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Entretenimiento
A gozar un mundo
Tiempo libre, ocio, entretenimiento...
muchos se preguntarán por qué un apartado para
estas nociones, cuando hay tantos otros aspectos del quehacer
humano que bien ameritan especial atención y, mucho
más, convocatoria de ideas. Quienes así piensan
con seguridad no ven el verdadero significado que estas palabras
tienen en el desarrollo integral del ser humano. El binomio
Trabajo-Ocio conforma una relación tipo Yin y Yang.
No puede descuidarse uno sin que sufra el otro. Es tan necesario
cultivar el primero, como el segundo. Quizás es que
no se tenga muy claro qué es el ocio. Las definiciones
dadas por algunos teóricos pueden ser útiles
para aclararlo. No tema: no habrá lugar para pesadas
argumentaciones, pues no es ese el espíritu que anima
esta introducción (ni este Aniversario). Una del pensador
Joffre Dumazedier es muy precisa: “Es el conjunto de
ocupaciones a las que el individuo puede entregarse con pleno
consentimiento, ya sea para descansar, o para desarrollar
su formación desinteresada, su voluntaria participación
social o su libre capacidad creadora, cuando se ha liberado
de todas sus obligaciones profesionales, familiares y sociales”.
Otra, del también teórico Josué Llull
Peñalba, la complementa: “El ocio es el empleo
positivo, cultural, activo y comprometido con aquello que
pueda llegar a enriquecer al individuo durante su tiempo libre”.
Entendido así, resalta su importancia, pues, como también
lo explica Dumazedier: “El ocio protege del desgaste
y tensiones de las obligaciones cotidianas; puede ser un factor
de equilibrio y un medio para soportar las coacciones de la
vida social”. Un enfoque denominado Educación
del Ocio, va más allá: “Es un área
de la experiencia humana, un recurso para el desarrollo personal,
una fuente de salud y de prevención de enfermedades
físicas o mentales, un derecho humano que puede y debe
darse una vez cubiertas las necesidades básicas del
individuo y un indicador de la calidad de vida”.
Con la claridad que aportan estas definiciones,
puede hablarse de lo que quizás sea más relevante
en torno al ocio y al entretenimiento; este último,
en sentido riguroso, la manera de aprovechamiento del ocio
más extendida en la sociedad contemporánea,
pues es aquella que se sitúa al nivel de la distracción,
el pasatiempo, la diversión, y comprende hobbies
o aficiones -hay otras formas de aprovechar el ocio, pero
no es momento de hablar de ello-. Lo importante, entonces,
es que el ocio, en lo individual, sea fuente de desarrollo
personal, incremente la capacidad de elección y toma
de decisiones, fomente la capacidad creativa y sea una vía
de expresión personal. Algunos críticos han
alertado que el hecho de disfrutar de mayor tiempo libre,
y de más fuentes de entretenimiento, no garantiza que
de tal forma se obtenga mayor libertad, “pues se ha
creado toda una industria de la recreación; se ha convertido
en un negocio”.
Y en uno enorme, como bien lo dicen
Ira Matathia y Marian Salzman en su libro Tendencias...,
“no sólo por el dinero que mueve sino también
por la influencia sobre la forma como se concibe la vida actualmente”.
También por la manera en que las nuevas tecnologías
lo están cambiando, que afecta desde las diferentes
formas como se puede ver una película hasta el modo
en que se participa en los deportes o se elige un lugar para
ir de vacaciones.
Las voces convocadas para este trabajo
hablan desde una experiencia más cercana, pero aluden,
quizás de manera indirecta, a los problemas aquí
mencionados. Quieren mejor televisión, CD’s más
baratos, acceso a buenas películas, contacto con la
naturaleza, en fin, una mejor manera de aprovechar el tiempo
libre y de darle, al ocio, su verdadera importancia, como
dimensión básica de la vida cotidiana de las
personas. No es en juego...
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