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revista Estampas
 

La espiritualidad del día a día

 

Cuentan que un niño pequeño soñó que tenia una cita en la mañana con Dios en un parque. Muy entusiasta se levantó, y metió en su mochila unos pastelitos, agua y algunos chocolates, y salió a cumplir con tan importante cita. Al entrar en el parque de juegos se encontró con una mujer de rostro amigable que sonriente alimentaba a las palomas. Se sentó junto a ella, abrió su mochila, sacó su merienda y la compartió con su nueva compañera. Ella, complacida y agradecida, le regaló una maravillosa sonrisa. Allí estuvieron toda la tarde, comiendo y bebiendo sin decir una sola palabra, alimentaron las palomas, observaron las ardillas, cortaron algunas flores y caminaron en el parque. Cuando atardeció, el niño le dio un gran abrazo de despedida y agradecimiento. Ella, después de abrazarlo, le regaló la sonrisa más grande y bonita de su vida.

Cuando llegó a casa, su madre notó el semblante de plenitud y felicidad de su hijo,
y le preguntó: “¿Qué te pasó, hijo, que te ves tan feliz?”. El contestó: “Mami, ¡hoy almorcé con Dios!”. Y antes de que su madre respondiera, le dijo: “Y, ¿sabes?, ¡tiene la sonrisa más hermosa que he visto!”.

Mientras tanto, la mujer del parque, radiante de felicidad, regresó a su casa y su esposo, sorprendido, le preguntó: “¿Qué te pasó que estás tan contenta?”.
Ella respondió: “Aunque no lo creas, hoy  me vi con Dios en el parque. Y, ¿sabes?,
es más joven de lo que yo pensaba
”.

La mayoría de las personas vive haciendo algo que no le gusta, no está en el lugar donde quisiera estar, vive amargada, quejándose o lamentándose, sacrificando muchas veces  el ser por el tener.

Nacimos en una era de consumismo, en donde todo se usa y se desecha. Todo se fabrica en serie, se vende y se compra. Inclusive, algunos piensan que pueden comprar la felicidad, la espiritualidad, el amor y la tranquilidad.  Nos venden respuestas  y soluciones rápidas y fáciles…  sin que implique mayor costo que el de pagar unas monedas, y sin tener que poner, de nuestra parte, el compromiso, la voluntad y el trabajo necesarios para vencer nuestros hábitos negativos, cambiar de actitud y conseguir las metas que nos hemos planteado en algún momento. ¿Pero será esto cierto?

En realidad no se necesita una formula mágica ni un libro misterioso o seguir rituales complicados para sentirnos bien. Es posible cambiar nuestro estilo de vida, pero es necesario tomar conciencia de cuáles son esos aspectos o elementos que deseamos transformar. Tenemos la posibilidad de construir una nueva y mejor manera de vivir.

La verdadera realización del ser humano no esta sólo en tener y conseguir las cosas materiales que deseamos, sino en el trascender, en poder ser quien quieres ser, desafiando tus limitaciones, desarrollando tus talentos, identificando tus sueños y fortaleciéndote frente a la adversidad. El asunto no es obtener todo lo que se quiere a cualquier costo, el verdadero objetivo consiste en crecer, aprender, hacer, compartir, entregar y, lo más importante, poder mirar a nuestro prójimo como a un verdadero hermano. Esto es tener una conciencia espiritual en acción, y estos son los primeros pasos para alcanzar la iluminación. Una persona totalmente íntegra y honesta consigo misma es aquella que vive su vida cotidiana de acuerdo con lo que piensa y con lo que cree, y lo refleja positivamente en todas y cada una de las acciones que realiza en su día a día, sin excepción. Además, busca ser auténtica a través de la coherencia que existe entre lo que piensa, siente y actúa.

Para darle a nuestra vida
un sentido espiritual.


