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Colectivo
Todos por este mundo
"Formamos parte de un planeta
común, pequeño, finito, interdependiente y amenazado,
por primera vez en su historia, por nosotros mismos, de destrucción
nuclear o ambiental... el mundo necesita un significativo
cambio de rumbo para asegurar la supervivencia de la humanidad”.
Así se lee en El Compromiso
de Barcelona, un documento que recogió el clamor de
todos los asistentes -provenientes de más de 180 países-,
al Primer Forum Universal de las Culturas, evento realizado
para emprender acciones a favor de un mundo mejor, y que finalizó
en septiembre -después de 141 días de
deliberaciones-, en la bella capital catalana. La frase,
aunque obvia, permanece en la conciencia, quizás por
ello mismo. Un mundo mejor no puede concebirse sin el reconocimiento
del otro y, por ende, del bienestar de los demás...
del colectivo. El planeta es pequeño, es cierto, y
lo es mucho más un continente, un país, la ciudad,
el vecindario... múltiples mundos contenidos en uno
solo, y en los que cada acción -sea negativa
o positiva-, termina por afectarlo todo... al otro y
a sí mismo.
No es de extrañar, entonces,
que hayan sido la pobreza -que afecta a más de
mil millones de seres-, la guerra, la negación
de los derechos humanos, la explotación de las personas,
en especial de los niños, la marginación de
las mujeres,
la censura y la impunidad, las primeras realidades que los
representantes de todas partes del mundo rechazaron en este
primer encuentro que promete tener continuidad en Monterrey,
dentro de tres años. Tampoco, que las principales propuestas
varíen desde la defensa de la dignidad humana, “entendida
como el derecho de todo ser humano a acceder a unas condiciones
de vida -alimentación, vivienda, sanidad, educación,
trabajo-, dignas, hasta la vigilancia por los derechos
humanos, pasando por la defensa, también, del diálogo
y la negociación como principio regulador de las relaciones
entre países, comunidades y personas”. Sobre
este último punto, de especial interés para
los venezolanos, conviene citar literalmente las frases contenidas
en el documento: “Aceptamos la diferencia, la confrontación
y el conflicto entre intereses distintos y legítimos,
pero defendemos que el mundo, sus gobernantes y ciudadanos,
aspiren a resolver los desencuentros a través de la
negociación y el acuerdo. La paz se construye. La paz
se edifica a través de políticas de prevención,
se aprende, se articula desde la reconciliación entre
contrarios. La paz es una realidad que hay que reconstruir
día a día; los progresivos cambios para llegar
a ella hay que provocarlos”.
Tampoco resultó gratuito
que en ese evento, orientado hacia la consecución de
un mundo mejor, se hayan apoyado con fervor las siete metas
internacionales de desarrollo de las Naciones Unidas, contenidas
en el informe Un mundo mejor para todos, especie de
lista de asignaturas pendientes que todos los países
se han comprometido a cursar y aprobar, referidas casi exclusivamente
a la superación de la pobreza y que dan una buena idea
de lo que más preocupa cuando se trata del bien colectivo.
Un rápido vistazo revela las prioridades:
1
Reducir a la mitad, cuando se llegue al año 2015, la
proporción de las personas que viven en pobreza extrema.
2
Matricular a todos los niños en la escuela primaria
para ese mismo año.
3
Avanzar hacia la igualdad entre los géneros y dar poder
a la mujer, eliminando las disparidades en la enseñanza
primaria y secundaria para 2005.
4
Reducir la tasa de mortalidad infantil en dos terceras partes,
también para 2015.
5
Reducir la mortalidad materna en tres cuartas partes.
6
Dar acceso a servicios de salud reproductiva a quienes lo
necesiten.
7 Poner en práctica para
2005 estrategias nacionales de desarrollo sostenible a fin
de revertir para 2015 la pérdida de recursos ecológicos.
Muchos, al leer estos planteamientos,
se mostrarán incrédulos, y no les faltará
razón. Cansados deben estar de buenas intenciones y
de pocos resultados. Lo cierto es que nada se logrará
sin esfuerzo. Uno enorme. Como bien lo dicen en la propia
presentación del informe de las NN.UU.:
“Las condiciones del éxito
son, ante todo, unas voces más elocuentes que hablen
a favor de los pobres y estabilidad y crecimiento económico
que beneficie a todos”.
Curiosamente, en las respuestas del transeúnte, del
ama de casa, del estudiante, del profesional, retumbaban las
mismas preocupaciones antes descritas, y que conforman tanto
formal documento aquí presentado, elaborado por quienes
tienen puestos de liderazgo en este mundo. Trabajo, educación,
tolerancia, convivencia, ingresos para poder comer. Quizás,
como bien lo ha dicho el pensador Jordi Serra, el futuro no
puede predecirse con exactitud, pero sí se puede imaginar
el mañana preferido... y siempre queda la esperanza
de que sea éste -de todos los futuros posibles el dibujado
por estas ideas-, el que, finalmente, se transforme en presente.
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