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Venezuela es un equipo
No hay sueño inalcanzable
cuando se trabaja en colectivo. He aquí diez iniciativas
exitosas que dejan al descubierto todas las bondades del esfuerzo
en común. Adriana Gibbs
Esa conocida sentencia que dice
que "el todo es más que la suma de las partes"
adquiere relevancia en las reflexiones de los teóricos sobre
el trabajo en equipo. No se trata, precisamente, de la mera suma
de aportes individuales. En este caso, dos más dos no son
necesariamente cuatro; quizá sean más diez o menos
veinte. "Estamos tan inmersos en una realidad grupal que no
le damos importancia. Si realizáramos una descripción
diaria de nuestras actividades, no es raro que nos sorprendiésemos
de que la mayoría, si no la totalidad de nuestras tareas,
son interacciones con la familia, el trabajo, los amigos y las asociaciones,
entre otros contextos", plantea José Luis Trechera Herreros,
en su libro Trabajar en equipo: talento y talante.
Todos los equipos son grupos,
pero no todos los grupos son equipos. La participación comunitaria,
por ejemplo, ha demostrado que se trata de un estilo, basado en
la confianza, la comunicación y la interdependencia; un espíritu
que anima un modo de ser entre las personas que lo constituyen.
"La noción de equipo
implica el aprovechamiento del talento colectivo, producido por
cada persona en su relación con las demás. Cuando
éste logra mayor alineamiento surge una dirección
común con una resonancia o sinergia que ayuda a la consecución
de los propósitos con unidad, gracia y equilibrio",
reflexiona María Carolina Borges, una de los tesistas del
estudio Diseño de un sistema de gestión en el Conicit,
realizada en la Universidad Simón Bolívar.
Esa resonancia que apunta Borges
se advierte en varios proyectos venezolanos que, en diversos campos,
dejan al descubierto las bondades del arte de trabajar en colectivo.
Las diez experiencias que siguen a continuación, son claro
ejemplo de lo que puede lograrse con los sueños compartidos.
El
placer de Ekaré
Hace 25 años dos apasionadas lectoras fundaron una editorial
y publicaron cuatro libros. Ekaré se había creado
con la idea de "hacer" libros para niños y jóvenes.
Ahora -como bien destacan Carmen Diana Dearden y Verónica
Uribe, las editoras en cuestión- en la "pequeña"
casa editorial trabajan más de 30 personas y en su más
reciente catálogo hay más de 150 títulos que
se venden por todo el mundo, amén de ser distinguidos (varios
de ellos) en reconocidas ferias y certámenes literarios.
"Alguna vez dijimos que una de las características de
nuestro trabajo era que lo realizábamos con alegría
y gran compromiso. Eso todavía sigue siendo cierto aunque
ya no seamos dos personas y cuatro libros", escriben Dearden
y Uribe en el texto que celebra su XXV aniversario.
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"Hacer libros nunca ha sido
una empresa individual.
Todos los libros de nuestro
catálogo, los de hace 25 años
y los de ahora,
fueron producidos con el cariño
y el empeño de muchas personas"
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Fiebre
vinotinto
Todos
o, casi todos, ahora estamos locos por el fútbol y, justamente,
es un equipo el que ha despertado esta euforia colectiva. Como bien
escribe el periodista Luis Laya, en su más reciente libro,
El fútbol en Venezuela, la actuación de los
vinotintos entre 2001 y 2004, ha despertado una fiebre inusitada,
desencadenándose un entusiasmo hacia todo lo que tenga vinotinto.
Todo esto no obedece, precisamente,
al azar. Páez y sus colaboradores -explica Laya- inventaron
un bloque táctico sobre la base de jugadores jóvenes
que, como imanes se buscaran entre sí, reemplazando la concepción
de enjambre de buenos obreros trabajando en torno a la abeja reina.
Bajo el espíritu de equipo ha emergido una suerte de "fútbol
total" a la criolla, que no palidece ante las derrotas.
El pueblo que somos
A
principios de los años noventa emergió una agrupación
que unía música, canto y danza tradicionales, bajo
una sola concepción escénica. En su labor de preservar
nuestra cultura popular, Fundación Bigott dio empuje a la
creación de Vasallos del Sol, grupo que ha dado forma a un
repertorio que se pasea por las diversas manifestaciones del país.
Su apuesta ha sido la de una nueva
lectura y enfoque de lo popular. Estos bailarines y músicos
han llevado el sincretismo propio de nuestra cultura a los más
diversos escenarios, entre ellos, el Festival Internacional de Antigua,
Guatemala; V Festival de Folklore de Brasil; Quinto Centenario de
la Villa de Los Realejos, en Tenerife; Festivales de Allencon y
Gannat, en Francia; Festival de Teatro, en Colombia; y Festival
Urban Beats, en Londres. Estos vasallos ayudan a reconocernos en
el pueblo que somos.
El
camino es la meta
El
pasado 27 de abril de 2004 Proyecto Cumbre sumó una nueva
conquista al ondear la bandera venezolana en el Polo Norte, el punto
más septentrional del planeta. Esta hazaña, precedida
por el ascenso al Everest en mayo de 2001, es compartida por cinco
expedicionarios -Martín Echeverría, Marcus Tobía,
Carlos Castillo, Marco Cayuso y Carlos Calderas- que han dejado
constancia que las más altas cumbres son un anhelo compartido:
"El trabajo en equipo, resumido
en la palabra constancia, fue la clave de esta expedición.
Debimos enfrentar como grupo el reto psicológico de saber
que el esfuerzo realizado por horas, durante los días de
mal clima, servía sólo para no atrasarse más,
en lugar de avanzar; y lo superamos".
"Después de tanto
esfuerzo podemos vivir unos instantes de armonía,
como un solo país que trabaja por conquistar un ideal. La
bandera
que colocamos representa nuestro sueño, el sueño de
todos, que pudimos hacer realidad aún en tiempos difíciles"
Aprender
a mirar
En
1993, el fotógrafo Roberto Mata inauguró una escuela
que ha venido rescatando, a través de la enseñanza,
todos los géneros y prácticas que se creían
agotados por la contemporaneidad: el documental, el retrato, el
blanco y negro, la precisión del mínimo gesto y el
lenguaje personal. "Una búsqueda única tutelaba
cada noche de clases, cada salida y cada entrega: mirar debía
ser mirarse", escribe Cristina Raffali, en el texto de presentación
de la muestra En un abrir y cerrar de ojos que celebró
recientemente los 11 años de la escuela.
Roberto Mata ha estado bien acompañado
en esta obra, que no hubiese sido posible de no contar con los profesores
que han puesto vida, alma y corazón; entre ellos, Andrés
Leighton, Fran Beaufrand, Rodrigo Benavides, Efraín Vivas
y Leo Alvarez, amén del apoyo del personal de la escuela
y los alumnos que la han hecho su segunda casa.
La mejor y más reciente
noticia es que en los próximos días estrenan sede:
650 metros en la zona industrial de La California Sur, además
de la subsede que este año abrieron en Valencia. La escuela,
efectivamente, ha crecido y, lo mejor: no ha cesado en su empeño
de seguir mirando.
Gurrufío
suena
"Lo
que Piazzola hace con el tango, lo hace Gurrufío con joropos,
danzas y merengues", reseñó el periódico
The Washington Post. "El Ensamble Gurrufío ejecutó
merengues, joropos y otras danzas venezolanas, todas ellas enérgicas
y complejas. Sus integrantes nos deleitaron con sustanciosas improvisaciones",
escribió Alex Ross en New York Times. Estas son apenas
dos de las tantas críticas elogiosas que ha recibido Ensamble
Gurrufío. La historia de esta agrupación se remonta
a 1984, cuando tres amigos -Cristóbal Soto, Luis Julio Toro
y Asdrúbal "Cheo" Hurtado- juntaron sus ganas de
hacer música tradicional con otras sonoridades. Si bien empezaron
siendo trío, en el camino se convirtieron en un quinteto,
con el contrabajista David Peña y Juan Ernesto Laya en las
maracas. Hoy son una referencia mundial del altísimo nivel
de la música tradicional venezolana.
Este año Gurrufío
celebra dos décadas en las que un proyecto
de amigos se fue transformando en plural y colectivo cimiento
del patrimonio sonoro de Venezuela
Gesta comunitaria
En la Calle Real de Los Paraparos de La Vega, opera un modelo educativo
que capacita profesionalmente a jóvenes de bajos recursos,
y posteriormente los incorpora en el mercado laboral. La escuela
forma parte de la cadena internacional Christel House, que ha establecido
proyectos similares en México, India y Sudáfrica.
En un terreno de 6.000 metros, este equipo se dio a la tarea de
levantar el colegio, el cual cuenta con 24 aulas de clase, 12 laboratorios
de Inglés, de Computación, de Biología, Física,
Química y una biblioteca con servicio de Internet. Atienden
gratuitamente a 300 estudiantes, desde las 7:00 am hasta las 5:00
pm. El impacto social involucra a toda la comunidad, pues este proyecto
cuenta con la participación de gente de La Vega, y padres
de los propios estudiantes colaboran en comisiones de limpieza,
mantenimiento, cocina y apoyo al docente. Toda una faena colectiva.
