
300 conquista
a la audiencia
Ya exhibido en las carteleras locales, este film, basado en una novela gráfica del mismo a utor de Sin City, Frank Miller, y que narra el enfrentamiento entre espartanos y persas en la ancestral batalla de Las Termópilas, se convirtió en todo un batacazo de taquilla en Estados Unidos. Pero antes su director, Zack Snyder, tuvo que vencer una que otra resistencia de los estudios cinematográficos gracias a su arriesgada propuesta visual. Enmar Pérez.
Los Angeles. Enviada especial
“Esta es una pelicula fantástica. No está concebida para ser precisa en cuanto a los hechos históricos que allí se relatan. Nuestro objetivo era, realmente, traer a la vida el trabajo que Frank (Miller) había plasmado en su libro, en sus dibujos… y crear una experiencia como ninguna de las que se hayan visto antes (en el cine)”, refiere de entrada Zack Snyder, el director de 300, durante un encuentro sostenido con la prensa internacional en la ciudad de Los Angeles. Y esto último, al parecer, es lo que entendieron los miles de espectadores que abarrotaron los cines estadounidenses el fin de semana de su estreno en ese país, donde la recaudación en taquilla —70,9 millones de dólares— superó con creces lo estimado por los estudios de Hollywood, que aspiraban a unos 30 millones. De su lado, el presupuesto del film ascendió hasta 60 millones de los verdes.
La pregunta es por qué los productores (Warner) habían sido tan cautelosos en cuanto al poder de esta cinta para atraer a una audiencia masiva a las salas. Pues, bien, 300 tiene todo lo que pone a temblar usualmente a Hollywood a la hora de la boletería: está basada en una novela gráfica de un autor de culto como lo es Frank Miller (Sin City), cuya exuberante estética —a la cual rinde pleistecía la película—suele resultar demasiado atrevida como para derivar en un hit comercial; fue clasificada R (para mayores de 18 años) por sus escenas de violencia y sus eróticas secuencias de sexo —lo que reduce las posibilidades de este tipo de largometrajes que suele arrastrar a un público sobre todo adolescente—; no contaba con ninguna estrella fulgurante en su elenco y, no menos atemorizante, aun siendo un cómic que fue best seller en su tiempo, no necesariamente era uno de superhéroes: 300 relata —con o sin imprecisiones— un hecho histórico sin final feliz: la legendaria batalla de las Termópilas (480 a.C.), donde un ejército de 300 corajudos guerreros, comandados por el entonces rey de Esparta, Leonidas (Gerard Butler), se enfrenta a las multitudinarias fuerzas invasoras de los persas, encabezadas por Xerxes (Rodrigo Santoro), un soberano con ínfulas de dios. Los enfrentamientos duraron unos tres días y los espartanos —hombres entrenados desde niños para la guerra— lucharon hasta fallecer (“Nosotros, los espartanos, descendemos del propio Hércules. Fuimos educados para no retroceder, para no rendirnos nunca. La muerte en el campo de batalla es la mayor gloria que podemos alcanzar en la vida”, dice, palabras más, palabras menos, Leonidas en el film).
Tal proclama, cabe especular, debe haber inspirado al propio Snyder a la hora de no cejar en su empeño por convencer a los grandes estudios de que su particular visión de 300 ameritaba ser vista en la pantalla: “Es gracioso, yo tenía toda la película ya dibujada, pero sin guión (escrito), y ningún estudio quería hacerla, simplemente no la veían —comenta el director. Por alguna razón, a menos que esté tipeado, no lo ven. Yo les decía: ¿no es mejor de esta forma?, ¡así es como va a lucir!, ¡así es como voy a filmarla! ¿Ustedes ven ese globito que está allí?, eso es lo que va a decir el actor”.
Al final, el realizador de 41 años, un curtido
y laureado director de comerciales y video-clips,
que sólo contaba en su haber con un largometraje (Dawn of the Dead), fue convocado por los productores de Warner para que llevara las riendas
de la película. Afortunadamente, expresa, corrió con mejor suerte que los espartanos ante los persas, pues no tuvo que exhalar su último suspiro en el intento por defender su cuota de libertad a la hora de realizar el film: “Un día los productores vinieron y me dijeron: ‘¿qué es lo que estás haciendo? Esto luce muy loco. Tú eres un director de comerciales, se supone que deberías estar filmando más con ese estilo”, comenta riéndose Snyder. “Yo, simplemente, respondía que esa no era la estética que estaba bien para 300.
Rendido ante Miller
Lo adecuado para el proyecto, desde el punto de vista del realizador, era conservar en esencia la propuesta de la novela gráfica de Frank Miller, quien, incluso, terminó participando en el equipo de producción del largometraje: “Lo más bello de su libro, y de cualquiera de sus creaciones, es la prosa que va de la mano con los dibujos. No son sólo las ilustraciones, hay allí toda una poesía. La manera en que él concibe la prosa es tan importante como los dibujos para mí. Yo quise preservar y rendir honor en la cinta tanto a su prosa como a su imaginería”, señala Snyder en las notas de producción.
Así las cosas, algunas tomas son casi una puesta en escena de ciertos cuadros
del cómic original y, en cuanto a la historia,
el realizador se sirve de un narrador para
contar los acontecimientos, con lo cual
consigue imprimirle un aire más poético
a lo relatado. Por otra parte, con el objetivo
de brindarle un sello particular a la estética
de la película, Snyder concibió una técnica que terminó siendo bautizada como
“the crush”. “En términos muy simples, el crush consistió en crear contrastes donde
no había muchos. Por ejemplo, si había un área de sombra, en la película se tornaba negra. Si, en cambio, lo que había era un toque de luz, en 300 se llevaba a blanco”, explica el director. Esto, en definitiva, concluyó en una manipulación del balance
de los colores que logra aportarle al largometraje un aspecto único, en medio
de una muy bien lograda fusión entre la acción real y los efectos especiales
conocidos como CGI: “Era muy importante para mí, desde el principio, que el film
no luciera como que fue hecho todo en una computadora. Quería que se sintiera
que estaba actuado por personas reales, pero a la vez deseaba que tuviera una textura muy granulada”, revela ZS. Esto, por supuesto, contó con la bendición del propio Miller. “A Frank le encanta el cine, y aunque uno podría pensar que lo que él quería ver en la pantalla era su libro, él realmente deseaba que aquello fuera una película, lo que es muy diferente”, acota el realizador, y concluye: “Desde el inicio de la filmación, Frank me dijo: ‘Mira, a mí no me parece que tú vayas a estropear las cosas. Yo te voy a respaldar ciento por ciento, pero es tu visión, es tu film. Tú eres el que tiene que hacer su trabajo día a día’. Que él confiara en mí de esa manera fue lo que me dio más seguridad y energía”. l

l El papel de Leonidas, rey de Esparta, recayó en los bien formados hombros del escosés Gerard Butler, más conocido en estos lares por haber sido el protagonista de El fantasma de la ópera. En Inglaterra es también un apreciado actor de las tablas. “Cuando me mencionaron por primera vez 300 supe que se trataría de algo fresco y diferente. Cuando conocí a Zack Snyder (el director) me di cuenta de que era una persona que podía entender perfectamente lo que requería esta historia. Podría hablar horas acerca de su inteligencia, su talento, su pasión y su calidad como persona”, señala Butler.

l La atractiva Lena Headey (Los hermanos Grimm) asume
el papel de la reina Gorgo, esposa de Leonidas, un personaje
que los realizadores prácticamente crearon para el film, pues apenas aparecía mencionado en el libro de Frank Miller.
Asimismo, fue añadido al relato el hijo de la pareja .
“Gorgo es un rol con mucho carácter. En la película ella
es el corazón y el instinto de Esparta”, expresa Headey.
l El brasileño Rodrigo Santoro (Realmente Amor)
es Xerxes, el soberano de los persas. Totalmente desprovisto de vellos y cubierto de joyas de pies a cabeza, es, quizá, la presencia más perturbadora de 300. “Xerxes es rico, arrogante, inestable y megalomaníaco. Quiere conquistar el mundo y su ambición es ilimitada. Pero debajo de todo eso es un ser débil e inseguro”, dice el guapo Santoro.

l Frank Miller quedó fascinado con los acontecimientos ocurridos en las batallas de las Termópilas tras ver el film Los 300 Espartanos (1962). Ya de adulto viajaría a Grecia, donde se empaparía de la cultura de Esparta antes de escribir su novela gráfica 300 (1998), que se convertiría en un best seller para la época.

l En el libro de Miller los personajes aparecen semidesnudos —e incluso desnudos. En el film los actores vistieron apenas un pequeño interior de cuero, sandalias y una capa, con lo que dejaban el pecho permanentemente al descubierto.
l Para lograr el estado físico que exhibe el elenco, similar a los dibujos de F.M., los actores recibieron un entrenamiento intensivo y siguieron un régimen alimentario especial durante ocho semanas antes del rodaje. Debieron prepararse haciendo énfasis en atletismo, lanzamiento y levantamiento de peso, pero usaron herramientas primitivas en lugar de máquinas.

l Las filmaciones fueron hechas
en 60 días, en Montreal, y el elenco actuaba
sus secuencias, perfectamente coreografiadas,
en frente de pantallas azules o verdes.
La postproducción se tomó un año.

l El aspecto de Xerxes, rey de Persia,
fue copiado de uno de los dibujos del propio Miller.
Su vestuario está hecho todo de metal y lleva
encima 18 tipos diferentes de joyas y 12 zarcillos.
Lejos de apegarse a las referencias históricas,
el look del personaje persigue crear impacto visual.
|
|