumen. Estos porcentajes explican
por qué era necesario realizar intentos extra para prevenir
el incremento del colesterol, más allá de los simples
(pero importantes) cambios en la dieta; y las estatinas no son más,
según lo explica el cardiólogo y hemodinamista Nissim
Abecasis, que medicamentos que interfieren en la síntesis
del colesterol a nivel hepático.
La historia específica sobre la aparición
de estas sustancias empezó en 1971, cuando un investigador
japonés, Akira Endo, observó que algunos hongos producían
una sustancia tóxica fatal para los animales que los consumían.
Al buscar el porqué de semejante reacción, descubrió
que todo se debía a que algo había impedido la producción
de colesterol en los animales intoxicados (el colesterol es necesario
para la supervivencia). Endo consiguió aislar la sustancia
tóxica, que con el tiempo sirvió de base para la producción
de las estatinas. La primera en aparecer en el mercado fue la lovastatina,
pero, al poco tiempo, otros laboratorios emprendieron esfuerzos
por lograr su propia estatina, por lo que ahora se encuentran disponibles
la sinvastatina, la atorvastatina, la provastatina y, más
recientemente, la rosuvastatina.
La eficacia de todas estas estatinas en reducir
los niveles del colesterol "malo" (el LDL colesterol)
es significativa. Lo dice el propio Abecasis: "No hay duda
de que las estatinas son los medicamentos más efectivos en
términos de enfermedades cardiovasculares. Esto se ha demostrado
tanto en sus formas iniciales, como la lovastatina, hasta en las
más recientes, como la sinvastatina y la provastatina. De
todas ellas hay estudios donde se ve que son beneficiosas, incluso
en pacientes sin enfermedades coronarias evidentes, y con cifras
de colesterol que en otras épocas se consideraban normales.
En general, se estima que existe 30% de disminución de eventos
coronarios recurrentes -infartos, hospitalización por angina,
mortalidad-, al comparar entre quienes las toman y quienes no".
A favor de estas sustancias juega, también,
su relativa seguridad. "Excepcionalmente se presentan problemas
musculares (menos de un caso entre mil) o de alteración de
las pruebas funcionales hepáticas (sólo en 2% de los
pacientes), pero sigue siendo recomendable que su administración
sea supervisada por médicos. Hace un par de años,
Bayer tuvo que sacar del mercado una estatina sintética (la
cervistatina) porque en combinación con otro medicamento
produjo daños musculares y hasta muertes. Y hoy en día
hay una controversia con el uso de rosuvastatina, porque produce
dolores musculares cuando se utilizan dosis altas en el inicio del
tratamiento, por lo que se debe empezar con dosis bajas".
Ya está claro qué son y cómo
funcionan las estatinas, pero antes de pasar al punto de sus posibles
nuevos usos, el experto prefiere referirse a lo que considera más
relevante respecto a su tradicional utilización en el tratamiento
de las enfermedades cardiovasculares. Habla de dos aspectos: el
primero, que cada vez son más bajos los valores de colesterol
considerados como normales (antes era 250, ahora es menos de 200),
lo que ha obligado a subir las dosis de estatinas o combinarlas
con otros medicamentos; el segundo, que mientras más precozmente
se empiece un tratamiento con estatinas en los casos de pacientes
con enfermedades coronarias agudas, más claro será
el beneficio a corto plazo. "Todo esto indica que el efecto
beneficioso de las estatinas no es solamente bajar el colesterol.
También tiene un efecto antiinflamatorio y antiplaquetario
(y de alguna manera actúan como estabilizadores de placa),
lo que cambia la historia natural de los pacientes con enfermedad
coronaria, quienes, indudablemente, ven cómo mejora su pronóstico.
Podría decir, a manera de conclusión, que se ha demostrado
que las estatinas son útiles en pacientes con colesterol
normal y sin enfermedad coronaria, con colesterol alto y enfermedad
coronaria estable, y con colesterol normal o alto y enfermedad coronaria
inestable".
Nuevos usos
Las estatinas han vuelto a protagonizar las páginas de las
revistas médicas, pero por sus supuestas nuevas facultades.
Una de las más impactantes sería la de su capacidad
de prevenir el mal de Alzheimer. Un estudio de la Universidad de
Boston, dirigido por Robert C. Green, concluyó, después
de analizar los casos de más de 2.500 personas pertenecientes
a 800 familias, que el tratamiento con estatinas se asocia con un
79% de reducción de riesgo de la penosa enfermedad. Otro
trabajo, publicado recientemente en Archives of Neurology,
sostiene que las estatinas reducen los niveles de colesterol en
el cerebro en un 21,4%, y sugiere que tal reducción puede
ayudar a controlar la formación de placas amiloides con lo
que potencialmente se puede conseguir que la severidad de la enfermedad
sea menor.
