- 20 años no son nada. Se Dice: JFK tuvo una Mónica.
- Tres en pantalla chica. Un quinteto literario.
- Monitor de cine.

 CRONICA
- La oscura, inmensa noche
ESTAMPAS
50 AÑOS
- Ricky Martin
- Rompiendo la ola
- Los personajes de Coral Bujanda
SALUD
- Remedios caseros (I)
BELLEZA
- Super cremas
DECORACION
- Cuestión de filosofía
COCINA
- Brochetas calientes
MASCOTAS
- Un compañero ideal
 CRIMENES
 HOROSCOPO
 HUMOR
 MAYTTE
 CRUCIGRAMA
 ARCHIVO
 CONTACTENOS
 
 

Campos de la muerte
Max Haines
Esta viuda sembró el terror en un tranquilo pueblo de Indiana

En la accidentada historia criminal, ha habido muchas malas mujeres que han amado, honrado, obedecido, y asesinado a sus maridos, pero ninguna tanto como Belle Gunness, como ya conté en 1975.
La Porte, Indiana, no es el lugar más conocido del mundo. De hecho, a muchos de sus ciudadanos se les ha oído decir: ¿Por qué aquí nunca pasa nada?
No siempre ha sido así. En 1908, el nombre de La Porte, Indiana, apareció en las portadas de todos los periódicos de Estados Unidos.
Todo empezó en la vecina Illinois, en 1900, al fallecer Mads Sorenson. Dejó a su esposa Belle con dos hijas y 8.000 dólares. Belle se trasladó a Indiana y compró una granja de 48 acres en las afueras de La Porte. Además de sus dos hijas, Belle estaba criando a otra niña, Jennie Olson.
Eso sí, la viuda no era la típica ama de casa granjera tímida que cuida de tres niños. En absoluto. Para empezar, hay que tener en cuenta su corpulencia. Medía aproximadamente metro y medio, y pesaba unos 92 kilos. Era una granjera profesional y trabajaba en la granja como si fuera un hombre. Ella también se encargaba de la matanza de su ganado y precisamente tenía una sala en el sótano de su casa prevista para ello.
Belle conoció a un noruego llamado Peter Gunness y en abril de 1902 se casaron. El cura había dicho "hasta que la muerte los separe", pero nunca pensó que eso ocurriría el mes de diciembre siguiente. Fue un desafortunado y extrañísimo accidente. A Pete le cayó en la cabeza una máquina de picar carne de salchichas, matándole al instante. Al juez de instrucción local la muerte le pareció rara pero declaró oficialmente que se había tratado de un accidente. Afortunadamente para la nueva viuda de Gunness, la vida de Pete estaba asegurada por 4.000 dólares. Esto suavizó el duro golpe que supuso para el corazón de Belle la ausencia de su marido. El problema era que Belle, quien tenía 43 años, estaba embarazada. En 1903 tuvo un hijo, Philip. Pese a lo trágico de la situación, Belle empezó a sentirse sola. Solía contratar personal para que la ayudase a hacer la matanza de los cerdos pero esta gente se marchaba repentinamente. Le dio por poner anuncios en los periódicos y en las revistas matrimoniales para encontrar pareja. Siempre intentó atraer a un escandinavo que le ayudara a quitarse del medio la hipoteca de la granja. En 1906, John Moo llegó de Minnesota con 1.000 dólares en el bolsillo y pensando en matrimonio. Se quedó una semana y, luego, nadie le volvió a ver de nuevo.
Tiempo después, apareció un tal George Anderson, quien venía de Missouri. George, oriundo de Noruega, leyó uno de los anuncios de Belle y se mostró suficientemente interesado como para ir hasta La Porte. Luego contaría que aunque Belle no fuera una mujer atractiva, era un verdadero encanto. Le hizo sentirse muy bien y pasarla estupendamente en la granja. Belle sacó a relucir el tema de la hipoteca de la granja. George estaba tan prendado de ella que empezó a pensar seriamente en volver a Missouri para recoger su dinero.
Una noche, George se despertó, tras un sueño profundo. Mirándole fijamente, a tan sólo unos centímetros de su cara, estaba Belle. A la luz del candil, le pareció que en la cara de Belle se dibujaba una mueca siniestra. Gritó aterrorizado y ella salió corriendo de la habitación. George se puso los pantalones y se marchó directamente a la estación de ferrocarril donde tomó el primer tren que salía para Missouri.
