foto: www.shutterstock.com / p. Tilly |
"Mientras seamos seres pacíficos
de pensamiento, pero agresivos
o violentos de acción, estaremos contribuyendo con la ausencia
de paz"
Cuando hablamos de la importancia de vivir en un mundo de paz pensamos inmediatamente en líderes, injusticias, armas… pero nunca en que la paz comienza en el interior de cada uno de nosotros.
Sólo si logramos poner todos nuestros sentimientos y pensamientos en orden y en balance podremos experimentar paz interior, y ésta se proyectará sobre nuestro entorno inmediato a través de nuestros gestos, actitudes, comentarios, elecciones y actuación.
Cuántas veces observamos preocupados una situación de violencia o injusticia social que nos afectaporque toca la dignidad, la seguridad o la vida de otras personas, y reaccionamos expresando nuestro desacuerdo y malestar frente a esa situación. Pero, al regresar a nuestra realidad, gritamos a nuestros hijos, maltratamos a la pareja, le impedimos hacer un cruce a otro chofer en el tráfico, manipulamos, nos mantenemos distanciados de un amigo… y todo por considerar que nuestra urgencia, necesidad, razón o punto de vista está por encima de los demás.
Mientras seamos seres pacíficos de pensamiento, pero agresivos o violentos de acción, estaremos contribuyendo con la ausencia de paz en nuestra ciudad, en el país y el mundo, aun cuando nos sintamos justificados al hacerlo.
Es importante aprender a limpiar nuestro espacio interior de todos esos sentimientos, emociones y pensamientos negativos que tanto daño nos causan y que son, muchas veces, la razón de nuestra violenta reacción. Es cuestión de tomar una decisión con determinación, convicción y firmeza que nos lleve a trazar una línea gruesa que separe nuestro comportamiento pasado, del que comenzaremos a tener en el presente. Sanar las heridas emocionales que tenemos y que hemos mantenido abiertas, a través del recuerdo de lo que nos hicieron, de lo que perdimos o vivimos con dificultad, hará que podamos llenar esa especie de contenedor interno con nuevos y mejores sentimientos, emociones y pensamientos.
¡Vamos, serénate y controla tus reacciones! Comienza por reconciliarte con tus personas queridas, con tus compañeros de trabajo y hasta con la vida. Acepta lo que no puedes cambiar, tomando lo positivo de cada experiencia difícil y dejando atrás todo lo que te hace sentir mal. Pregúntate cómo te quieres sentir, cómo quisieras actuar. Y comienza a dar los pasos necesarios para lograrlo. Evita creer que los demás tienen una conspiración en tu contra, y piensa que tal vez no han notado tu presencia, y que actúan equivocadamente impulsados por el estrés, la necesidad o la ignorancia que envuelve sus vidas.
No podemos solucionar nuestros problemas pensando sólo en nosotros o con enfrentamientos, peleas, autoritarismo y violencia. Esto sólo nos traerá más de lo mismo, agravando las situaciones que deseamos resolver.
Es actuando con conciencia social, responsabilidad, tolerancia, amor incondicional y en coherencia con nuestro valores y creencias como podremos solucionarlos.
Paz no significa ausencia de problemas o de situaciones difíciles, implica que por encima de lo afectados que podamos estar por ellas, si nos conectamos a este sentimiento de balance y fortaleza interior, podremos afrontarlas y resolverlas, actuando de una manera diferente y contribuyendo, así, con la paz de nuestro entorno y del mundo.
¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa, todo va a estar bien!
Claves para serenar tu vida

Acepta lo que no puedes cambiar. Mantener una actitud de negación hará que tu malestar se profundice y se extienda por más tiempo. Acepta, deja de sufrir y disponte a hacer lo necesario para transformar o resolver la situación.

Mantén tu salud emocional. Es importante aprender a expresar todo lo que sientes y guardas. Saca de tu interior todas las ideas y las emociones negativas que te hacen daño. Perdona y pasa la página.
Vive el momento presente. No le permitas a la mente que te lleve a recordar el pasado difícil o a preocuparte por el futuro que todavía no existe. Comienza a vivir momento a momento, atento a todo lo que sucede.
El problema
Querida Maytte. Últimamente mi vida se ha convertido en un
caos. Tengo que empezar diciéndote que hasta hace ocho
meses me sentía la persona más feliz del mundo, pero a raíz
de una serie de eventos que ocurrió en mi vida, perdí la felicidad
y la paz que sentía. Mi esposo me dejó por otra persona, tuve
que desarmar mi casa que tanto esfuerzo me costó tener,
me quedé sola y sin entender lo que pasó. Hoy, me siento llena de resentimiento,
sé que debo perdonar, pero me cuesta mucho trabajo hacerlo. No me puedo concentrar en el trabajo y me da miedo perderlo. Maytte, ¿qué hago?, ¿crees
que se pueda superar algo tan difícil e injusto? . C. L.
Foto: www.shutterstock.com / Andrejs Pidjass |
La solución
¡Claro que puedes superarlo! Pero necesitas poner un poco de orden
en tu vida emocional. No podemos convencer a otra persona de que nos
ame y se quede a nuestro lado por el
resto de la vida, porque el amor es un sentimiento libre y espontáneo. De manera que si lográramos manipularle para que regresara en contra de su voluntad y sentimientos, la relación se convertiría en un ring de boxeo, donde
la ironía, los insultos y las peleas constantes terminarían por separarnos
y hacernos sentir profundamente heridos.
Deja de pensar en lo que pudiste hacer para evitarlo, pues recordar una y otra
vez lo sucedido para tratar de entenderlo o solucionarlo ya no tiene sentido. Vamos, acepta lo que no puedes cambiar, y recupera la paz y el control de tu vida.
Llénate del amor de tus otras personas queridas que siguen acompañándote
y apoyándote a superarlo. Y cuando te sientas fortalecida, perdónalo. Sí, tal vez
te parezca injusto hacerlo, pero, en realidad, cuando perdonamos no liberamos
a la otra persona de su responsabilidad para con la vida, nos liberamos a nosotros del peso de la carga emocional negativa que acarreamos y que nos impide
recuperar la paz y la felicidad. Concentra tu atención en el presente, en cada cosa que hagas, y cada vez que la mente te lleve a recordar, tráela de nuevo al presente. Confía en ti y recupera el control de tu vida. Serena tus emociones haciendo ejercicio constante y practicando una buena relajación. Acércate a la presencia de Dios a través de la oración consciente y siéntete protegida y querida. Supéralo y vuelve a comenzar.
|