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Es sorprendente ver cómo algunas relaciones
familiares van perdiendo sus valores esenciales: El amor, la unión,
el respeto y la lealtad. Tengo una amiga que tiene una situación
familiar muy dura, donde se han puesto a prueba sus sentimientos
y valores personales. Ella, por motivo de trabajo, permaneció
fuera del país y alejada físicamente de sus hermanos,
dejando al cuidado de ellos una propiedad y algunos objetos personales.
Ahora, después de un tiempo regresa y descubre que ellos
han tomado posesión de todo, pero lo que realmente la sorprende
y le causa un gran dolor, es la actitud indiferente y defensiva
con que la han recibido... ¿Dónde quedaron el cariño
y la gratitud?
En muchos casos descubrimos que ciertas personas creen que tener
dinero, posesiones materiales o estatus social les dará la
felicidad que buscan, a pesar de poner en riesgo la relación
afectiva que los une a sus seres queridos.
Lo único que nos llevamos son todas las buenas acciones que
hicimos y los afectos bien vividos. Para muchas personas con relaciones
familiares conflictivas, los amigos de la etapa adulta se convierten
en la extensión de la familia. Deberíamos rescatar
nuestro espacio familiar, vencer la resistencia y la competencia
que sentimos entre hermanos; lograr que el amor, el respeto y la
hermandad estuvieran por encima de la envidia o los celos que alguno
puede sentir hacia el otro; deberíamos tratar de fortalecer
el vínculo afectivo que nos une, para conformar un espacio
sólido lleno de apego, seguridad y respeto, donde los nietos
y sobrinos puedan experimentar un sentimiento de pertenencia, cariño
y aceptación personal.
Sería bueno que nos alegremos por los triunfos y los éxitos
de nuestros familiares, que en todo momento pudiéramos ser
solidarios y leales al sentimiento y a la relación que conservemos
a través del tiempo, porque sólo así experimentaríamos
un sentimiento cálido de familia que nos acompañará
donde quiera que vayamos.
Vale la pena que busquemos la conciliación, el reencuentro,
sin permitir que el pasado negativo, las cosas que nos dijimos o
lo que nos hicimos, se interpongan entre nosotros y el deseo genuino
de acercarnos.
Cómo reconciliarnos
Trabaja el perdón. Decide perdonar
o pedir perdón si fuiste tú quien cometió el
error. Colocarte en el lugar del otro, te permitirá reconocer
sus sentimientos y comprender su comportamiento, así podrás
perdonarlo con más facilidad. Recuerda que tienes que perdonar
desde el corazón. Elige un ejercicio que te sea fácil
y hazlo durante 14 días consecutivos.
Fortalece tu autoestima. Muchas veces
detrás de la envidia o los celos se esconde una persona con
baja autoestima. Tal vez necesitas reconocer tus cualidades y talentos
para que puedas hacer un buen uso de ellos. Puedes ser exitoso en
la medida en que tengas tus propias metas y trabajes para conseguirlas.
Deja de ver a tus hermanos como un punto de referencia y concéntrate
en ti y en alcanzar tus logros.
Disfruta del éxito de los tuyos.
Muchas veces nos molesta el que otro tenga más de lo que
podemos tener nosotros. Esto nos puede llevar a hacer comentarios
negativos e insidiosos o a cometer errores que más tarde
lamentaremos. Deja de decir que lo que tiene es suerte y que no
se esforzó para conseguirlo. Por el contrario, alégrate
y celebra junto con él.
Organiza una reunión familiar. Haz
una invitación muy especial donde coloques ciertas reglas
claras, para que el reencuentro sea comienzo de una nueva relación
familiar. Por ejemplo: No podemos hablar del pasado a menos que
sea para recordar los buenos momentos, hagamos que todos nos sintamos
preferidos y especiales, tengamos un detalle pequeño que
sirva para expresarnos el afecto.
Comencemos de nuevo. Busquemos la
oportunidad de reconciliarnos con ese familiar del que nos sentimos
alejados, si es una persona de edad te sugiero que no le hagas reproches
ni trates de hacerle entender tus puntos de vista; simplemente compréndelo,
acéptalo y perdónale para que puedas volverlo a querer.
Si es una persona contemporánea contigo, háblale,
cuéntale abiertamente lo que sientes, dile que estás
dispuesto a perdonarle y pídele que te ayude a buscar la
solución.
Los padres tenemos la responsabilidad de no manifestar preferencias,
de no apoyar iniciativas que tomen unos para afectar negativamente
a otros, tenemos la responsabilidad de hacer todo cuanto sea necesario
para reunir a nuestros hijos en un ambiente de paz y amor.
Suelta el pasado, vive el presente, la vida es maravillosa y todo
va a estar bien!
maytte@maytte.com
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