George Anderson fue el hombre más listo que jamás pisó la granja de Belle Gunness. Poco después de que se fuera, Belle les dijo a los vecinos que la joven Jennie Olsen se había ido a California. Nadie la volvió a ver nunca más por la granja. La viuda de Gunness empezó a llevar una vida bastante solitaria. Hizo construir una valla de casi un metro alrededor del patio y las contraventanas de la casa siempre estaban cerradas. Por supuesto, durante la temporada de matanza del cerdo, ella y su nuevo contratado, un tal Ray Lamphere, un canadiense de origen francés, trabajaban sin parar. En abril de 1907, otro noruego, un tal Ole Budsberg llegó de Wisconsin con ese brillo en los ojos y 2.000 dólares en el bolsillo. No se le volvió a ver nunca más.
Andrew K. Helgelein llegó con 3.000 dólares. El dinero y Andy desaparecieron. Luego, Belle tuvo un problema. Ray Lamphere, el hombre que trabajaba para ella, se enamoró de su patrona, y no le gustaban nada todos estos hombres que llegaban a la granja. Se pelearon y Ray hizo sus bártulos y se marchó. Empezó a divulgar rumores espantosos sobre Belle. A Belle también le surgió otro problema. Asle Helgelein empezó a preguntar por su hermano Andrew, que estaba desaparecido.
Luego, antes de que empezara a complicársele la vida, el 27 de abril de 1908 por la noche, la granja Gunness se incendió por completo. Un tal Joe Maxon, el nuevo ayudante de Belle, logró salvar su vida. Joe había intentado despertar a Belle y a sus hijos pero obviamente no le habían oído. Todos estaban en la casa cuando él se fue a la cama. Los cadáveres de las dos hijas de Belle y de su hijo Philip fueron encontrados entre las cenizas. También se encontró el cuerpo sin cabeza de una mujer que se suponía era Belle. Sin embargo, la gente que la conocía, vio el cuerpo y juró que no tenía nada que ver con las generosas proporciones de Belle. A Lamphere se le vio marchándose de la zona de la granja la noche del incendio.
Alguien mencionó que había extrañas hondonadas en el terreno. Las autoridades decidieron empezar a cavar. Encontraron cinco cadáveres el primer día, cuatro el segundo y uno más el tercer día.
Recapitulemos: se encontraron cuatro en la casa y 10 en la parcela; es decir, 14 cadáveres en total. Se logró identificar a Andrew Helgelein, Jennie Olson, John Moo y Ole Budsberg. Algunos cuerpos nunca fueron identificados. Las personas que visitaron la granja y desaparecieron nunca volvieron a aparecer de nuevo, pero sí se descubrieron muchos restos no identificados.
Hubo gente que juró haber visto a Belle conduciendo con otra mujer hacia la granja la noche del incendio. La opinión generalizada era que el cadáver sin cabeza era el de esa extraña mujer. El doctor Ira P. Norton, un dentista que había tratado a Belle, comunicó a las autoridades que si podían encontrar un puente de porcelana dorada entre las cenizas, él podría determinar si era obra suya y, por ende, identificar a Belle.
Louis Schultz, un buscador de oro de Yukon, ofreció su ayuda. Les dijo a las autoridades que si construían un tamiz y disponían de suficiente agua corriente, él podría encontrar el oro.
La policía aceptó la oferta de Louis y se construyó el tamiz en el patio delantero de Belle. La gente iba a la granja a ver el espectáculo. Se empezaron a vender perritos calientes y bebidas refrescantes. La policía tuvo que acordonar la zona. Supuestamente, un día había 6.000 personas viendo a Louis trabajar. Al cuarto día, Schultz encontró un trozo del puente dental. El doctor Norton dijo que el puente era obra suya. Ray Lamphere, el canadiense de origen francés, fue juzgado por el asesinato de Belle, resultando absuelto porque el jurado no creía que estuviera muerta. No obstante, fue a la cárcel por incendiarismo, y murió allí en 1909. Antes de morir, dijo que había sido amante de Belle y cómplice suyo y la había ayudado a deshacerse de cadáveres de 42 víctimas, quienes habían contribuido con cantidades entre 1.000 y 32.000 dólares para el pago de una hipoteca ficticia. La habitación para la matanza, que estaba en el sótano, había sido utilizada para seccionar los cadáveres. Lamphere juró que el cadáver sin cabeza era el de la extraña que Belle había recogido. El dijo que tal vez ella había sido lo suficientemente lista como para dejar su propio puente dental entre las cenizas.
Nunca se supo el paradero de Belle. Y, en cuanto a su segundo marido, Peter Gunness, no fue la máquina de picar la carne de las salchichas lo que le mató. Como una de las hijas de Belle le dijo a un compañero de su clase: "Mamá mató a papá golpeándolo con un hacha, pero no se lo digas a nadie". l

 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso