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Campos de la muerte
Max Haines
Esta viuda sembró el terror en un
tranquilo pueblo de Indiana
En
la accidentada historia criminal, ha habido muchas malas mujeres
que han amado, honrado, obedecido, y asesinado a sus maridos, pero
ninguna tanto como Belle Gunness, como ya conté en 1975.
La Porte, Indiana, no es el lugar más conocido del mundo.
De hecho, a muchos de sus ciudadanos se les ha oído decir:
¿Por qué aquí nunca pasa nada?
No siempre ha sido así. En 1908, el nombre de La Porte, Indiana,
apareció en las portadas de todos los periódicos de
Estados Unidos.
Todo empezó en la vecina Illinois, en 1900, al fallecer Mads
Sorenson. Dejó a su esposa Belle con dos hijas y 8.000 dólares.
Belle se trasladó a Indiana y compró una granja de
48 acres en las afueras de La Porte. Además de sus dos hijas,
Belle estaba criando a otra niña, Jennie Olson.
Eso sí, la viuda no era la típica ama de casa granjera
tímida que cuida de tres niños. En absoluto. Para
empezar, hay que tener en cuenta su corpulencia. Medía aproximadamente
metro y medio, y pesaba unos 92 kilos. Era una granjera profesional
y trabajaba en la granja como si fuera un hombre. Ella también
se encargaba de la matanza de su ganado y precisamente tenía
una sala en el sótano de su casa prevista para ello.
Belle conoció a un noruego llamado Peter Gunness y en abril
de 1902 se casaron. El cura había dicho "hasta que la
muerte los separe", pero nunca pensó que eso ocurriría
el mes de diciembre siguiente. Fue un desafortunado y extrañísimo
accidente. A Pete le cayó en la cabeza una máquina
de picar carne de salchichas, matándole al instante. Al juez
de instrucción local la muerte le pareció rara pero
declaró oficialmente que se había tratado de un accidente.
Afortunadamente para la nueva viuda de Gunness, la vida de Pete
estaba asegurada por 4.000 dólares. Esto suavizó el
duro golpe que supuso para el corazón de Belle la ausencia
de su marido. El problema era que Belle, quien tenía 43 años,
estaba embarazada. En 1903 tuvo un hijo, Philip. Pese a lo trágico
de la situación, Belle empezó a sentirse sola. Solía
contratar personal para que la ayudase a hacer la matanza de los
cerdos pero esta gente se marchaba repentinamente. Le dio por poner
anuncios en los periódicos y en las revistas matrimoniales
para encontrar pareja. Siempre intentó atraer a un escandinavo
que le ayudara a quitarse del medio la hipoteca de la granja. En
1906, John Moo llegó de Minnesota con 1.000 dólares
en el bolsillo y pensando en matrimonio. Se quedó una semana
y, luego, nadie le volvió a ver de nuevo.
Tiempo después, apareció un tal George Anderson, quien
venía de Missouri. George, oriundo de Noruega, leyó
uno de los anuncios de Belle y se mostró suficientemente
interesado como para ir hasta La Porte. Luego contaría que
aunque Belle no fuera una mujer atractiva, era un verdadero encanto.
Le hizo sentirse muy bien y pasarla estupendamente en la granja.
Belle sacó a relucir el tema de la hipoteca de la granja.
George estaba tan prendado de ella que empezó a pensar seriamente
en volver a Missouri para recoger su dinero.
Una noche, George se despertó, tras un sueño profundo.
Mirándole fijamente, a tan sólo unos centímetros
de su cara, estaba Belle. A la luz del candil, le pareció
que en la cara de Belle se dibujaba una mueca siniestra. Gritó
aterrorizado y ella salió corriendo de la habitación.
George se puso los pantalones y se marchó directamente a
la estación de ferrocarril donde tomó el primer tren
que salía para Missouri.
George Anderson fue el hombre más listo que jamás
pisó la granja de Belle Gunness. Poco después de que
se fuera, Belle les dijo a los vecinos que la joven Jennie Olsen
se había ido a California. Nadie la volvió a ver nunca
más por la granja. La viuda de Gunness empezó a llevar
una vida bastante solitaria. Hizo construir una valla de casi un
metro alrededor del patio y las contraventanas de la casa siempre
estaban cerradas. Por supuesto, durante la temporada de matanza
del cerdo, ella y su nuevo contratado, un tal Ray Lamphere, un canadiense
de origen francés, trabajaban sin parar. En abril de 1907,
otro noruego, un tal Ole Budsberg llegó de Wisconsin con
ese brillo en los ojos y 2.000 dólares en el bolsillo. No
se le volvió a ver nunca más.