Aprende a compartir. La mayor cualidad del ser humano es la compasión, esta es amor en acción. Cuando nos abrimos para compartir con los demás sin esperar recibir algo a cambio, estamos seguros de que el universo se encargará de devolvérnoslo multiplicado.

Ser coherentes. Comienza a vivir de acuerdo con tus valores y principios; sin importar las circunstancias, los intereses o tus temores, nunca renuncies a ellos. Vuélvete practicante de aquello que crees que es bueno para ti y para los demás.

Aprende a trascender. Mantente por encima de las circunstancias, olvídate de los agravios, supera los obstáculos y tus limitaciones.  Aléjate  del rencor, el egoísmo, la envidia, la ambición, el desamor y vuela alto sobre ese pantano en busca de tu propia estrella.

Disfruta de las pequeñas cosas. Aprende a disfrutar todo lo que te ofrece la vida. Deja de fijarte en lo que falta, en lo que tienen otros, en lo que está mal, en lo que supones que puede pasar de la peor manera y coloca tu atención en todo lo bueno que está ocurriendo y en lo que deseas que pase de la mejor manera.
¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente,
la vida es maravillosa, todo va a estar bien!

MAYTTE, fui educada con valores morales muy estrictos. Mi padre nos enseñó a decir la verdad y a pedir disculpas reconociendo nuestros errores. Hace unos meses tuve un problema con una amiga, nos ofendimos y yo le dije cosas terribles de las cuales me arrepiento. Tengo una lucha interior, entre llamarla para pedirle perdón o dejar las cosas así, pues ya ha pasado mucho tiempo. ¿Qué podría hacer para reparar mi falta? D.S.

Si no te sientes en paz y el recuerdo de lo sucedido te persigue…  estás lista para cerrar ese círculo que quedó abierto y pendiente por resolver. Yo personalmente creo que siempre vale la pena intentar recuperar la amistad con una persona que ha sido especial con nosotros, sobre todo si nos distanciamos por un malentendido o por una reacción equivocada motivada por lo que sentimos en ese momento. Te sugiero que conviertas tu iniciativa en una acción concreta. Llámala y dile que te gustaría conversar con ella. Si acepta, dile con humildad y honestidad lo que sientes y piensas, pídele disculpas por lo que le dijiste, explícale que en ese momento estabas muy afectada, háblale de lo importante que es para ti recuperar su amistad. Si acepta, ¡qué bueno! Recuerda que será como volver a comenzar, porque las personas que herimos con nuestro comportamiento mantienen una actitud defensiva hasta asegurarse de que hemos cambiado nuestra actitud. Y si su respuesta resulta negativa, acéptalo con serenidad porque está en su derecho de establecer un límite y decidir si quiere mantener la amistad contigo. Lo más importante será lo que hayas aprendido de todo el proceso que has vivido. Estoy segura de que no se volverá a repetir en tu vida porque lo asumiste con madurez y responsabilidad.

HOLA, MAYTTE. Hace tiempo que te sigo y me encanta lo que dices. Quiero que me ayudes con algo: Tengo seis años de casada, pero he visto que mi marido me ha ido abandonando poco a poco. Antes salíamos todos los fines de semana a bailar, me llamaba dos o tres veces al día, hacíamos la mayoría de las cosas juntos, pero ahora todo ha cambiado y, a veces, me parece que se fastidia con mis quejas y reclamos. Yo lo amo y sólo vivo para él. Si me abandona mi vida perderá sentido. R.E.T.

Me parece que necesitas fortalecer un poco tu autoestima y conseguir independencia emocional antes de conversar con tu pareja, para que juntos puedan darle una buena respuesta a esta situación.  Te recuerdo que la mejor relación es aquella en la que el sentimiento del amor es mutuo, y ambos experimentan el mismo deseo de compartir la vida. La reciprocidad es indispensable para que se sientan reconocidos y recompensados, es tan importante dar como estar abiertos y dispuestos a recibir.

