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revista Estampas
 
  Mujeres que corren con los lobos
Rosa Elena Pérez

Ahora paladeo sostenidamente durante estas noches frías y quietas la sabiduría de los cuentos populares de diversas culturas, así como nutro mi esencia instintiva gracias a la interpretación

que sobre estos cuentos hace la psiquiatra junguiana Clarissa Pinkola Estés, en su libro Mujeres que corren con los lobos. Ella nos entrega una visión profunda sobre la naturaleza del espíritu femenino, sus necesidades más internas, sus meandros y oquedades, sus dualidades psíquicas. Todo ello, según se observa mediante el trabajo de desmontaje que se realiza en torno a estas historias, ha quedado grabado en los viejos mitos que en nuestras sociedades han sido marginados u olvidados y, como consecuencia, apenas se rescatan como material destinado sólo a niños o a viejos, cuando en realidad a todos los miembros de nuestra especie podría darnos no sólo luces, sino la clave de aspectos fundamentales relativos al alma humana.

Así que, desde la perspectiva de Occidente, a este conjunto de anécdotas las evaluamos como un producto de un folclore prejuiciado, caduco y fantasioso, que contiene falsas creencias y, por tanto, no posee ninguna validez. Sin embargo, a medida que se avanza en la lectura e interpretación de antiguas anécdotas como Barba azul, Vasalissa, Manawee, La mujer esqueleto, La loba, El patito feo, La mariposa, Las zapatillas rojas o La llorona, entre otros tantos, nos vamos percatando de la materia hondamente sabia que entrañan tales historias, así como de las enseñanzas vitales que nos pueden dejar a estos hombres y mujeres que hoy en día somos: divorciados de nuestros instintos más básicos y confundidos por un culto a la razón totalizadora y cruel; condenados inconcientemente a una existencia inútil y banal en cuanto nos separamos de esa esencia, a la que etiquetamos como frágil e intrascendente.

Entonces podría decirse que uno de los propósitos del libro es hacernos ver la importancia medular y el insustituible poder que la intuición posee en el desarrollo de una vida humana. Lo indispensable que resulta para las personas en general, y para las mujeres en especial, escuchar esa voz interior que todos tenemos y que nos indica, sin ningún razonamiento, el camino que hay que escoger, las decisiones que hay que tomar en las distintas encrucijadas que nos plantea la experiencia.

Uno de los aspectos que aborda la autora, a partir del análisis del cuento ruso Vasalissa, es el relativo a la enseñanza que las mujeres recibimos respecto al manejo amable y complaciente que la cultura dicta debemos tener frente a las personas que nos rodean. Sobre este tema Pinkola afirma: “Esta exagerada amabilidad y este afán de acomodarse a los deseos de los demás suelen producirse cuando las mujeres temen desesperadamente ser privadas de sus derechos o ser consideradas ‘innecesarias’”. Sin embargo, agrega: “Muchas mujeres se están recuperando de sus complejos de ‘amabilidad desmesurada’, en los que, cualesquiera que fueran sus sentimientos y quienquiera que las atacara, ellas reaccionaban con una dulzura rayana en la adulación. Pero, aunque de día sonrieran amablemente, de noche enseñaban los dientes como fieras…”.

Una de las historias más hermosas contenidas en esta publicación es la de La mujer esqueleto. Este es un relato reconstruido a partir de un poema inuit, donde se muestran simbólicamente las distintas etapas que los amantes deben atravesar para convertirse en parejas sólidas y estables: “…el amor no significa un coqueteo o una búsqueda con el simple propósito de complacer el ego, sino un vínculo visible formado por el tendón psíquico de la resistencia, una unión que perdura en la prosperidad y en la austeridad, a lo largo de los días y noches más complicados y más sencillos”. Igualmente en este cuento también se expresa la idea de que para formar una relación amorosa duradera hay que aceptar a la muerte dentro de ella, en el sentido de que la existencia humana consiste en ciclos de Vida/Muerte/Vida, en los que nuestro espíritu sabe cuándo algo tiene que nacer y cuándo tiene que morir. “Los poetas comprenden que todo carece de valor sin la muerte. Sin la muerte no hay lecciones, sin la muerte no hay oscuridad sobre la cual pueda destacar el fulgor del diamante”, señala la autora.

Sigo saboreando el sentido fundamental de las páginas de esta obra en los ratos libres que mi cotidianidad me obsequia, al tiempo que aspiro haber entusiasmado a mis lectores con esta obra extraordinaria desde el punto de vista psicológico, literario, antropológico y, sobre todo, desde el punto de vista humano. De manera que, corramos con los lobos.
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Rosa Elena Pérez Mendoza

 


 
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