Andrew K. Helgelein llegó con 3.000 dólares. El dinero
y Andy desaparecieron. Luego, Belle tuvo un problema. Ray Lamphere,
el hombre que trabajaba para ella, se enamoró de su patrona,
y no le gustaban nada todos estos hombres que llegaban a la granja.
Se pelearon y Ray hizo sus bártulos y se marchó. Empezó
a divulgar rumores espantosos sobre Belle. A Belle también
le surgió otro problema. Asle Helgelein empezó a preguntar
por su hermano Andrew, que estaba desaparecido.
Luego, antes de que empezara a complicársele la vida, el
27 de abril de 1908 por la noche, la granja Gunness se incendió
por completo. Un tal Joe Maxon, el nuevo ayudante de Belle, logró
salvar su vida. Joe había intentado despertar a Belle y a
sus hijos pero obviamente no le habían oído. Todos
estaban en la casa cuando él se fue a la cama. Los cadáveres
de las dos hijas de Belle y de su hijo Philip fueron encontrados
entre las cenizas. También se encontró el cuerpo sin
cabeza de una mujer que se suponía era Belle. Sin embargo,
la gente que la conocía, vio el cuerpo y juró que
no tenía nada que ver con las generosas proporciones de Belle.
A Lamphere se le vio marchándose de la zona de la granja
la noche del incendio.
Alguien mencionó que había extrañas hondonadas
en el terreno. Las autoridades decidieron empezar a cavar. Encontraron
cinco cadáveres el primer día, cuatro el segundo y
uno más el tercer día.
Recapitulemos: se encontraron cuatro en la casa y 10 en la parcela;
es decir, 14 cadáveres en total. Se logró identificar
a Andrew Helgelein, Jennie Olson, John Moo y Ole Budsberg. Algunos
cuerpos nunca fueron identificados. Las personas que visitaron la
granja y desaparecieron nunca volvieron a aparecer de nuevo, pero
sí se descubrieron muchos restos no identificados.
Hubo gente que juró haber visto a Belle conduciendo con otra
mujer hacia la granja la noche del incendio. La opinión generalizada
era que el cadáver sin cabeza era el de esa extraña
mujer. El doctor Ira P. Norton, un dentista que había tratado
a Belle, comunicó a las autoridades que si podían
encontrar un puente de porcelana dorada entre las cenizas, él
podría determinar si era obra suya y, por ende, identificar
a Belle.
Louis Schultz, un buscador de oro de Yukon, ofreció su ayuda.
Les dijo a las autoridades que si construían un tamiz y disponían
de suficiente agua corriente, él podría encontrar
el oro.
La policía aceptó la oferta de Louis y se construyó
el tamiz en el patio delantero de Belle. La gente iba a la granja
a ver el espectáculo. Se empezaron a vender perritos calientes
y bebidas refrescantes. La policía tuvo que acordonar la
zona. Supuestamente, un día había 6.000 personas viendo
a Louis trabajar. Al cuarto día, Schultz
encontró un trozo del puente dental. El doctor Norton dijo
que el puente era obra suya. Ray Lamphere, el canadiense de origen
francés, fue juzgado por el asesinato de Belle, resultando
absuelto porque el jurado no creía que estuviera muerta.
No obstante, fue a la cárcel por incendiarismo, y murió
allí en 1909. Antes de morir, dijo que había sido
amante de Belle y cómplice suyo y la había ayudado
a deshacerse de cadáveres de 42 víctimas, quienes
habían contribuido con cantidades entre 1.000 y 32.000 dólares
para el pago de una hipoteca ficticia. La habitación para
la matanza, que estaba en el sótano, había sido utilizada
para seccionar los cadáveres. Lamphere juró que el
cadáver sin cabeza era el de la extraña que Belle
había recogido. El dijo que tal vez ella había sido
lo suficientemente lista como para dejar su propio puente dental
entre las cenizas.
Nunca se supo el paradero de Belle. Y, en cuanto a su segundo marido,
Peter Gunness, no fue la máquina de picar la carne de las
salchichas lo que le mató. Como una de las hijas de Belle
le dijo a un compañero de su clase: "Mamá mató
a papá golpeándolo con un hacha, pero no se lo digas
a nadie". l
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