No menos impactantes son los resultados obtenidos
en otras investigaciones que tienen que ver con la prevención
de ciertos tipos de cáncer, como el de colon y el de senos.
Un estudio realizado en Israel y dirigido por expertos de la Universidad
de Michigan, ha relacionado el consumo de estos fármacos
con una disminución de casi 50% del riesgo de padecer de
cáncer del colon y del recto. Los propios investigadores
advierten que todavía es muy temprano para recomendar el
uso generalizado de estos medicamentos para prevenir este tipo de
tumores, pero el entusiasmo crece, y, mientras tanto, numerosos
esfuerzos se abren paso para comprobar la eficacia de las "milagrosas"
estatinas en la lucha contra otros tipos de cáncer (también
han sugerido que podrían ser beneficiosas en la prevención
del de próstata).
Efectos beneficiosos contra la esclerosis múltiple
también han sido atribuidos a la acción de estos fármacos.
En la revista Neurology se publicó recientemente un trabajo
donde se sugiere que las estatinas podrían interferir de
forma positiva en el desarrollo de la enfermedad al reducir el engrosamiento
de las arterias. Otro estudio ha demostrado que una dosis diaria
de estatinas sería capaz de hacer más lento el deterioro
de las neuronas de las personas que sufren esta enfermedad.
Si
bien estos han sido los "nuevos usos" que le han dado
protagonismo en las páginas de las revistas científicas,
no han faltado otras singulares aplicaciones: una de ellas, que
le hizo ocupar lugar privilegiado en la revista The Lancet,
tiene que ver con su poder antiinflamatorio. Resulta que en el Centro
de Enfermedades Reumáticas de Glasgow, el investigador Isaib
B. McInnes llevó a cabo una investigación en la que
participaron 116 pacientes con artritis reumatoide. Durante seis
meses, el científico mantuvo a 58 de ellos consumiendo 40
mg diarios de atorvastatina, junto a su medicación habitual
contra la artritis. Al cabo de ese lapso, se pudo constatar en ellos
un efecto antiinflamatorio modesto, pero evidente, que no se presentó
entre quienes no ingerían la estatina. Lo bueno, como los
mismos investigadores sostienen, es que "se abre una oportunidad
para la creación de nuevos fármacos contra las enfermedades
inflamatorias crónicas".
Otra de las nuevas y sorpresivas propiedades
de las estatinas tiene que ver con una posible reducción
del riesgo de sufrir glaucoma. Según un estudio de un grupo
de investigadores de la Universidad de Alabama en Birmingham, publicado
en la última edición del Archives of Ophthalmology,
el uso prolongado (dos años, por lo menos) de estas lipoproteínas
contribuía de manera evidente a la prevención de esta
enfermedad que puede conducir a la ceguera, un saludable efecto
que parecía ser mayor entre quienes padecían patología
cardiovascular o hipercolesterolemia.
Otros estudios han sugerido que las ahora muy
bien vistas sustancias pueden favorecer el crecimiento de los huesos.
Así lo aseguran, por lo menos, en uno de los últimos
números de Archives of Internal Medicine, donde agregan
que gracias a esta cualidad, podrían ser usadas para ayudar
a prevenir el riesgo de fracturas óseas en mujeres mayores.
Pero, ¿serían una solución para la osteoporosis?
Todavía es muy temprano para afirmarlo. Según los
investigadores de la Universidad de California, "el empleo
de estatinas se asocia con una reducción importante, pero
no significativa, de fracturas de cadera y de columna vertebral",
lo que podría ir en ese sentido; si bien, otras investigaciones
parecen echar por tierra tales conclusiones.
De ser ciertas todas estas nuevas facultades
de las estatinas, sin duda se estaría hablando de los fármacos
del siglo XXI, capaces de combatir los dos grandes males que más
vidas cortan en todo el mundo. Habrá que esperar algún
tiempo para saber cuánto de realidad hay en estas primeras
conclusiones. Lo importante, como lo indica Abecasis, es que los
organismos internacionales que se encargan de la regulación
de la droga no han dado la aprobación para tales usos. "Yo
creo que sería injusto para un médico que le llegara
un paciente con Alzheimer o con osteoporosis, y dijera 'por qué
no me pone estatinas'. Esos son estudios preliminares, son observaciones,
que no han sido validados todavía. Lo que sí es punible
es que una persona que tenga el colesterol alto y haya sufrido un
infarto no esté recibiendo estatinas. Eso sí sería
imperdonable". l
rchacon@eluniversal.com
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