Los temidos piojos
¡Auxilio llegaron
otra vez!
Estos parásitos nunca dejan de hacer de las suyas, por más calladitos que siempre se encuentren. Intempestivamente vuelven, y es por ello que es necesario saber cómo atacarlos… O lo que es mejor: cómo prevenirlos antes de que sea demasiado tarde. María Elisa Espinosa
Nadie quiere un piojo en casa, y mucho menos en la cabeza de sus residentes.
¿Para qué negarlo?, si definitivamente
estos diminutos insectos se ubican
entre los más indeseados en una familia, especialmente si en ella hay niños
en edad preescolar con frondosas cabelleras, el principal target de estas antipáticas criaturas.
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Tan antiguos como la mismísima Humanidad (según estudios genéticos hechos
a los piojos, estos parásitos habrían surgido poco después de que el Homo Sapiens comenzara a salir de Africa), resulta poco decir que a lo largo de estos varios miles
de años se han convertido en la pesadilla de demasiadas personas.
Y no es que maten, enfermen a quienes los sufren, o sean una bomba atómica capaz de acabar con el planeta entero. Lo que sí es cierto es que fastidian como ellos solos: pican hasta más no poder (debido al poder de su intensa saliva), se reproducen como los gremlins —aunque sin necesidad de entrar en contacto con el agua— y pueden llegar a crear el mayor de los caos en cualquier jardín de infancia o colegio cuando
el primero de ellos salta de una cabeza a la del muchachito más próximo y de allí comienza una larga reproducción.
No en balde, el tema de los piojos suele figurar en las primeras circulares que se
entregan al inicio de cada año escolar, advirtiendo a padres y representantes que,
en cuanto se encienda la primera señal de alarma —¡Peligro, peligro, peligro!—
lo más prudente es que todos tomen las previsiones del caso en casa.
Democráticos de más
El nombre científico del piojo es digno material para un trabalenguas: Pediculus humanis capitis; y su manifestación se denomina pediculosis, o lo que coloquialmente se conoce como “estar cundido de piojos”… ¿O quién no ha escuchado decirlo así a una abuelita o a la propia mamá desesperada al menos una vez en su vida?
Tampoco es desconocido que la pediculosis se ubica entre las dolencias más democráticas que puedan existir, pues no discrimina entre nivel socio económico, sexo o raza; aunque hay documentación que se refiere a que son los blancos y los orientales los más propensos a padecerlos debido al cabello que tienen.
Estos exclusivos —y nunca bienvenidos— moradores del cuero cabelludo, necesitan la sangre humana para sobrevivir y, de no encontrar este alimento en un término de 24 horas, acaban muriendo. La mala noticia es que en ese ínterin pueden suceder muchas cosas: como, por ejemplo, que efectivamente consigan su comida; o, también, que el piojo femenino haya logrado procrear cientos de huevitos (conocidos también como liendras o liendres), a los cuales tan sólo le toman seis días poder convertirse en adultos.
El tamaño regular de un piojo es de 1 a 3 milímetros de largo (las liendras llegan a ser de uno); tienen una especial habilidad para meterse donde nadie los ha llamado: ropa de vestir o de cama, tejidos de asientos, sombreros… Y de allí el gran salto a la cabeza (aunque también existen aquellos que invaden territorios más reservados como el pubis, pero eso ya sería otro tema). ¿Que cómo saber si usted u otra persona cercana tienen piojos en la cabeza? Pues al sentir una picazón intempestiva e intensa en el cuero cabelludo o detrás de las orejas… Lo más seguro es que llegaron.
Para después, no sirve
Con las altísimas posibilidades de que la difusión de este parásito se concrete en un salón de clases, o en una familia numerosa, y muy especialmente en temporada de lluvias o justo al inicio del período escolar, lo primero que se recomienda para no padecerlos es la prevención. En este sentido, valgan las siguientes sugerencias:
Revisar el cabello de los niños semanalmente; tratar el cabello de manera inmediata en caso de registrarse así fuera un piojo o una liendra; no compartir peines o cepillos, como tampoco toallas, sábanas, cobijas, fundas de almohada, sombreros o ropa; además de contar con áreas separadas para guardar la ropa y el resto de los artículos personales.
Ahora bien, si ya es demasiado tarde para evitarlos,
el plan de exterminio es como sigue: trabajar en la remoción de piojos y liendras combinando el uso
de un peine especial y un tratamiento (preferiblemente recomendado por un pediatra o dermatólogo), que consiste en la utilización de algún producto con base química diseñado para este fin, generalmente disponible en las farmacias. Lo ideal es cumplir dicho tratamiento el tiempo especificado en el empaque; así como no desistir en el peinado del cabello por lo menos durante 21 días después de haberse aplicado.
Sin embargo, también están los procedimientos libres
de químicos (como el uso de aceites u otro tipo de grasa como la mayonesa),
los cuales pueden emplearse tan seguido como se necesiten, aunque
sus resultados no son exactamente lo más esperados puesto que no matan
al piojo sino, en todo caso, los hacen más lentos, facilitando por ende
su extracción al peinarlos.
Adicional a estos tratamientos, es necesario cumplir con otros pasos:
l Revisar constantemente si hay piojos en otros miembros de la familia y,
sólo en el caso de ser así, proceder a aplicar el tratamiento respectivo.
l Avisar a la escuela o guardería que su niño tiene piojos.
l Lavar con jabón y agua extra caliente (128,3° C es la temperatura ideal) todos aquellos peines o cepillos usados por la persona contagiada (es recomendable hacerlo durante 10 minutos).
l Lavar toda la ropa utilizada en los dos últimos días del tratamiento, incluye tanto la personal como la de cama, baño, etcétera.
l Pasar la aspiradora en los muebles tapizados, alfombras, cascos deportivos, asientos del carro… Luego de esto, cambiar la bolsa de la aspiradora y desecharla muy bien sellada.
l No usar aerosoles para combatir los piojos, pues pueden resultar tóxicos. l
mespinosa@eluniversal.com
Fuentes consultadas
www.metrokc.gov
www.tusalud.com.mx
www.madrescontrapiojos.com
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