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Tras las puertas cerradas

Si va a involucrarse en un asesinato, no le cuente a nadie de antemano
Max Haines

Dos personas entran en una habitación. Una sale. La otra yace muerta, despatarrada sobre la cama. ¿Qué ocurrió tras las puertas cerradas? Sólo una persona viva sabe, y esa persona puede decir cualquier cosa para escapar al castigo.

Bernadette Powell nació en Binghampton, Nueva York, en 1951. Sus primeros años los pasó con su abandonada madre cerca de Johnson City. Bernadette era inteligente para la escuela y se rebelaba ante el trato de una estudiante de segunda clase por ser negra. Ansiaba una carrera en periodismo. Luego conoció a Hermie Smith y las cosas nunca volverían a ser las mismas. Bernadette se enamoró de Hermie, quien, a su manera, amaba a la chica. Pronto, la niña enamorada descubrió que estaba embarazada. Su familia la envió a un hogar de madres solteras. Bernadette, de diecisiete años, tuvo a su bebé y, voluntariamente, lo entregó para que fuera adoptado.

En 1971, Bernadette se graduó de la escuela secundaria. Todo ese tiempo continuó viendo a Hermie. Quedó embarazada dos veces más, pero siempre lograba manejar la situación para abortar. Finalmente, los amantes se escaparon a Pensilvania donde se casaron legalmente.

Hermie, un mecánico bastante bueno, abrió una tienda de reacondicionamiento. Los Smith compraron una casa modesta, pero confortable, en los suburbios. Bernadette dio a luz a un bebé saludable. Sin duda, los Smith habían vencido al sistema se zafaron, ascendieron. Pero la ilusión de una buena vida no duró mucho. El negocio de Hermie no prosperó. Con el estrés económico apareció el abuso. Hermie golpeaba a Bernadette. Una vez la agarró entre una escalera plegable. En otra ocasión, la encerró en el baúl del carro.

Para 1974, Bernadette ya había tenido suficiente. Contrató a un abogado y consiguió una orden de la corte para que Hermie no pudiera molestarla más físicamente. La orden no funcionó. Hermie continuó abusando de su esposa. Incluso destrozó la casa con un martillo y atacó al policía que había sido llamado para calmar la situación. En 1977, el matrimonio que había mostrado tantas promesas terminó en divorcio.

Bernadette, sin apoyo financiero, se vio forzada a dejar la casa y mudarse a un apartamento. Ella y su pequeño hijo subsistieron gracias a la ayuda social durante algunos meses antes de que Bernadette obtuviera un empleo con IBM en Owego.
Fue duro el comenzar desde cero. Bernadette se vio enfrentada con el problema práctico de hacerse cargo de su hijo mientras ella trabajaba. Conoció a algunas niñeras y lugares de cuidados diurnos, pero se dio cuenta de que era financieramente prohibitivo. Para aliviar su inmediato problema, envió a su hijo a visitar a su padre. Hermie pudo haber cometido sus errores, pero amaba a su hijo y disfrutaba de sus visitas periódicas. De todas formas, las visitas interferían de alguna manera con su vida social, la cual era sexualmente activa. A Hermie también le gustaba beber vino durante gran parte del día.

El 9 de julio de 1978, Bernadette fue a recoger a su hijo. Hermie acompañó a su esposa y a su hijo al Holiday Inn afuera de Ithaca, Nueva York. Hermie se acercó al escritorio de registro solo y chequeó a su familia en la habitación 253. Eran las ocho de la mañana. Hermie explicó que tal vez se irían al final del día.

Los Smith caminaron hasta la habitación 253. El pequeño niño se durmió en seguida. Hermie nunca abandonaría la habitación con vida.

¿Qué ocurrió tras las puertas cerradas? La quieta mañana se quebró con los gritos de Bernadette saliendo en carrera de la habitación pidiendo ayuda. El auditor Dorlyn Brown corrió hasta la habitación 253 con Bernadette. En la cama yacía Hermie Smith, totalmente vestido excepto por sus zapatos. Cerca de sus rodillas había un revólver calibre 22. Había un pequeño agujero en su pecho. Estaba bien muerto.