20 años de salud
Dos
décadas detrás de la investigación científica
para llevar adelante la salud de Venezuela. Ese es el lema del Fondo
ProSalud, creado por la Cámara Venezolana de Fabricantes
de Cerveza en 1985 para brindar apoyo a todas aquellas propuestas
dirigidas a resolver problemas de salud pública. Buena parte
de las iniciativas distinguidas son el feliz resultado de un trabajo
de equipo. La primera propuesta ganadora le correspondió
al Centro de Sueros Antiofídicos de la Facultad de Farmacia
de la Universidad Central de Venezuela. Un modesto aporte permitió
a los doctores Héctor Scannone, Janet Scannone y Oswaldo
Grillo continuar las investigaciones, cuyos resultados pueden apreciarse
hoy, al verificar que la Facultad de Farmacia de la UCV continúa
a la cabeza de la elaboración de sueros antiofídicos
en Venezuela. Otro proyecto distinguido a finales de los ochenta,
fue el del doctor Jacinto Convit, del Instituto de Biomedicina de
la Universidad Central de Venezuela: Producción masiva
de vacuna contra la Leishmaniasis, ambicioso plan de vacunación
en varias zonas piloto del país. Otra institución
premiada fue el Laboratorio Regional de Diagnóstico e Investigación
del Dengue y otras Enfermedades Virales, del Centro de Investigaciones
de la Universidad de Carabobo, por su proyecto Factores predictivos
de la severidad del dengue en Maracay, trabajo que ha combatido
al temido zancudo en el Estado Aragua. Estas son tan sólo
tres de otras tantas investigaciones, apoyadas por Caveface, que
han incidido a favor de la calidad de vida de los venezolanos.
Vetiver
la planta que une
A Vetiver, esa gramínea originaría de la India, la
llaman "la planta hada": tiene acción ambiental,
y se utiliza como forraje, cobertura vegetal, cama de paja para
el ganado y en la fabricación de artesanías, escobas,
techos y cortavientos. Con esta hierba nació hace unos años
un proyecto de agricultura familiar que se ha extendido en todo
el país. El programa Vetiver es hoy una de las iniciativas
que apoya la Fundación Polar y que involucra a organizaciones
de base comunitaria. Actualmente, en toda la geografía nacional,
hay más de 500 personas capacitadas e involucradas en el
sembradío de más de 100.000 plantas en los estados
Carabobo, Anzoátegui, Trujillo,
Miranda, Vargas, Yaracuy y Aragua. Una "pequeña"
muestra de los beneficios que se consiguen cuando se trabaja en
común.
Vetiver ha dado ocupación
y trabajo
productivo a comunidades entereas
que han hecho de esta planta un símbolo
La gran orquesta
Desde hace 29 años, el Sistema Nacional de Orquestas y Coros
Juveniles e Infantiles de Venezuela ha realizado una labor democratizadora
de la música, acabando con el mito de que ésta es
elitesca y minoritaria. Gracias a él, Venezuela es un mapa
musical sembrado de orquestas juveniles e infantiles. Si bien este
proyecto ha contado con la inagotable capacidad de trabajo de José
Antonio Abreu -su fundador y guía- hay todo un equipo envuelto
en este programa, conformado por una red de núcleos ubicados
en diversas localidades, lo que se traduce en 120 orquestas juveniles
y 60 infantiles, que ocupan a más de 115.000 intérpretes.
Una de las virtudes de este proyecto ha sido la posibilidad que
se le ha brindado a los niños y jóvenes de involucrarse
con el instrumento de su preferencia y quedar insertos dentro de
una orquesta como tal. El reconocimiento a este modelo, como es
de imaginarse, no se hizo
esperar: En 1982 la OEA aprobó una resolución para
el desarrollo del Proyecto Multinacional de Extensión Latinoamericana
y del Caribe, basado en el modelo de educación creado en
Venezuela, proyecto que además despertó mucho interés
en países como Italia, Estados Unidos y Alemania; y en 1993,
la Unesco le otorgó el Premio Internacional de la Música.
Una proeza musical.
y hay más...
Hay muchísimas más experiencias venezolanas exitosas
que demuestran el gran equipo que somos como nación. Un paseo
por Apalancar, site diseñado y concebido por la organización
Sinergia, y también por el site realizado por la gente de
Venezuela Competitiva dan cuenta de buena parte de las buenas iniciativas
que aquí se han desarrollado. Quien haga click en ambas direcciones
(www.apalancar.org y venezuelacompetitiva.com) saldrá
reconciliado con el país que también somos.
Ver también en Encuentros:
- Para todos los gustos
- Estatinas ¿superpoderosas?
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