Te sugiero que converses con él acerca de lo que sientes sin recriminarle o sin hacerlo sentir culpable. Pregúntale cómo se siente y si todavía te ama. Si ambos sienten amor el uno por
el otro, podrán establecer acuerdos que les permitan rescatar y fortalecer la relación. 
Anímate a compartir con tus amigas y dale espacio a tu pareja.

Algunas de las condiciones para que puedan disfrutar de una buena relación son: tener autonomía, mantener una buena comunicación, compartir momentos de diversión y disfrute, intercambiar caricias y frases cariñosas, tener detalles y aceptar y respetar las diferencias.
Te sugiero que tengas una meta propia que alcanzar que ocupe tu mente y parte de tu tiempo.
A pesar de que quieras mucho a tu esposo, debes darle su espacio y buscar el tuyo,
porque de lo contrario lo puedes agobiar.


HOLA, MAYTTE. Hace muchos años me separé de mi familia paterna. Me fui al extranjero para tener una vida nueva y probar fortuna. Pasaron veinte años y tuve un fracaso del cual no me pude recuperar. Por cosas de la vida regresé a casa de mi familia. Para mi sorpresa, me recibieron con los brazos abiertos y me ayudaron a salir de mi difícil situación. Actuaban como si nunca me hubiera ido. Me siento culpable y me gustaría tener más recursos para compensar su buena actitud, pero no puedo hacer nada. ¿Qué me aconsejas? M.S.

Dice un viejo sabio que “la casualidad no es sino el seudónimo que Dios usa para esos casos especiales en los que decide no colocar abiertamente su propia firma”. No tienes que entregar más que tu agradecimiento y tu presencia. Tu reconocimiento y la oportunidad de tenerte otra vez serán la recompensa más grande que reciban. Aprende a disfrutar de la compañía y el calorcito de una buena familia. El dinero en este momento no es determinante, estoy segura de que ellos sólo quieren disfrutar de una persona querida que estuvo ausente, y tu responsabilidad es hacer lo mismo. Usa este espacio de seguridad para descansar y recuperarte emocionalmente, deja que el cariño y las atenciones que te brindan sanen tus heridas emocionales y te animen a recuperar la confianza, el entusiasmo y la determinación necesarias para volver a comenzar. No te sientas mal por lo sucedido, piensa que cada experiencia te da la oportunidad de crecer, aprender y madurar.

HOLA, MAYTTE. Mi madre es una persona que tiene un pesimismo crónico, nada le llena ni le satisface. Se levanta todos los días renegando de tener que preparar el desayuno, del clima, de lo temprano que se levanta, de tener que ir a trabajar... Ella dice que no es pesimista, sino realista; su dicho preferido es: “Piensa mal y acertarás”. ¿Crees que esta actitud influye negativamente en su vida y en la de nosotras? D.P.

La vida, generalmente, te da lo que le pides. Si pides lo mejor te dará lo mejor, pero si le pides lo peor, también te lo dará. Si tu mamá se levanta renegando y pensando que tendrá un mal día, seguramente así será, pues con su actitud terminará convirtiéndose en el principal obstáculo a vencer, ya que resaltará todas las cosas negativas y será incapaz de reconocer las positivas. No trates de cambiarla, acéptala como es y, con tu ejemplo, muéstrale que se puede ser de otra manera. No se dejen afectar por su actitud negativa, la próxima vez que les haga algún comentario pesimista, díganle que no lo recibirán porque ustedes piensan de una manera diferente.

La buena suerte consiste en estar preparados para cuando la oportunidad se presente, y es el optimismo el que nos permite reconocer las oportunidades. Cuando tu mamá vea que te conviertes en una persona segura, entusiasta, positiva y determinada, es posible que se revise y se dé la oportunidad de cambiar su actitud, para seguir tu ejemplo.  Mantente arriba, animada
y entusiasta, recuerda que el pesimismo suele ser muy contagioso.

 

maytte@maytte.com

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