Bernadette contó su historia. Hemie insistía en llevarla a ella y a su hijo a su casa en el camión. De todas formas, cuando llegaron a su apartamento, siguió hacia Ithaca, al Holiday Inn. Cuando él salió del camión para registrase en el hotel, le dijo a Bernadette que no tratara de escapar porque "no puedes correr lo suficientemente rápido como para escaparle a un arma".

Entraron en la habitación 253. Hermie puso a su hijo en la cama, primero. Los dos adultos hablaron. Hermie estaba furioso con la situación que existía entre ellos. Sacudía su revólver mientras hablaba, ordenándole a Bernadette que se acostara totalmente vestida en la cama. Hermie se acostó a su lado luego de quitarse los zapatos. Metió el revolver debajo de su cinturón, cerca de su estómago. El mango quedaba expuesto.

Luego, giró y se quedó dormido, despertándose cada unos cuantos minutos para mirar a Bernadette antes de adormilarse.

Ella esperó alrededor de 20 minutos antes de estirarse por encima de su ex marido y extraer lentamente el arma de su cinto. Justo entonces, Hermie se despertó y se enderezó. El arma rugió. El murmuró: "Bernadette, sabes que te amo", y cayó hacia atrás en la almohada, muerto.

La misma tarde, Bernadette fue acusada de asesinato. Ella dijo que le disparó a su marido mientras trataba de ganar control sobre el revólver luego de haber sido secuestrada. A los pocos días, los conocidos de Hermie se presentaron con la información alarmante de que Hermie les había dicho que su mujer iba a matarlo.
Lo más alarmante de todo fue un llamado anónimo hecho a la policía por una mujer, diciéndole que Bernadette había planeado durante meses matar a Hermie. La mujer le dijo a la policía que Bernadette había comprado un revólver calibre 22 a un tal Al Smith. La compra tuvo lugar en el apartamento de Diane Nelson. Más allá de la poca fiabilidad de una información anónima, este llamado en particular fue tomado seriamente. Sólo un pequeño grupo de oficiales sabía que Smith había sido asesinado con un tiro de un arma de calibre 22. Esta información había sido ocultada a los periódicos.

Diane Nelson fue localizada. Le dijo a los investigadores que había escuchado varias veces sobre el hecho de que Bernadette quería matar a Hermie. Bernadette estaba furiosa con Hermie por que este andaba con otras mujeres. También había enfurecido cuando descubrió que su ex marido y sus amigos fumaban droga en presencia de su hijo.

Bernadette había comprado el arma a Al Smith en el apartamento de Diane. Smith y Bernadette se habían ido a un cuarto para realizar la transacción cuando el arma fue descargada accidentalmente. Otros presentes en el apartamento en ese momento, Lisa Johnson y David Brown, verificaron el testimonio de Diane diciendo haber oído el tiro.

Al Smith fue interrogado. Era un hombre casado con tres niños y un buen empleo. A pesar de que no quería quedar enredado en la confusión del asesinato, admitió a regañadientes haber vendido el revólver a Bernadette. Explicó que su cuñado le había dado el arma cinco años antes. Siempre había planeado venderlo. Cuando Bernadette le preguntó cómo podría obtener ella un revólver, él le ofreció la 22. La venta fue hecha en el apartamento de Diane Nelson por 75 dólares. Smith compró una caja de balas, la cual incluyó sin costo, en el paquete. Su historia fue verificada. El nombre de Smith y su licencia de conducir fueron grabados en la tienda donde compró las balas.

El 15 de julio de 1978, Bernadette salió bajo fianza por el cargo de homicidio involuntario y fue arrestada por asesinato premeditado. Ocho meses más tarde, fue a juicio. En el ínterin, sus abogados le habían dado la oportunidad de declararse culpable, pero Bernadette no quería saber nada al respecto. Ella dijo que era completamente inocente del asesinato y que había matado a Hermie accidentalmente mientras trataba de escapar del secuestro.

¿Y qué había de la fuerte evidencia de Diane Nelson y Al Smith? Bernadette dijo que no podía entender la forma en que estaban mintiendo. Sólo ella sabía lo que había ocurrido detrás de las puertas cerradas de la habitación 253. ¿Había matado accidentalmente a Hermie o había intentado matarle?

Bernadette Powell fue hallada culpable de asesinato en segundo grado. Recibió una sentencia mínima por su delito: 15 años en prisión sin posibilidad de libertad condicional. l

Ilustraciones: David Márquez

 
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